
Procesaron a Astiz por la muerte de las monjas
El juez también acusó a Acosta
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Alfredo Astiz, Jorge "El Tigre" Acosta, Héctor Febres y Antonio Pernías quedaron procesados ayer por su presunta responsabilidad en la desaparición y muerte de las monjas francesas Alice Domon y Leonnie Duquet durante la dictadura.
El juez federal Sergio Torres recordó qué función cumplió cada uno en el rapto, tortura o muerte de las religiosas, que fueron llevadas luego al sótano de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).
La desaparición de ambas monjas es el epicentro de los reclamos oficiales que Francia reitera desde hace años para que el Estado argentino extradite a Astiz para que cumpla una condena por esos crímenes en una cárcel francesa.
En su resolución de 98 carillas Torre detalló cómo Astiz se infiltró en el grupo de familiares de desaparecidos que se reunía periódicamente en la iglesia de la Santa Cruz, considerado de "alta peligrosidad" por la inteligencia de la Marina.
Las decisiones operativas las tomaba, sin embargo, Acosta, a cargo del Servicio de Inteligencia de la ESMA, sobre la base de los datos que le aportaba Astiz sobre el grupo, mientras que Febres y Pernías habrían participado en los interrogatorios posteriores a los detenidos.
Torres consideró probado que Astiz se presentó a fines de 1977 ante Azucena Villaflor, fundadora de Madres de Plaza de Mayo, como Gustavo Niño, hermano de un desaparecido, y se ganó su confianza.
Astiz comenzó entonces a participar en las reuniones que se efectuaban en la Iglesia acompañado de una detenida en la propia ESMA, a quien obligó a simular que era su hermana.
Con el nombre falso, Astiz llegó a firmar una solicitada pidiendo por los desaparecidos que se publicó el 10 de diciembre de 1977 en LA NACION.
Mientras, el verdadero Gustavo Niño vivía en los Estados Unidos y desconocía que utilizaban su nombre, de lo que se enteró por los propios medios de comunicación.
"Madres peligrosas"
Torres consignó que un testigo recordó que Acosta le comentó durante una conversación "la peligrosidad de los familiares de desaparecidos y de los derechos humanos y que había que actuar contra ellos".
Pero, concluyó Torres, Acosta habría admitido en una ocasión que "fue un error matar a las monjas" francesas, las que habían sido raptadas durante "un simulacro de secuestro por parte de los Montoneros, fotografiando a las religiosas bajo una bandera" de esa agrupación.
Febres se encargó, por su parte, del traslado de los detenidos ilegales que eran sacados del sótano de la ESMA, en un operativo cumplido por la noche. Pero en el caso de las monjas Domon y Duquet, su estada no se habría prolongado más de una semana por la repercusión que tuvieron sus raptos.
Los delitos investigados "se encierran en los caracterizados como crímenes de lesa humanidad y afectan la conciencia universal", sostuvo el magistrado, que trabó embargos por 12 millones de pesos a cada procesado.
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