Murió en Córdoba el ex ministro y ex gobernador Ramón Mestre

El dirigente radical falleció como consecuencia de una hepatitis C en una clínica provincial Se afilió a la UCR a los 19 años, manejó los destinos provinciales entre 1995 y 1999 Fue interventor en Corrientes y el último titular de la cartera de Interior de la gestión de De la Rúa
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7 de marzo de 2003  

CORDOBA.- El radicalismo cordobés tiene sobradas razones para llorar la muerte de Ramón Bautista Mestre. Con él desaparece el último guerrero de una generación a la que se le habían venido encima los años de desgaste que produce una larga trayectoria en la primera línea de fuego.

A los 65 años, falleció en Córdoba como consecuencia de una hepatitis C. Sus restos son velados en el Salón Rojo del Cabildo y serán inhumados esta mañana en el cementerio Parque del Recuerdo, de esta capital.

Frontal, belicoso, difícilmente conciliador, Mestre generaba amores u odios rotundos. Un "duro", dirán quienes le señalaban un estilo asociado al perfil de buen administrador en tiempos de tormentas. Un "autoritario", para sus objetores, que le reprochaban no tener más visión que las tijeras de los ajustes presupuestarios con los que facilitó la tarea del sucesor.

Pero, a un lado y otro, se hallará una coincidencia: Mestre no era un político que rehuyera batallas. Quienes gozaban de su confianza hablan de que en el fondo era de corazón blando, que lo demás era armadura para moverse en la política.

Quizá la noche del 20 de diciembre de 1998 mostró esos dos rostros: cuando perdió la gobernación. Una mayoría de cordobeses que había estado seducida por esa imagen de recto y hacedor, ese día optó por el justicialista José Manuel de la Sota.

"No saben cuántas noches he pasado sin dormir, cuántas lágrimas fueron derramadas en la intimidad frente a las decisiones que había que adoptar, porque había un solo camino: recuperar a Córdoba, y ahí estuvimos poniendo todo lo que hacía falta poner", les confesó, con la voz quebrada, a los pocos radicales que lo rodeaban.

Esa es la pintura que más ha perdurado del hombre al que no le temblaba la mano para tomar decisiones. Era, en realidad, un cuyano nacido el 29 de agosto de 1937 en San Juan, que se quedó aquí como decenas de estudiantes que vinieron a la Universidad Nacional de Córdoba pensando en un título profesional. Se diplomó de odontólogo y alcanzó el doctorado. Fue en las aulas donde comenzó su actividad política. A los 19 años, se afilió a la UCR.

En la universidad actuó en las corrientes reformistas, antecesoras de Franja Morada. Fue presidente del Centro de Estudiantes de Odontología, secretario general de la Federación Universitaria de Córdoba y representante estudiantil y de los docentes después. Consecuente con su militancia reformista durante las jornadas del 57 en que la sociedad argentina se dividió por el sesgo que se imprimiría a la educación, tomó partido activo por las posiciones laicistas. En la UCR, se alineó en las filas del "sabattinismo", que orientaban Arturo Illia, Eduardo Gamond y Justo Páez Molina.

De la mano de Páez Molina, gobernador durante la presidencia de Arturo Illia, llega a la función pública. En 1963, fue subsecretario de Salud y pronto pasó a la Secretaría General del Ejecutivo. Ya se había casado con Cristina Sueldo, con quien tuvo cuatro hijos: Fernanda (fallecida), Claudia (arquitecta), Ramón y Diego (abogados).

* * *

La ruptura de la legalidad constitucional en 1966 no le haría menguar su militancia sino que la extendería a la gremial. Fue fundador y titular del Círculo Odontológico y de la Federación Odontológica de Córdoba. Dirigió el Banco Faro, creado por farmacéuticos y odontólogos, arrasado años más tarde por los vendavales financieros.

Entre 1973 y 1976 fue diputado provincial y jefe del bloque partidario. Hasta entonces, era un dirigente de segunda línea. Al llegar la recuperación democrática en 1983, Eduardo Angeloz ya había construido las sólidas bases de la "Línea Córdoba", en las que edificó una hegemonía por más de una década. ƒl se quedó con la candidatura a gobernador y bendijo a Mestre para la intendencia.

