Milei y el fantasma de Massa
El caso de corrupción en torno al dólar barato y el caso de las SIRA, ¿se convertirán finalmente en el legado massista de la historia?
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Un fantasma recorre los pasillos del poder en la Argentina, y cada vez toma más forma: ayer un nuevo hecho volvió a poner sobre la mesa la figura de Sergio Massa que, desde las sombras, sigue influyendo, y operando, con eficiencia sobre la estructura de poder argentino. Impacta, incluso, en la gestión de Javier Milei.
Gobernar es explicar, explicar, explicar, decía el brasileño Fernando Henrique Cardoso. Milei le da su propia impronta a ese principio. Para explicar, nada más eficiente que una pedagogía política que logre dividir el mundo en amigos y enemigos: el kirchnerismo ya mostró su eficiencia.
Con el potencial de Cristina Kirchner alicaído como némesis perfecta, primero “Chiqui” Tapia y ahora Paolo Rocca, el líder del Grupo Techint, vienen como anillo al dedo mileísta. Son los enemigos imaginarios necesarios para la visión libertaria: los elegidos para dar batallas tan simbólicas como concretas en torno al orden macroeconómico, material y social de la Argentina. Sobre ambos frentes, se extiende la sombra ominosa de Massa.
A ese enemigo, Milei todavía no le coloca el cascabel en la misma escala que lo viene haciendo con los otros. Todavía no llega al centro feroz de su narrativa política. Es uno de los “¿por qué?” que pesan con más insistencia sobre la gestión mileísta. El otro “¿por qué” es la consideración con la que trata al régimen de Tierra del Fuego, que todavía no encuentra respuesta.
Ayer, la renuncia de Marco Lavagna como responsable del Indec trajo otra vez versiones en torno a Massa, por el vínculo histórico político de Lavagna hijo con el ex ministro de Economía. La militancia libertaria le imputó ese pasado, aunque no sea la causa relevante de la renuncia. Massa siempre está, aunque sea como sospecha.
¿Todos los caminos conducen a Massa?
De Tapia y la estructura oscura de la AFA al conflicto Milei-Techint, con eje en un debate estructural de la Argentina sobre proteccionismo vs libre mercado, Massa adquiere un rol cada vez más clave. Por un lado, en diciembre, la sombra de Massa reapareció con un contorno más oscuro todavía en el caso Chiqui Tapia, cuando la justicia empezó a investigar a Javier Faroni, que de productor teatral saltó a la política, directo a la Legislatura bonaerense, de la mano de Massa, con quien mantiene una amistad. La duda quedó planteada: ¿cuál es el rol de Massa en los negocios de la AFA de Tapia? “Faroni es Massa”, afirma sin dudar una fuente que conoce los pasillos de la AFA al dedillo.
Por otro lado, la semana pasada, el enfrentamiento entre Milei y Paolo Rocca, el líder del Grupo Techint, trajo otra vez el recuerdo de Massa en la conservación social. En ese debate que genera tanto interés en un círculo rojo ampliado, y que inclusive se generalizó hasta encabezar la tendencia en X, Massa tiene su lugar estelar: resulta sinónimo de economía cerrada, con todos sus vicios de discrecionalidad, beneficios para algunos, tan indebidos como judiciables, y externalidades negativas para la mayoría.
El nombre de Massa se coló en el debate en torno a la licitación de los tubos de acero para Vaca Muerta. Las redes sociales le facturaron a Rocca su elogio a Massa en diciembre de 2022 y viralizaron un video: “Le quiero agradecer muy especialmente a Sergio, más allá que estemos o no de acuerdo en todas las medidas que vaya a tomar o haya tomado. Quiero reconocer el extraordinario esfuerzo que está haciendo desde la posición de ministro de Economía”, dijo el CEO de Techint y pidió “un aplauso” para Massa al auditorio del clásico encuentro de Propymes organizado por el Grupo Techint. Un año después, en diciembre de 2023, Rocca hizo su autocrítica: “Me equivoqué, ahora se los pido para Guillermo Francos”, le dijo al mismo auditorio, y expresó su acuerdo con “el reset” de Milei. Anticipó entonces los riesgos de ese reset y la necesidad de hacerlo con contención social y consenso.
La sospecha Massa tiene mayor alcance todavía. Desde el año pasado, hay indicios judiciales que conectan la causa AFA con la del dólar oficial, el rulo y el Banco Central durante la gestión económica de Massa. Esa matriz de corrupción es hermana de otro agujero negro del massismo al frente de la Economía, un presunto sistema de coimas con eje en las SIRA para acceder de manera ilegal al dólar oficial, el “dólar barato”, en pleno cepo.
Milei y el riesgo de “hacer una de más”
Todo confluye al fin: Massa lo hizo. El nombre del exministro de Economía de la última gestión kirchnerista reaparece en la línea de puntos que va del capitalismo de amigos, ya cuestionable, hecho de políticas pro empresarios protegidos, a Tapia y el capitalismo de mafias, condenable sin vueltas. Y todavía más allá: las maniobras pergeñadas desde el Banco Central gestión Massa-Pesce como el horizonte final que daría sentido a ese recorrido habilitado desde la gestión económica: la macro Massa y el dólar barato como la oportunidad para la opacidad, e inclusive, la corrupción.
