
Menem quiso darle "aires de Primer Mundo"
De la Rúa no hizo modificaciones
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Todos dejan su huella. El paso de los presidentes argentinos por Balcarce 50 puede registrarse husmeando en los salones, despachos y alrededores de la sede del poder.
Fue durante las dos gestiones de Carlos Menem cuando la Casa Rosada sufrió las modificaciones más profundas. En 1991, una refacción y redecoración integral del despacho presidencial, que incluyó paredes de colores celestes, pisos de roble, un escritorio francés, platería rioplatense y una mesa de cristal, le permitió al riojano sentirse como un verdadero "presidente del Primer Mundo", frase que se usó para justificar la reforma.
Desde 1997 en adelante, se proyectó una remodelación calculada en 31 millones de pesos, que le dio nuevos aires al tradicional Salón Blanco. Ese año se trabajó a sol y sombra para que todo luciera perfecto ante la llegada del entonces presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton. Se modificaron el salón comedor para funcionarios y empleados y se cambiaron cielos rasos, mamposterías, muebles, vidrios y pintura.
Además, sobre el final de su mandato, Menem ordenó cambiarle la cara a la Casa Rosada: ordenó pintarla de un rosa fuerte, que le devolviera el tono que eligió Domingo Faustino Sarmiento en 1873.
Por falta de tiempo o por desinterés, el paso de Fernando de la Rúa no dejó evidencias ni dentro ni fuera de la casa. En cambio, a poco de llegar a la vicepresidencia de la Nación, en 2003, Daniel Scioli invirtió 7000 pesos -íntegramente de su peculio, según informó- para refaccionar su despacho, el mismo que usó Eva Perón.





