Salen a la luz en Brasil nuevas evidencias sobre el Plan Cóndor

Documentos hallados en la casa de un militar brasileño asesinado este año confirman la cooperación entre las dictaduras
Chico Otavio
Raphael Kapa
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26 de noviembre de 2014  

RIO DE JANEIRO.– De traje marrón y corbata a cuadros y tomando la mano de su hijo Andrés, de 9 años, hasta la puerta de embarque, aquel 31 de julio de 1978 el periodista Norberto Habegger, de 37 años, parecía un ejecutivo en viaje de negocios de México DF a Río de Janeiro. En el bolsillo, sin embargo, el pasaporte falso a nombre de "Héctor Esteban Cuello" revelaba otras intenciones. Mientras los cariocas se recuperaban del golpe sufrido con la victoria argentina en la Copa del Mundo, el mes anterior, Norberto, un importante líder en el exilio de la organización guerrillera Montoneros, llegó a la ciudad para una reunión secreta con dos compañeros. Su objetivo: planificar la "contraofensiva", una serie de acciones políticas y militares tendientes a derrocar la dictadura instalada en la Argentina dos años antes.

Y eso es todo lo que se sabe de los últimos momentos del montonero. Habegger desapareció en Brasil sin dejar rastro. Entonces, el gobierno brasileño sólo admitió el ingreso de "Héctor" al país, pero no su salida.

Del polvoriento armario de una casa en la Baixada Fluminense nos llega ahora la prueba inédita de que, apenas se enteraron de la presencia de Habegger en el país, los militares brasileños siguieron sus pasos y reportaron su desaparición, lo que representó para ellos la caída de la base de la resistencia montonera en Brasil. Los documentos secretos con el nombre del periodista y de otros 80 extranjeros monitoreados por la represión de Brasil fueron encontrados por los abogados del grupo Justicia de Transición, perteneciente al Ministerio Público del gobierno federal, en la casa de campo del teniente coronel Paulo Malhães, ex agente de la represión, asesinado el 24 de abril de este año.

El hallazgo, compuesto de dos archivos de tapa negra ("Relatório Nº 8/78 - Palestra", de 111 páginas, y "Operação Gringo/Caco", de 166 páginas), ambos producidos por el Sector de Operaciones del Centro de Informaciones del Ejército (CIE) entre 1978 y 1979, fue entregado por el procurador general de Brasil, Rodrigo Janot, al Ministerio Público argentino. Para Janot, esta investigación descubrió la evidencia más importante obtenida hasta la fecha sobre el Plan Cóndor, para la colaboración efectiva entre las dictaduras del Cono Sur para la comisión de crímenes contra la humanidad: "La Operación Gringo, extensión del Plan Cóndor, permaneció oculta de la población durante muchos años y sólo ahora se hizo pública gracias el trabajo del Ministerio Público. Las generaciones presentes y futuras tienen el derecho y la obligación de conocer todos los hechos y todos los crímenes y violaciones ocurridos, para que no se repitan".

El niño que aparece con la camiseta del Flamengo en la última foto del periodista desaparecido es hoy el cineasta Andrés Habegger, quien días atrás estuvo en Río para el rodaje de su El (im)posible olvido, un documental sobre los últimos días de su padre. Al ver los documentos, se emocionó: "La documentación es fuerte, muy interesante. Está explicitada claramente, en palabras, la colaboración de los ejércitos de Brasil y la Argentina. Todo lo que nos ayude a entender más lo que pasó, en casos que incluso tienen que ver con los desaparecidos, es un milagro".

Los militares brasileños creían entonces que Brasil formaba parte del "Departamento América", división montonera que supuestamente actuaba en el exilio dirigida por Elbio Alberione, un ex sacerdote apodado "Gringo" y mencionado por los agentes como segundo al mando de la organización.

Informes y seguimientos

Los archivos, además de la lista de nombres de los vigilados, contienen una serie de recopilaciones de otros informes, explicaciones de los grupos brasileños y extranjeros monitoreados, gráficos que muestran el avance y retroceso de la izquierda en Brasil, así como información de alrededor de 130 monitoreados, entre brasileños, alemanes, bolivianos, chilenos, estadounidenses, italianos, soviéticos, venezolanos y, sobre todo, argentinos.

