Miedos, reproches y la urgencia de Macri por revivir el optimismo

Martín Rodríguez Yebra
El Gobierno empieza a sentir los efectos de la incertidumbre electoral; Vidal y Rodríguez Larreta han vuelto a sentarse a la mesa principal de las decisiones políticas
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31 de marzo de 2019  

La pesadilla de una derrota posible empieza a impactar amargamente en el ánimo de la dirigencia oficialista. Aun en el tránsito sombrío por la crisis, la certeza de que Mauricio Macri ganaría la reelección subsistía hasta hace pocos días como el hilo invisible que unía a esa alianza cruzada por las contradicciones que es Cambiemos .

El presagio del triunfo inevitable se difumina a medida que pasan los meses y no aparecen los signos de mejora que anticipaba el Gobierno, con la inestabilidad recurrente del precio del dólar como ruido de fondo.

Macri enfrenta un problema de confianza en su palabra después de una cadena de pronósticos fallidos. Tiene que convencer a una sociedad que mayoritariamente creyó en él de que el sacrificio que impone el plan económico traerá un progreso palpable en un plazo cercano. Y, a la vez, debe combatir el derrotismo entre la tropa propia. "Es hora de que dejen de quejarse y haga cada uno lo que le toca para asegurar que ganemos", fue el reto que se llevó un dirigente radical que vio al Presidente la última semana.

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El jefe de Gabinete, Marcos Peña , suele repetir que "el partido va 0 a 0 y se juega dentro de varios meses". Pide que nadie se deje arrastrar por encuestas que exhiben el deterioro de la imagen de Macri y lo sitúan incluso en riesgo de perder un ballottage con Cristina Kirchner, algo impensado hasta hace poco. Dirigentes de Cambiemos que han hablado con Macri estos días lo describen más irascible de lo normal. Lo fastidia lo que percibe como "falta de compromiso" de una parte de sus aliados. De los radicales, pero también de no pocos Pro puros. Rezonga por los reproches internos que empiezan a escalar, con alguna reminiscencia -todavía- lejana con los días de septiembre que terminaron en la reestructuración a medias del Gabinete.

María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta han vuelto a sentarse a la mesa principal de las decisiones políticas. En el entorno de ellos, son crecientes las expresiones críticas de la estrategia de comunicación del Gobierno y la falta de reacción de la economía. Peña y el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne , aparecen a menudo en el blanco.

Incluir a Vidal y a Larreta en el plan de campaña resulta ineludible para Macri. Los dos tuvieron que traicionar sus instintos de supervivencia, que recomendaban anticipar las elecciones en Buenos Aires y la Capital. Se espera de ambos -sobre todo de Vidal- que ayuden a levantar al Presidente en las elecciones unificadas. Aceptado el sacrificio, y ante el panorama adverso de la economía, exigen voz y voto en el comando de campaña.

Vidal empezó a delinear su proyecto en el "retiro espiritual" con su equipo de este fin de semana en Chapadmalal. Pidió "foco" y no dejarse llevar por versiones. Obvia alusión a las constantes insinuaciones del "plan V", como se llama a la hipótesis extrema de que Macri delegue en ella la candidatura presidencial.

Los números que analizan en la provincia muestran a Vidal muy por encima de cualquiera de sus competidores si se votara exclusivamente quién debiera ser el próximo gobernador. Pero en la vida real tendrá que competir con la boleta pegada a la presidencial y sin el colchón de un ballottage. Un voto menos que su rival la saca del poder. Con Macri muy golpeado en su imagen en el conurbano y las dudas sobre cómo actuará la oposición, reina la incertidumbre. Ya no hay margen ni tiempo para repensar un anticipo electoral, insisten en La Plata, por más que algunos dirigentes vuelvan a la carga con la idea. "María Eugenia lo tiene que empujar hacia arriba a Mauricio. Esa es la única estrategia válida. El resto es fantasía", señala uno de sus allegados.

La relación entre el Presidente y la gobernadora tuvo que superar otro escollo a raíz del supuesto espionaje sobre la vida privada de ella, revelado durante la investigación contra el falso abogado Marcelo D'Alessio. Por pedido de Macri, el jefe de la AFI, Gustavo Arribas, debió convencer a Vidal de que desistiera de presentar una denuncia judicial sobre el tema.

"La agenda institucional es la última línea de defensa. Hace falta una reacción más fuerte sobre este tema", rezonga un ministro bonaerense que admite -pese al silencio público de Vidal- la incomodidad por la actitud del Gobierno a partir del caso D'Alessio.

Cifras oscuras

El objetivo inmediato de Macri es transmitir optimismo a su equipo. Es una tarea difícil: le funcionó el 1º de marzo en el discurso ante la Asamblea Legislativa, con ese tono enfático, belicoso con los kirchneristas. Aquel día dijo que el país "está mejor parado hacia el futuro" que en 2015. El drama es que el mes que siguió fue una película de cifras oscuras: caída de empleo récord, la inflación que sigue sin detenerse, pobreza a 32%... y encima el dólar, que por poco llega a $45. La frustración por los resultados que no llegan empieza a enturbiar el mensaje presidencial. El tono impetuoso abrió paso a frases que en sectores del Gobierno consideran contraproducentes, como ese "la gente tiene que aguantar" que pronunció el miércoles.

Le hablaba a algo más específico que "la gente": a los dirigentes de Cambiemos y a los muchos empresarios que reclaman alguna acción por fuera del plan acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Más allá de los ajustes que hizo el Banco Central y que frenaron la devaluación del peso en las últimas dos jornadas de mercados, Macri, Peña y Dujovne insisten en que tienen las herramientas para controlar el tipo de cambio. Que hay que saber resistir la tentación de meter mano en una maquinaria que funciona.

La liquidación paulatina de los productores del campo y el inicio a mediados de abril del sistema de subastas de dólares pactado con el FMI dará previsibilidad, insisten en la Casa Rosada. Y el salto de las últimas semanas de $40 a $43/44 -añaden- en definitiva no debería ser grave porque recoge el aumento de la inflación del primer trimestre. Los próximos 15 días -hasta que entren los dólares- representan una prueba de carácter para el Gobierno en su angustiosa pulseada con los mercados.

En el Gobierno tienen claro que la estabilidad cambiaria es una condición sine que non para la reelección de Macri. Pero no es la única. Necesita exhibir un repunte en la actividad económica, aunque sea solo en algunos sectores. "Antes de las PASO de agosto va a haber indicios de vitalidad", repiten en la cercanía del Presidente. Son palabras prohibidas en público, en la saga maldita del "segundo semestre". Dentro de Cambiemos se entiende como un mensaje de apoyo incondicional a Peña y a Dujovne, los dos pilares del Gobierno.

La tercera condición necesaria para el plan reelección consiste en que Cristina Kirchner confirme su candidatura. Ella manda señales contradictorias a diario, mientras espera que las penurias económicas la rediman de su propio fracaso.

Macri no cede en la convicción de que la expresidenta estará en la boleta presidencial. Insiste en que ella representa a un sector de la sociedad y que la "grieta" no es una invención política, sino un reflejo de la Argentina actual. Su presencia impide la unidad peronista, que sería la suma de todos los miedos del oficialismo.

El escenario hoy de las encuestas en las que cree el Gobierno muestra una foto parecida a la de 2015. Dos bloques cercanos a un tercio de los votos -macrismo y kirchnerismo-, más un peronismo alternativo (Lavagna, Massa, Urtubey) que no despega del 20%. Es la foto que sostiene la fe oficialista en un triunfo. También la paradoja amarga de un proyecto político nacido para provocar un cambio de raíz.

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