Otra industria papelera se instala en Uruguay
Tiene previsto invertir US$ 1250 millones
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MONTEVIDEO (De una enviada especial).- Las protestas argentinas por la instalación de dos plantas de pasta de celulosa en Fray Bentos tuvieron un efecto inesperado: fortalecieron la decisión de la empresa sueco-finlandesa Stora Enso de construir la tercera pastera en este país.
"Sigue todo como antes... es más, le diría que, por el contrario, estamos más convencidos que antes, porque vimos que el gobierno uruguayo no cambia de opinión y juega respetando la inversión privada y con principios democráticos", dijo ayer a LA NACION Nils Grafström, presidente de la división América latina de Stora Enso.
En uno de los intervalos del Seminario Empresarial Uruguay-Finlandia que se hizo en el anfiteatro de la cancillería uruguaya, Grafström aseguró que la tecnología que aplicarán Botnia (Finlandia), ENCE (España) y Stora Enso "no produce dioxinas ni lluvia ácida". "Toda fábrica produce contaminación -admitió-, pero lo importante son los controles para que no lo haga", agregó.
Stora Enso, líder mundial en papel y celulosa, cuya facturación anual ronda los 12.400 millones de dólares, había anunciado hace algunos meses la posibilidad de concretar aquí una inversión de 1250 millones de dólares que se destinarían a la compra de tierras para forestación -alrededor de 100.000 hectáreas- y a la construcción de una fábrica de pasta de celulosa en el departamento de Durazno.
A diferencia de los controvertidos proyectos de Fray Bentos, el emprendimiento de Stora Enso se levantará a la vera del río Negro, un curso de agua interno que atraviesa el país de modo horizontal y desemboca en el Uruguay.
-¿Eligieron la ubicación para evitar conflictos similares al de Fray Bentos?
-[Sonriendo] ¡No! Lo elegimos porque hay mucha tierra, buena logística y para estar lejos de nuestros competidores [por ENCE y Botnia].
-¿En qué etapa está hoy el proyecto?
-Estamos comprando tierras.
-¿En cuánto tiempo podría funcionar la planta?
-Si seguimos con el plan original, la fábrica estaría funcionando dentro de 7 años. Pero si podemos comprar madera, ese plazo podría achicarse. Tenemos planeado fabricar entre un millón y un millón doscientas mil toneladas de pulpa de celulosa y, en el largo plazo, podríamos sumar la elaboración de papel.
-¿Han tenido algún contacto con la Argentina? ¿Cómo imaginan que será su relación?
-Ninguno. [Sonríe nuevamente.] Nos sentimos como si fuéramos uruguayos.
-¿No hubo protestas en Brasil por su planta celulósica instalada en el estado de Bahía?
-No, las únicas críticas que recibimos fueron cuando nos reclamaban que apuráramos la puesta en marcha. Sentimos un gran apoyo del gobierno de Brasil, igual que el de Uruguay.
-Ya que la experiencia fue tan positiva, ¿no sería el presidente Lula el vocero ideal para destrabar el conflicto entre la Argentina y Uruguay?
-¡Ah! Esa es la vida política de la que yo no entiendo nada.
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