En una sola maniobra narrativa, Milei puede entrelazar variantes del relato anti casta, existencial para su identidad política: la narrativa de la casta futbolera anti libre mercado futbolístico, que se opone a las SAD, y es investigada por su conexión con la maniobra del dólar oficial; la narrativa del capitalismo de amigos de siempre, y Massa como el principal amigo estatal; y la narrativa de la macro racional, anti discrecionalidad política y anticorrupción. La justicia investiga y los hechos empiezan a dar indicios cada vez más claros de esa conexión.
Por eso es innecesario, y políticamente discutible, la lógica del dúo Milei-Sturzenegger, cada vez más recargados. El riesgo es “hacer una de más”: en la vocación de querer tener razón, el peligro es perder base de apoyo electoral y político, inclusive entre las corporaciones con mayor poder de agenda de la Argentina. Al cuestionamiento a la matriz proteccionista argentina le sobran argumentos: tiene más apoyo que el tono político que desemboca en el “Don Chatarrín” destinado a Rocca. Lo más interesante del debate sobre la necesidad de ingresar al libre mercado queda opacado por ese exabrupto.
Por supuesto que para Milei esa agresividad es una necesidad política: en su lógica, correr la cancha al límite es la manera de dar una señal a actores del poder político y económico que han tenido el poder mucho tiempo que Milei. En su modus operandi, la falta de compostura política es su manera de disciplinar al empresariado.
No fue Massa
Ayer, la renuncia de Marco Lavagna a la conducción del Indec volvió a poner el nombre de Massa sobre la mesa. Las primeras versiones que explicaban las causas de su alejamiento destacaron las diferencias en torno a la fecha de lanzamiento del nuevo cálculo del IPC, a tensiones con el ministro de Economía Luis Caputo, y en tercero o cuarto lugar, el vínculo político histórico entre Lavagna hijo y Massa, que sumaba un frente conflictivo a la tirantez que habría entre Lavagna y el Poder Ejecutivo. Con el correr de las horas, el mismo Caputo achicó el margen de interpretación y dio la razón oficial: la decisión de postergar, sin fecha cierta, el nuevo cálculo del IPC, muy esperado por ser más realista que la fórmula actual. Por supuesto, se disparó el debate.
El mismo kirchnerismo se subió a una curiosa ola de purismo estadístico, y acusó al Gobierno de un uso político de la estadística del Indec. “Si el kirchnerismo y su intervención al Indec no hubiera existido, esto no sería una noticia. Es un tema muy técnico”, dijo una fuente independiente conocedora del tema Indec. Se refería a la intervención del Indec perpetrada por Guillermo Moreno durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner: fue esa gestión la que abrió la puerta a la política de la discrecionalidad extrema, hasta la falsedad, en el manejo de las estadísticas y la desconfianza pública consecuente.
Para algunos más críticos, pero independientes del kirchnerismo, sería “morenismo” por otros medios. “Una vergüenza y un tiro en el pie”, según el experto en estadística Leonardo Tornarolli. Se trataría de una injerencia discrecional y política de tinte “morenista”, por Guillermo Moreno, que perpetró la falsedad del IPC durante el kirchnerismo. Para los massistas duros, Lavagna fue un problema, pero por el motivo contrario: le imputan dibujar la inflación en favor del Gobierno. Ponen en duda la estadística oficial en relación a la economía real, que aseguran está peor que lo que indica el IPC. Para algunos libertarios duros, el problema también es Lavagna, pero en este caso, por ser un legado de Massa en un cargo tan clave en plena gestión mileísta. Otra vez Massa, esta vez como mito.
El Indec mileísta
La semana pasada, un análisis del Banco Central había alertado sobre riesgos de desaceleración en la baja de la inflación. Además de factores estacionales y ajustes de precios regulados, el informe mencionó a la nueva metodología de cálculo del IPC como un factor de incertidumbre en el cálculo de los primeros meses de 2026 por el peso diferente de algunos componentes de la canasta.
La decisión de postergar el nuevo IPC cae, sobre todo, de lado de la conveniencia política: ese indicador es el que sostiene el apoyo al Gobierno y la paz social. Las palabras de Caputo alientan esa interpretación. Buscó naturalizar públicamente una decisión política del Gobierno que impacta sobre un trabajo clave del Indec.
El caso de corrupción en torno al dólar barato y el caso de las SIRA, ¿se convertirán finalmente en el legado massista que hará historia? En la visión de Milei, la macro mileísta es el antídoto a la corrupción massista y kirchnerista.
En cambio, en el caso del Indec y la salida de Lavagna, la injerencia no fue culpa del legado massista. El Gobierno también cava sus propias fosas.



