
Pelacchi reemplazó a Antonietti
La titularidad de la Secretaría de Seguridad será rotativa entre las tres fuerzas: Policía Federal, Gendarmería y Prefectura
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El presidente Carlos Menem y el ministro del Interior, Carlos Corach, confirmaron ayer el alejamiento del brigadier Andrés Antonietti al frente de la Secretaría de Seguridad, y la decisión de nombrar en su lugar al actual jefe de la Policía Federal, comisario general Adrián Pelacchi.
El ministro Carlos Corach también precisó que el nuevo titular de la institución policial será el actual subjefe, comisario Pablo Baltasar García.
Motivos misteriosos
Sin brindar demasiadas explicaciones sobre los motivos que llevaron a Andrés Antonietti a alejarse de su cargo, en la Casa de Gobierno se puso especial énfasis en calificar como "en el freezer" la posibilidad de que el brigadier retirado y amigo personal de Carlos Menem vaya a ser nombrado en un consulado en el exterior.
Corach se limitó a sostener que "esta es una nueva apuesta a la responsabilidad de los argentinos y de los profesionales de la seguridad, con el objetivo de asegurar dentro de la democracia y la ley la mayor protección y seguridad para los habitantes del país".
En vez de hablar de los errores del pasado, Corach prefirió hacer referencia a la nueva estructura de la Secretaría.
El jefe de la cartera política explicó que la titularidad de la repartición será ejercida en forma rotativa por un hombre retirado de una de las tres fuerzas: Policía Federal, Gendarmería o Prefectura.
El turno de Pelacchi
De este modo, Pelacchi será el primer titular del área con la nueva modalidad rotativa y, de no mediar inconvenientes en sus funciones, se mantendrá en su puesto en el próximo año y medio.
Dicho en otras palabras, el mecanismo de rotación no será aplicado durante este gobierno, ya que concluirá casi dentro de un año y medio.
Quizá por ese motivo fue que el inicial decreto presidencial para nombrar a Pelacchi en lugar de Antonietti no hacía referencia al mecanismo de alternancia entre la Policía Federal, la Gendarmería y la Prefectura.
Fuentes oficiales admitieron a La Nación que fue la Gendarmería la que manifestó su preocupación y su interés en que el Presidente transfiriera su dependencia actual del Ministerio del Interior a la relación histórica que tuvo con la cartera de Defensa.
Justamente ese planteo obligó a redefinir el decreto presidencial para que quedara claramente establecido el carácter rotativo, con plazo incluido, de la jefatura de la citada secretaría.
Mejoras la seguridad
En una rueda de prensa, Corach indicó que la nueva estructura estará conformada por tres subsecretarías a cargo de oficiales en actividad de las tres fuerzas de seguridad, designados "a sugerencia de sus respectivos comandos y de la máxima jerarquía". En cuanto a las explicaciones por el alejamiento de Antonietti, Carlos Menem explicó: "Se va porque ha cumplido un ciclo. Fue un hombre leal de mi gobierno y no hay ninguna imputación que se le puede hacer", finalizó.
Horas antes de confirmarse el alejamiento, Antonietti había declarado: "Estoy hecho un pibe -dijo jocoso-, muy bien de salud, pero realmente cansado".
Más tarde, tanto el Presidente como el ministro del Interior confirmaron que Antonietti abandonaba el cargo.
Corach, gestor de otra reestructuración
El alejamiento del brigadier (R) Andrés Antonietti de la Secretaría de Seguridad y su reemplazo por el ex jefe de la Policía Federal, comisario general Adrián Pelacchi, abrió un compás de incertidumbre dentro del Gobierno. Lo indiscutible es que sólo el ministro del Interior, Carlos Corach, se alzará con el aplauso o la condena por la operación de refacción que impulsó y concretó.
Los simpatizantes de Corach aseguran que se trató de "una jugada maestra" del ministro que hoy pagaría fortunas por un éxito. Según el discurso de estas fuentes, Pelacchi es el hombre que transformó con su ejecutividad a la institución que comandaba en un cuerpo eficiente: nadie mejor que él para ejercer el mando político de la coordinación de las tres fuerzas de seguridad, la Policía Federal, la Prefectura y la Gendarmería, en una suerte de novedosa Jefatura de Estado Mayor.
"Antonietti no coordinó esas fuerzas ni funcionaba operativamente", justificó un allegado al titular de la cartera política. Desde Interior se impulsó y difundió la posible transferencia del brigadier (R) a Miami, como titular del consulado; anoche, en las cercanías del canciller, Guido Di Tella, descreían de ese futuro para Antonietti. "Búsquelo por el lado de una embajada", sugirió un informante de la Cancillería.
La AMIA, en el tapete
La usina de rumores se activó como en sus mejores épocas, tanto que en Interior se barajó la versión de la posible renuncia del viceministro del Interior, Alberto Iribarne, lo cual hasta anoche no pudo ser certificado. La supuesta debilidad de Iribarne se la imputaban a su cercanía al vicepresidente, Carlos Ruckauf -severamente distanciado del presidente Carlos Menem-, y por ende al gobernador Eduardo Duhalde, cuya relación con la Casa Rosada es cada vez más insostenible.
Otra importante corriente de análisis en el oficialismo indicó que la eyección de Antonietti responde al implacable presión de la AMIA y la DAIA, que responsabilizaron a Interior y al brigadier de supuestas negligencias en la investigación por la explosión de la mutual judía.
