Los radicales refuerzan la presión para que Macri les dé más injerencia electoral

Tras lograr la reelección, el gobernador de Jujuy cuestionó la tesis 'duranbarbista'
Tras lograr la reelección, el gobernador de Jujuy cuestionó la tesis 'duranbarbista' Fuente: Télam
Laura Serra
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10 de junio de 2019  • 14:09

SAN SALVADOR DE JUJUY.- Tras obtener un triunfo contundente en esta provincia, Gerardo Morales , flamante gobernador reelecto de esta provincia, se volcará de lleno al escenario nacional para discutir la estrategia de Cambiemos con vistas a las elecciones presidenciales de octubre. Dos son sus obsesiones: una, que la vicepresidencia recaiga en un hombre de su partido, el radicalismo. La segunda, convencer al macrismo de que, ante el riesgo de perder en primera vuelta, sería un error que Cambiemos apueste todas sus fichas al ballottage para ganarle al kirchnerismo.

"Esa es la tesis 'duranbarbista' [en alusión al consultor ecuatoriano Jaime Durán Barba], apostar todos los caballos a la segunda vuelta. Es una estrategia muy arriesgada, temeraria. Y de una gran irresponsabilidad. Hay que tener cuidado con eso: está visto que está duro el voto en las provincias, que hay una propensión a votar por el peronismo y que, por la crisis cambiaria, la gente reflota el estigma de que solo el peronismo puede sacar al país de los problemas económicos", advirtió el gobernador, quien mañana se reunirá con la cúpula del radicalismo y con sus socios de Pro.

Morales, al igual que el gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, expresa la voz de un sector de la UCR que tras validar su posición con triunfos provinciales reclama al macrismo un cambio de estrategia electoral. Además de compartir la fórmula, la UCR pretende impulsar una primaria con otros aliados para ampliar la base de Cambiemos, aunque reconoce que puede ser tarde. Los tiempos apremian porque mañana deben presentarse las alianzas.

En diálogo con LA NACION, Morales dice dar fe de lo "duro" que está el voto en las provincias. En las elecciones cosechó el 43,1% de los votos, 15 puntos menos que el porcentaje obtenido en 2015, cuando se consagró gobernador con el 58%. Según sus estimaciones previas, iba a aventajar por 20 puntos a su rival del PJ, Julio Ferreyra; finalmente, la diferencia se redujo a 11 puntos y Ferreyra se mostró como la gran revelación electoral con un 32,5% de los votos.

¿A qué atribuye esta pérdida en su caudal de votos?

-La realidad económica ha sido una mochila muy pesada. Nosotros encaramos la campaña en Jujuy en el momento más complicado. Tuvimos que remar el voto: la gente está con mucha bronca por las políticas del gobierno nacional. La imagen de Mauricio [Macri] bajó mucho en esta provincia. Igualmente, yo le agradecí todo lo que hizo por esta provincia; cada proyecto que le llevamos, lo apoyó.

-Usted se definió como "genéticamente frentista" y reclama que Cambiemos se abra a sectores del peronismo. ¿Se está a tiempo?

-Yo creo que hace falta ampliar, tal vez se llega tarde, pero hay que hacer el intento de hablar con [Miguel] Pichetto, [Juan] Schiaretti, [Juan] Urtubey. También con Roberto Lavagna. Pero no solo hay que mirar el armado electoral; también debemos revisar algunas políticas. Si no lo hacemos, el Gobierno va a tener muy difícil la elección.

-¿Qué políticas habría que revisar?

-Por ejemplo, las tarifas: en tres años las empresas generadoras de energía recuperaron lo que perdieron en doce. Algunas medidas que aplicó últimamente el Gobierno fueron positivas: el aplanamiento de las tarifas, el plan Ahora 12. Ese debería ser el camino. Porque de aquí a octubre la economía va a ser clave. En la medida en que la economía esté tranquila, vamos a tener una recuperación del voto en general.

-Usted dijo que Cambiemos debe dar un golpe de timón. ¿En qué sentido?

-Por lo pronto, yo derogaría el decreto sobre las listas colectoras para permitirle a [la gobernadora bonaerense] María Eugenia Vidal tener más margen de maniobra en Buenos Aires. Si no se puede armar un gran frente con partidos que compitan en una primaria, por lo menos la derogación de ese decreto daría más flexibilidad a los armados territoriales.

-¿Cree que Macri, si ganara, debería incorporar exponentes del peronismo a un eventual gobierno de coalición?

-No va a haber gobierno que pueda gobernar si no hace un gran acuerdo. A mí me preocupa mucho la gobernabilidad, por eso hay que tener la cabeza abierta, porque los momentos que se vienen son difíciles. Esa apertura puede darse en el Parlamento o con representación de partidos en la gestión de gobierno, no lo sé. Por lo general, los partidos opositores son reticentes a formar parte de un gobierno.

-¿Cree que Cambiemos debe apostar sus fichas al ballottage y a una polarización a todo o nada con el kirchnerismo?

-Me parece que la apuesta al ballottage es replicar la teoría de Durán Barba de 2015, que justamente no fue la que ganó.

-¿Cómo es eso?

-En 2015 no ganó la estrategia de Durán Barba, sino que perdió el kirchnerismo. Puso a Aníbal Fernández de candidato a gobernador bonaerense; si hubiese optado por el flaco [Florencio] Randazzo o por [Julián] Domínguez, perdíamos la elección. Ahora, Pro insiste en seguir el mismo camino de 2015: el duranbarbismo plantea que el contexto es el mismo. Ese análisis es equivocado, desde mi punto de vista. Apostar todo al ballottage es muy riesgoso, temerario.

-¿El candidato a vicepresidente debe ser un radical?

-No le corresponde al radicalismo imponer el nombre. Esa decisión es una elección personal del Presidente. Sí creo que estaría mal que Pro se cerrara en la formula; iría a contramano de la apertura que hay que hacer.

-¿Qué nombres sugeriría?

-Ernesto Sanz, Mario Negri...

-Sanz aduce razones personales para no aceptar.

-Bueno, habría que hablar con Ernesto. Me parecería bueno que aceptase porque es uno de los constructores de Cambiemos. Además, su presencia contendría al radicalismo. También Negri.

-Si no hay acuerdo por el vice, ¿hay posibilidad de que haya PASO en Cambiemos?

-Yo no me pondría en tensión si alguien quisiera presentarse a las PASO en Cambiemos. No debería ser visto como un desafío al Presidente. Lo peor es no tener iniciativa política.

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