Reconstruyen la muerte de Lourdes Di Natale

Tras el simulacro, la querellante reafirmó que fue un homicidio
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16 de marzo de 2006  

Tres veces cayó al vacío el muñeco que reproducía la talla y el peso de Lourdes Di Natale durante la reconstrucción, ayer, de la sospechosa muerte de la ex secretaria de Emir Yoma.

Pero sólo una vez cayó en el mismo sitio y en la misma posición que el 1° de marzo de 2003, cuando su cuerpo apareció destrozado en el patio interno del edificio de Mansilla 2431. Fue cuando dos oficiales de la Policía Federal lo empujaron con fuerza desde una ventana del 10° C, el departamento en el que vivía sola.

"En las otras dos caídas, que apuntaban a la hipótesis de un accidente, el muñeco no cayó ni en el lugar ni en la posición que muestran las fotos de 2003", dijo a LA NACION Nilda Formoso, abogada de la querella.

Formoso participó en la demorada reconstrucción junto con la jueza Fabiana Palmaghini, que hace pocos meses ocupa el Juzgado de Instrucción N° 14, y el fiscal Carlos Donoso Castex, que tiene delegada la investigación desde hace tres años y siempre sostuvo que se trató de un accidente. Castex se había opuesto a la reconstrucción, ordenada por la Cámara del Crimen.

"El doctor dice que no tiene declaraciones que hacer", respondieron en la fiscalía ante la consulta del redactor.

Tanto Formoso como Giuseppe Di Natale, padre de Lourdes, y el médico legista Alberto Brailovsky, perito de la querella, afirman que se trató de un homicidio. Brailovsky ya presentó tres informes con estudios que abonan esa tesis y señalan gruesas irregularidades en toda la investigación.

En cambio, Mariano Cúneo Libarona, ex pareja de Di Natale y defensor de Yoma, coincide con el fiscal Castex en el accidente.

Robo de pruebas

Di Natale estaba amenazada de muerte. A fines de 2002 había recibido en forma anónima un poema sobre una mujer que se arroja al vacío por una ventana.

Sus testimonios y documentos enviaron a Yoma y al ex presidente Carlos Menem a prisión en 2001 por el contrabando de armas a Croacia y a Ecuador. Cuando murió, debía declarar en la causa de la voladura de la Fábrica Militar de Río Tercero.

La noche anterior a su muerte llamó a este redactor porque quería encargarle "una importante gestión en Montevideo". En Uruguay ella guardaba documentación.

El fiscal Castex cree que la mujer, alcoholizada, quiso cortar unos cables de televisión de sus vecinos y cayó.

Pero esos cables estaban fuera de su vista y el cuchillo que apareció misteriosamente junto al cuerpo no tenía huellas digitales.

Ayer, cuando se reconstruyó esta hipótesis, el cuchillo fue a parar al edificio vecino, no al patio interno.

Un informe médico indicó que el cuerpo tenía 3,15 gramos de alcohol por litro de sangre, cantidad inusual para una mujer que no bebía y en cuyo departamento no se halló una sola botella de alcohol.

Brailovsky citó bibliografía internacional que señala que con esa cantidad de alcohol, Di Natale estaba inconsciente o dormida y no podía asomarse a la ventana.

Castex consultó en 2003 al médico forense José Angel Patitó, pero según Formoso, la respuesta de Patitó se contradice con lo que afirma el Tratado de Medicina Legal publicado por Patitó y otros forenses. Patitó, presente en la reconstrucción, tampoco respondió los pedidos de entrevistas de LA NACION.

El informe que ahora debe elaborar la División Homicidos de la Policía Federal será decisivo, no sólo para esclarecer la muerte de la mujer que denunció al menemismo, sino también para averiguar, posteriormente, las extrañas actitudes de los efectivos de la comisaría 19 cuando acudieron al lugar en 2003.

Uno de ellos ya fue condenado por robar una prueba del departamento. La Policía Federal había ocultado la intervención de ese cabo primero en la diligencia del hallazgo del cuerpo.

La Policía Federal tampoco buscó huellas digitales en el departamento, ni tuvo en cuenta que la vivienda estaba revuelta y la puerta semiabierta.

En 2003, LA NACION reveló que en el departamento había escondidos dos micrófonos que halló un hermano de Di Natale casi dos meses después de la muerte. Castex y la Federal no los habían hallado en sus inspecciones.

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