
No hubo acuerdo sobre el inicio del ALCA
Los países de la región hicieron prevalecer su posición ante Estados Unidos, que pretendía fijar la fecha de enero de 2005 Bush, necesitado de mejorar su relación con América latina, se mostró conciliador en Monterrey Pero la Casa Blanca insistió luego con "la fecha prevista" para el año próximo
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MONTERREY, México.- Con una mención vaga, incluida por Washington a último momento en la declaración final, varios países latinoamericanos hicieron prevalecer ayer su posición de no fijar un compromiso para el inicio, el año próximo, del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Sin embargo, con una interpretación distinta del documento, la Casa Blanca intentó salvar el resultado de la cumbre al afirmar que el acuerdo comercial entrará en vigor "en la fecha prevista, enero de 2005".
El presidente norteamericano, George W. Bush, necesitado de recomponer su relación con la región, se mostró permeable a sus necesidades y pareció ceder, finalmente, incluso con el ALCA, uno de los asuntos prioritarios que llevaba a Monterrey.
Bush intentó que la fecha para el inicio del acuerdo comercial quedara expresamente estipulada ayer, pero encontró una amplia oposición en varios países latinoamericanos, liderados por Brasil, Venezuela y la Argentina.
Tal como lo admitieron anoche funcionarios norteamericanos en Monterrey, la posición crítica de buena parte de los países de la región hacia el ALCA llevó a Bush -con dificultades en la relación con América latina y encaminado a la campaña electoral por su reelección- a no forzar el punto y marcharse sin compromisos concretos.
"Poco realista"
De todos modos, la interpretación del documento final, suscripto por 34 presidentes, permitió a Washington anunciar que el mercado común, que abarcará desde Alaska hasta Tierra del Fuego, podría quedar inaugurado el primer día del año próximo, un plazo que los gobiernos de la región consideran "poco realista".
La referencia al asunto, que ini-cialmente varios países intentaron dejar fuera de este encuentro, resultó poco clara y dejó amplio espacio a la interpretación, según los intereses de cada uno.
La Casa Blanca considera al ALCA como un objetivo "clave" para sus intereses en América, pero países como Brasil y Venezuela han expresado su rechazo al mismo mientras no haya garantías de que Estados Unidos eliminará los subsidios que perjudican al sector agrario de las naciones pobres.
La inclusión del ALCA había dividido a los países del continente desde antes del inicio de la cumbre. Estados Unidos llegó a Monterrey con la intención de ratificar el mercado común y el calendario fijado para el inicio del acuerdo. En cambio, Brasil y Venezuela, entre otros países, pretendían que los temas comerciales no fueran tratados en Monterrey para centrar el debate en asuntos prioritarios de pobreza, desarrollo y crecimiento con equidad.
Contra la corrupción
Finalmente, las propuestas de Washington que además del ALCA incluían la sanción a gobiernos corruptos quedaron diluidas en un conjunto de referencias vagas que respondieron a la necesidad de salvar todas las posiciones.
Los países latinoamericanos, en tanto, se comprometieron a "intensificar los esfuerzos y fortalecer la cooperación" en la lucha contra el terrorismo, otra de las columnas vertebrales de la política exterior de la administración estadounidense.
En el comunicado emitido por la oficina de prensa de la Casa Blanca se consideró que se dieron pasos importantes hacia el objetivo de "fortalecer los cimientos de la democracia y el crecimiento económico en el hemisferio".
El encuentro, según la Casa Blanca, sirvió para cuestiones tan generales como "emprender acciones para promover la democracia y el buen gobierno, espolear el crecimiento del sector económico privado y reducir la pobreza, y mejorar la educación y la sanidad".
En cuanto a la corrupción, Estados Unidos se quedó muy lejos de conseguir un acuerdo para excluir del sistema interamericano de naciones a aquellos países con gobiernos corruptos, y en la declaración final sólo hubo buenas palabras sobre la necesidad de combatirla.
La administración de Bush había apostado muy fuerte a esta carta, pese a los recelos de algunos países latinoamericanos, que acusaron a Estados Unidos de dar lecciones de honradez a los países de la región sin fijarse en sus propios casos de corrupción.
Un Bush conciliador se esforzó por mostrar buena sintonía con una región que se ha inclinado por gobiernos de izquierda en los últimos años, hecho que fue resaltado luego de los contactos que mantuvo con los presidentes de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, y de Bolivia, Carlos Mesa.
El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, que abogaba por la creación de un fondo humanitario internacional destinado a asistir a países en emergencia, se mostró molesto por la escasa acogida que recibió la propuesta.
Por su parte, Alvaro Uribe, presidente colombiano, pidió apoyo regional para mantener el Plan Colombia financiado por Washington para la lucha contra las drogas y la guerrilla.
Asimismo, pese a que la situación de Cuba quedó al margen de las deliberaciones, el presidente de México Vicente Fox dijo que su país seguirá manteniendo buenas relaciones con la isla y "no variará su política".





