"No voy a renunciar y nadie puede pedírmelo"

Laura Capriata
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18 de julio de 2008  

Más relajado, aunque todavía conmovido por la dimensión que tomó su voto de rechazo al proyecto oficial de retenciones móviles en el Senado, el vicepresidente Julio Cobos pasó casi todo el día de ayer viajando en auto hacia Mendoza, su provincia, el refugio que busca en tiempos de tormenta.

"No voy a renunciar y nadie puede pedírmelo; no soy un ministro", dijo Cobos a LA NACION desde algún lugar de la ruta 7, en un largo diálogo telefónico. El día después de la jornada a la que definió como "la más difícil" de su vida, pidió "no dramatizar" la derrota del oficialismo en el Senado y dar vuelta la página.

Satisfecho con las reacciones que provocó su decisión (recibió muestras de afecto durante todo el viaje), el vicepresidente y jefe de los radicales K consideró que, a partir de eso, "el país está tranquilo". Se preguntó por qué la historia lo puso en ese lugar y contó los entretelones de la noche en que se convirtió en la peor pesadilla de la Casa Rosada.

-¿Por qué no apoyó el proyecto oficial?

-Por mis principios y convicciones. Creía que era necesario buscar una solución de consenso y el proyecto merecía ser abierto. Para eso hay dos cámaras, una con los diputados, que representan al pueblo, y otra con los senadores, que representan a las provincias.

-Pero votó en contra del Gobierno que usted integra.

-Yo no estaba en contra de las retenciones ni en contra de nadie. Por eso pedí flexibilidad al bloque oficialista y menos intransigencia de la oposición. Había 5 proyectos y podía haberse consensuado algo que conformara a todos. Tuve que desempatar, pero primero hubo muchos aliados del Gobierno que votaron en contra. Faltó consensuar.

-¿Qué opina de las versiones que hoy hablaban de su renuncia y la de la Presidenta?

-No tienen sentido. No hay que dramatizar el tema, ya pasó. Es una ley como cualquier otra y sólo hay que atenerse al resultado. A mí como gobernador muchas veces me rechazaron proyectos.

-¿Usted no va a renunciar?

-No, yo no voy a renunciar.

-¿Y si la Presidenta pide públicamente su renuncia?

-Nadie me la puede pedir, yo no soy un ministro. Me tendrían que hacer un juicio político y justamente de lo que se trata es de mejorar la institucionalidad. En estos días me criticaron mucho y no quise contestar.

-¿Eso influyó en su voto?

-No, para nada.

-¿Qué reacción vio en la gente a partir de la votación de ayer?

-El país hoy está tranquilo. Los argentinos quieren vivir sin sobresaltos. También me llamaron muchos gobernadores contentos.

-¿Cuáles?

-Los de Santa Fe, Córdoba, Río Negro, Catamarca...

-¿Ningún kirchnerista?

-No.

-¿Se convirtió en un aglutinador de opositores al Gobierno?

-Yo no soy opositor a nadie. Juego a favor de los acuerdos, pero en una concertación hay que discutir realmente, y trabajar de abajo hacia arriba.

-¿Cómo se sentía hoy cuando se levantó?

-Agotado y nervioso. Pero bien por lo que hice, por haber mantenido esta postura. Fue el momento más difícil de mi vida.

-¿Por qué?

-Porque hay momentos que te ponen al límite. El otro fue hace 23 años, cuando estuve en la frontera con Chile al borde de una guerra.

-¿Volvería a votar en contra? -Sí, no me arrepiento.

-¿Cuándo supo que iba a tener que desempatar?

-A las nueve de la noche, o más.

-¿Qué pensó?

-¡Ay Dios, por qué la historia me pone en este lugar!

-¿Ya tenía su voto decidido?

-Más o menos, pero yo me conozco. Igual no tenía pensado ni lo que iba a decir, de los nervios no se me ocurría nada. Pero sabía que esto no se iba a modificar.

-¿Lo presionaron para que cambiara su voto o dejara el recinto?

-No. Yo había dicho que no me presiona nadie.

-¿Lo llamó Néstor Kirchner?

-No.

-¿Habló con Alberto Fernández?

-Lo llamé para avisarle que iba a pedir un cuarto intermedio y me dijo que iba a consultar, pero después lo rechazaron. No hablé más.

-En la madrugada en el Senado lo acompañaron su esposa y uno de sus hijos. ¿Qué le dijeron?

-Sí, estaban conmigo en la oficina. Me dieron todo su apoyo y me dijeron que votara de acuerdo con mis convicciones.

-¿Sabían su voto?

-Se enteraron ahí, pero se imaginaban. Ellos tampoco entendían por qué se llegó a este extremo ni por qué no aceptaban los cambios en el proyecto como se pedían.

-¿Por qué dejo tan rápido la Capital y se fue a Mendoza? ¿Recibió amenazas por su voto?

-No, dije que terminaba y me iba a descansar. Ya había decidido tomarme unos días. Esto fue agotador, además mis hijas [de 22 y 24 años] estaban solas en Mendoza y quería estar con ellas y en mi provincia.

-¿La concertación desaparece?

-No depende de nosotros. En realidad nunca se había puesto muy en práctica. Hay que ver si se puede recomponer el diálogo y empezar de nuevo.

-¿No es un poco tarde?

-Siempre hay tiempo.

-¿Cuál será su próximo paso?

-Voy a esperar y ver como evolucionan las cosas.

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