Mestre prefería una diputación nacional. Angeloz lo convenció porque, además de su amistad, apreciaba su temperamento y su capacidad de trabajo. Las "tres boletas tres", uno de los lemas publicitarios de la UCR, se impusieron en toda la línea: Raúl Alfonsín en la Nación, Angeloz en la provincia, Mestre en la intendencia. Tal fue la sorpresa que De la Sota, su rival, se resistió durante horas en reconocer la derrota.

Apenas se hizo cargo del municipio los cordobeses empezaron a conocer al Mestre "duro": arremetió contra el elefante sagrado del transporte urbano de pasajeros, sobre el que cabalgaban los patrones de la Federación de Empresarios y los choferes de la combativa UTA. Fue ganando batallas, reformando algunas cosas, encarando obras que han quedado para el recuerdo -como la avenida Costanera, al borde del río Suquía- y cerrándole los agujeros a la bolsa municipal. Allí se rodeó del aura de buen administrador. Le sirvió para ser reelecto en 1987, junto con Angeloz.

Hasta allí llegó la armonía entre ambos. Mestre le había puesto el ojo a la gobernación. Pero no contaba -o sí- con las ambiciones de Angeloz, que tras ser derrotado por Carlos Menem forzó una interpretación de la Constitución provincial para quedarse en 1991 con un tercer turno consecutivo, vedado por la Constitución provincial.

Mestre pasó a la oposición. Le discutió a Angeloz la jefatura y la candidatura. El "oficialismo" le pasó por encima. Aprovechó una tregua para convertirse en miembro de la Convención Reformadora de la Constitución en 1994 y desempeñar un papel importante. Cultivó amistades como la de Carlos Corach, hombre clave en las relaciones del gobierno de Menem con las provincias.

El "tequila" y los desatinos financieros del angelocismo le armaron la revancha. El tercer gobierno de Angeloz se derrumbó a ritmo vertiginoso. La quema de la Casa Radical aceleró en julio de 1995 el ingreso triunfal de Mestre en la gobernación, seis meses antes del plazo constitucional. Fue la época en que se aplicó a cerrar los grifos del Estado, emitir bonos -los Cecor, antecedente de los Lecor de De la Sota- y a pelear en varios frentes simultáneos.

El más problemático fue el educativo. El gremio docente y otras entidades efectuaron una de las manifestaciones más nutridas de los últimos años. Mucho tuvo que ver la posición de la Iglesia.

Con Carlos Menem, se llevó bien. Compartían amigos. Muchos han querido ver en esas afinidades posiciones ideológicas, situadas del centro a la derecha: eso, objetivamente, los colocaba en el mismo lugar. Pero Mestre resistió la ola privatizadora del PJ.

En la UCR, su lucha por apoderarse de las estructuras lo mantuvo enemistado con Angeloz, que fue sentado en el banquillo de acusados por presunto enriquecimiento ilícito, por una acusación que promovió la Asociación Bancaria y de la que fue absuelto.

Se pronunció en contra de la Alianza cuando destellaba con sus fulgores más fuertes y creyó que adelantando los comicios sacaría ventajas. Supuso que una campaña propagandística opaca le alcanzaría para ganar. Perdió la gobernación y trocó su imagen en la del político tradicional, con nombramientos y gestos poco convincentes.

Las necesidades del gobierno de Fernando de la Rúa le abrieron la puerta. Cuando todavía humeaba Corrientes, llegó allí como interventor el 20 de diciembre de 1999. Su gestión, como ocurrió en Córdoba, es motivo de opiniones controvertidas.

Tampoco esquivó dirigir el Ministerio del Interior, en marzo de 2001, cuando el gobierno de De la Rúa comenzaba a desbarrancarse. Los acontecimientos cercanos al 20 de diciembre de 2001 lo llevaron a renunciar. Se mantuvo cauteloso durante un tiempo. Toleró que Rubén Martí fuera casi número puesto para encabezar la fórmula gubernativa en Córdoba, en las elecciones que se harán este año en la provincia, pero las encuestas situaban al actual senador nacional muy por encima de De la Sota.

Desde el año último eran conocidos los problemas de salud de Martí. Hace diez días, Martí desistió de competir por la jefatura provincial y allí estaba Mestre para hacerse cargo de la posta.

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