"Antonietti es para Corach lo que Alberto Piotti era para Duhalde", reflexionó un adherente a esa tésis, en referencia a que Piotti, también acusado de "no colaborar" en la pesquisa por la comunidad judía, debió dejar la Secretaría de Gobierno de la provincia de Buenos Aires. El informe de la DAIA sobre la investigación del atentado también tensó aún más la cuerda entre Corach y el jefe de la SIDE, Hugo Anzorreguy.
La oferta del comando del órgano de la seguridad nacional a Miguel Angel Toma -Corach sondeó al diputado hace unos días- indicaría que Balcarce 50 buscó a alguien de buena llegada a la colectividad israelita, al margen de los conocimientos técnicos del titular de la Comisión de Defensa de la Cámara baja. Pero una herida entre Toma y la Casa Rosada no cierra desde junio último: se llama Daniel Scioli.
Una misión compleja
La llegada de Pelacchi a la nueva Secretaría de Seguridad podría avivar, en cambio, las ínfulas de los gendarmes. La Policía Federal no sale de la mira de la Gendarmería y de sus mandos, especialmente desde que esta última tiene como misión la de reprimir en el interior las protestas sociales sin que aquélla sufra el costo y el desgaste. La psicología de los gendarmes está templada para esfuerzos de otra índole.
Por tal motivo, en el mismo oficialismo existe quienes no están seguros de que Pelacchi se haya alzado con un premio al recalar a un órgano de comando rotativo, como la nueva Secretaría. En ese sentido, se escuchó que la relación entre el ministro del Interior y el jefe de la Policía Federal transitaba por una época de tormentas sucesivas.
El mismo Corach no se habría privado de mencionarle al Presidente sobre tal situación. "Demasiada autonomía había alcanzado Pelacchi", observaron algunos analistas gubernamentales.
Al margen de sus desventuras en el caso AMIA, el deterioro de Antonietti comenzó con ciertas interferencias entre el brigadier y funcionarios de la segunda línea del Interior. Una de esas disputas la libraba con el director de Migraciones, Hugo Franco, mientras que la convivencia entre el aviador y Corach no salía de los carriles formales.
Bicicleta
El nuevo jefe de la Policía Federal, Pablo Baltasar García, dio a conocer un singular proyecto para reforzar la seguridad en la ciudad de Buenos Aires.
Esta novedad consiste, según detalló el nuevo funcionario nacional, en la creación de un escuadrón especial integrado por alrededor de un centenar de efectivos policiales que, en bicicleta, custodiarán las plazas, los parques y los paseos públicos metropolitanos.
"Pretendemos seguir los pasos de las fuerzas de seguridad de Miami", reveló el sucesor de Adrián Pelacchi, al anunciar su plan de acción.
El personaje : Un viejo sabueso que supo volar muy alto
Buena madera: el ascenso de Pelacchi a secretario de Seguridad cayó bien entre sus camaradas; dicen que es "un policía de raza".
No podría haber festejado de mejor modo sus bodas de plata en la Policía Federal que con la obtención de una ascenso: el comisario general Adrián Juan Pelacchi pasó a integrar desde ayer, y por voluntad del presidente Carlos Menem, el cuadro político del Gobierno.
Hábil investigador y de exitosa carrera en la fuerza -según sus propios compañeros-, Pelacchi dejará luego de algo más de tres años un cargo que no fue todo lo dulce que hubiera pretendido, pero en el que se manejó con una gran cintura política.
Debió suceder a Jorge Passero, un jefe que cultivó el bajo perfil y a quien no lo seducía enfrentarse con las cámaras. El golpe de timón tuvo a Pelacchi como protagonista y ofreció una aggiornada imagen de la Policía Federal Argentina (PFA).
Pasaporte a la fama
Pelacchi pudo sortear los cuestionamientos a la fuerza tras la falta de progresos en las investigaciones de los atentados a la embajada de Israel y a la sede de la AMIA, entre los episodios más graves.
Si bien nunca perdió su trato cordial y afable, poco quedó de aquel comisario campechano que parecía no tener otra aspiración que llenar su pecho de condecoraciones a fuerza de caminar por La Rioja, donde fue el titular de la delegación de la PFA.
Allí, según sus más cercanos camaradas, habría conocido a Carlos Menem. Su habilidad de permanente contemporizador, aunque de mano firme a la hora de las decisiones, habría cautivado al Presidente.
Su nuevo nombramiento "es un espaldarazo para la fuerza. Lo vamos a extrañar", confió a La Nación un alto funcionario policial.
Contacto internacional
"Por como habla no parece un policía", solían decir los asiduos integrantes de los auditorios que concurrían a sus conferencias.
En esas charlas, Pelacchi sacaba a relucir toda su experiencia. Por ejemplo, recordar su paso como jefe de la Superintendencia de Drogas Peligrosas, que le valió un reconocimiento generalizado cuando capitaneó y desbarató, en la llamada Operación Canarias, una organización integrada por un alto directivo del Cartel de Cali.
A partir de ello, Pelacchi se propuso traspasar las fronteras. Tanto es así que llegó a tener excelentes contactos con las autoridades de la Drug Enforcement Administration (DEA), el organismo que combate el narcotráfico en los Estados Unidos.
Desde que se sentó en el sillón mayor debió gastar unos pesos extra para hacer imprimir sus tarjetas en dos idiomas: llegó a ser miembro del comité ejecutivo de la Interpol.
A los 55 años dejó una huella: dos de sus tres hijos ya visten uniforme azul. Los Pelacchi son, sin duda, el orgullo de la ciudad bonaerense de José Mármol.
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