
Así como nadie debería subestimar la potencia electoral del peronismo, tampoco los analistas clásicos deberían suponer que Javier Milei no será capaz de cambiar los errores no forzados
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¿Javier Milei se está “reseteando” para lograr la reelección y evitar “el regreso de los orcos”? Todo parece indicar que sí.
¿Puede hacerlo de verdad, o las características de su personalidad lo tornarían imposible? Lo sabremos en menos de un año.
Pero digamos todo. Así como nadie debería subestimar la potencia electoral del peronismo, tampoco los analistas clásicos deberían suponer que Milei no será capaz de cambiar, y evitar, por lo menos, los errores no forzados de los últimos días.
O la repetición de ideas como: “Voy a morir con las botas puestas. Y si tengo que perder, pierdo, y me vuelvo para mi casa”.
Primero, porque ya entendió que este tipo de mensaje catastrofista hace subir “el riesgo kuka”. Y segundo: porque su deseo de competir y ganar está intacto.
Distinto sería que un día se levante y ensaye un giro de 180 grados en el rumbo económico. O que resigne su objetivo de pulverizar la inflación, mantener el superávit fiscal y negarse a emitir sin el respaldo correspondiente. Eso sí que no está dispuesto a hacer.
A esa parte de la idea de cambiar Milei le llama: “No voy a hacer populismo para ganar una elección”.
Quienes leen a Milei teniendo solo en cuenta sus ataques al periodismo y los economistas, tienden a confundir análisis objetivos con deseos personales. Porque la verdad es que desde marzo la imagen de gestión está clavada en una aceptación de alrededor del 40 por ciento. Es decir: aunque a la mayoría no le gusta que Milei putee todo el tiempo, no le presta tanta atención a sus agresiones verbales, como si lo hace “el círculo rojo”.
Sin embargo, estos son, a vuelo de pájaro, algunos antecedentes que prueban la hipótesis de que Milei “no come vidrio”. Y que puede volver sobre sus pasos.
- El pedido de disculpas al papa Jorge Bergoglio, después de haberlo llamado “el representante del maligno en la tierra”.
- La decisión de incorporar a La Libertad Avanza a Patricia Bullrich, a quien llegó a calificar de “montonera asesina”, mientras la acusaba de haber puesto “bombas en un jardín de infantes”.
- Su viraje desde “no haría negocios con China ni con ningún país comunista” hasta “China es un socio comercial muy interesante”.
- El paulatino alejamiento de su promesa de dolarizar, cuando se dio cuenta de que la mayoría de los argentinos no lo aceptaría.
- Los múltiples cambios en la campaña para las elecciones legislativas de octubre de 2025, después de la derrota de septiembre en la provincia de Buenos Aires. Cambios que contemplaron la disminución de insultos personales, hasta hacerlos casi imperceptibles
El reseteo de Milei también incluye concesiones más recientes, como las que negoció la mesa política para la media sanción en Diputados de la nueva ley de Discapacidad. Y no fueron concesiones menores. Incluyeron, por ejemplo:
- La aceptación para hacer compatible el beneficio de la pensión contributiva con un empleo registrado, siempre que no supere una remuneración de dos salarios mínimos.
- La admisión de que el pago a los prestadores se actualice cada treinta días, en base a la inflación del mes pasado.
¿Esto significa que el Gobierno sucumbió ante la presión de la oposición y resignó su objetivo de déficit cero? No. Porque el impacto fiscal de las concesiones no pone en riesgo el equilibro fiscal. En cambio, su aprobación alimenta las expectativas de éxito sobre otros proyectos. Porque se logró con 237 votos, sobre un total de 257.
Tampoco habría que subestimar la inteligencia con la que están manejando, hasta ahora, tanto Milei como Patricia Bullrich, sus diferencias de matices y posturas frente a temas muy concretos, como la felicitación a Lula por su victoria electoral. Milei sabe que lo peor que podría hacer es salir a atacar a su aliada de manera frontal. Por eso, en una de sus últimas entrevistas habló de Patricia con mucho cariño. Y puso la carga en el círculo rojo que, según él, trata de instalar la idea de “un mileismo sin Milei”.
Pero horas después apareció Martín Menem diciendo que el único candidato de La Libertad Avanza es el presidente.
Patricia Bullrich tampoco come vidrio. Y sabe que hoy no tiene plafón para presentarse como precandidata a presidente. Ni por dentro ni por fuera de La Libertad Avanza.
Sí entiende que esta diferenciación le puede servir para acumular poder y pedir “lo máximo”. Es decir: no solo la vicepresidencia de la Nación, sino algunos ministerios, además de voz y voto. Por eso, horas después de Menem apareció su incondicional, el legislador por la Ciudad, Juan Pablo Arenaza, para decir: “Patricia no les debe nada a los libertarios”.
Como sea, los movimientos de Bullrich parecen tener múltiples efectos. Y uno es el debate abierto sobre cómo mejorar la economía de bolsillo. Luis Caputo ya trabaja en varias iniciativas a la vez:
- Más crédito hipotecario.
- Aumento de tarifas por debajo de la inflación.
- Dólar estable e inflación por debajo del 2 por ciento.
- Mantenimiento de la política del amortiguador de YPF para evitar que precio del barril de petróleo, al que la guerra con Irán lo está elevando a niveles tremendos, se pueda controlar y no impacte en el aumento de combustibles acá en la Argentina.
Milei y Caputo no ignoran que la economía entrará en recesión técnica, por las bajas en el segundo y tercer trimestre. Pero confían en que el cuarto trimestre la actividad crecerá cerca de 1,8 por ciento.
Lejos de los pronósticos, como “la economía va a crecer como pedo de buzo” o “se vienen los mejores 18 meses de la Argentina”, ambos están ajustando la narrativa a la nueva realidad. La sintetizan de la siguiente manera: “La foto sigue siendo horrible, pero la película va a ser maravillosa”,
Mientras, dejan sentado, en público y en privado, que la velocidad de la desaceleración de la inflación y el crecimiento no han sido responsabilidad del Gobierno, sino debido a dos situaciones bien marcadas.
- Una: el ataque al peso durante el año electoral 2025.
- Dos: el aumento del precio del petróleo, y la suba de las tasas, en los Estados Unidos.
Es más: insisten en que si no hubieran cambiado de raíz el viejo modelo k, la Argentina ya habría volado por los aires.
Al Gobierno no dejan de darle una buena mano gente como Axel Kicillof y Alberto Fernández, quienes cada tanto parecen trabajar como jefes de campaña de Milei.
Kicillof, sin poder balbucear siquiera un plan alternativo, mientras sale a pasear junto a Juan Grabois y aumenta su obsesión compulsiva por echarle la culpa de todos los males del mundo al presidente.
Alberto, delirando con que durante su Gobierno no hubo una cuarentena sino una gestión casi perfecta de la pandemia, a la que todos nosotros, incluidos los que debimos despedir a nuestros familiares en absoluta soledad, deberíamos agradecer, en vez de atacarlo tanto.
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