Quién es Eduardo Oscar Camaño

Tras la renuncia de Puerta, será el presidente provisional que convocará a una nueva Asamblea Legislativa para dirimir el futuro institucional de la Argentina
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31 de diciembre de 2001  • 02:11

Un retrato de Juan Manuel de Rosas domina su amplio despacho en el tercer piso de la Cámara de Diputados, donde se aloja el bloque justicialista. No disimula su admiración por este controvertido personaje de la historia argentina: destaca que sus raíces populares y tradicionalistas. Y él se siente reflejado en esas cualidades.

Eduardo Oscar Camaño es un peronista de alma. Quilmeño de toda su vida, a este diputado bonaerense se lo reconoce como un ejecutor, un político nato, que prioriza el diálogo frente a la confrontación. Estas virtudes lo convirtieron en un hombre clave en la conducción del bloque del PJ y, más recientemente, en la figura elegida por sus compañeros para ocupar, a partir de pasado mañana, la presidencia de la Cámara de Diputados de la Nación.

Camaño no es un hombre conocido para el gran público, pese a su condición de hombre clave en el cuerpo. El mismo lo quiso así; cultiva adrede un bajo perfil y rehúye de los flashes. No cree que la excesiva exposición pública sirva para escalar posiciones políticas. Prefiere la estrategia de la búsqueda del acuerdo, aunque en tono reservado. Y, hasta ahora, no le ha ido mal: no sólo ocupa uno de los cargos institucionales más relevantes (y se convertirá en el nuevo presidente provisional), sino que, puertas adentro de su partido, es uno de los hombres de mayor confianza de Eduardo Duhalde.

Camaño también tiene fama de ser ejecutivo en sus acciones. Ya acumuló experiencia durante su gestión como intendente de Quilmes y como presidente de la Cámara de Diputados.

"Es hiperactivo. Recuerdo una vez que, como intendente, movilizó a 3000 personas frente al Congreso para pedir por la creación de la Universidad de Quilmes. Le dijeron que el presidente de la Comisión de Presupuesto (por entonces Jorge Matzkin, justicialista) estaba en un almuerzo en el Banco Central. Fue hasta allá. Como no lo conocía, preguntaba a quien se le acercaba: ¿Usted es Matzkin?´, hasta que lo encontró. Y consiguió la partida presupuestaria que necesitaba", rememoró, entre risas, uno de sus más fieles allegados.

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