Los agentes vigilaban incluso a los católicos de Cáritas y a las autoridades diplomáticas del Alto Comisionado de las Naciones Unidas (Acnur), cuyas entradas y salidas del país eran monitoreadas. Esas dos instituciones constituían la base de una red de solidaridad para cerca de 20.000 exiliados de las dictaduras latinoamericanas de aquel período. Probablemente con ayuda de los represores argentinos, la oficina del CIE en Río llegó a infiltrar a un informante en las filas montoneras de Brasil.

Los militares sospechaban de la presencia de entre "130 y 200" guerrilleros argentinos en Brasil, integrantes de "tropas especiales de agitación" y "tropas especiales de infantería". Habegger, considerado uno de los líderes del grupo, aparece tres veces en los papeles. Las dos primeras, en el expediente "Conferencia", en el que aparece "en la lista de argentinos involucrados en la Operación Gringo que tienen antecedentes", antecedentes supuestamente obtenidos por el CIE de la dictadura argentina.

La tercera referencia a Habegger, en el expediente "Gringo" (Relatório Nº 11), es de diciembre de 1979 y ya lo da por desaparecido. El documento sugiere que la desaparición redujo el poder de articulación de la agrupación en Brasil: "Desde 1977 hasta la desaparición del montonero Norberto Habegger, Brasil era la base más importante de esta organización subversiva en América del Sur".

Los expedientes serán la base de una investigación conjunta de los ministerios públicos de Brasil y la Argentina, resultado de un acuerdo de cooperación internacional firmado por los dos países. Además de los documentos, todavía existe la posibilidad de obtener pruebas testimoniales. En la investigación para su documental, Andrés descubrió que tres miembros de la inteligencia argentina –Enrique José del Pino, Alfredo Omar Hecho y Guillermo Víctor Cardozo, presos por otros crímenes políticos– habían viajado a Río de Janeiro para buscar a su padre con la ayuda de los militares brasileños. Según el cineasta, Norberto fue visto por última vez en Campo de Mayo.

La abogada Nadine Borges, miembro de la Comisión de la Verdad del Estado de Río, que en febrero de este año recogió el testimonio de Malhães, no cree que Habegger sea el mismo argentino que el coronel admitió haber secuestrado en Río y entregado a la policía argentina: "Malhães habló de una operación en la que usó un fármaco para sedar a un argentino y llevarlo a su país de origen en un avión, como si estuviese muerto y con documentos falsos. Cuando me enteré de la historia, pensé inmediatamente en el caso de Norberto, pero no tenía pruebas. Ahora, con estos papeles encontrados, no me queda ninguna duda".

En un reciente testimonio frente a los fiscales de Justicia de Transición, el ex sargento Marival Chaves, que estuvo junto a Malhães en el CIE durante la dictadura, dijo haberse enterado por un agente cuyo nombre en código era "Bastos" de que un hombre había sido detenido en San Pablo, que lo mataron y lo enviaron en un féretro a la Argentina, pero no identificó el nombre de la presunta víctima.

La aprensión, según Marival, fue una operación conjunta del CIE con la inteligencia argentina. El ex sargento dijo que Chile y la Argentina enviaron agentes a Brasil para trabajar bajo el mando de las agencias brasileñas, con la misión de informar sobre las personas de sus países que ingresaban en Brasil, especialmente en Río de Janeiro, bajo la protección del Acnur.

Dos movimientos argentinos merecían especial atención de los agentes: la organización Montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), de cuyas acciones y principales líderes tenían información detallada. Treinta y cinco años después de la fecha del último archivo, las autoridades brasileñas y argentinas están tratando de entender la participación de sus servicios de inteligencia en la aniquilación de estos grupos: la actuación de los fiscales federales tiene como propósito la reconciliación legítima de nuestra sociedad con su pasado y con su historia, así como ratificar la comprensión universal de que las violaciones graves de los derechos humanos son imprescriptibles y no son amnistiables, dijo el procurador general de Brasil, Rodrigo Janot.

Traducción de Jaime Arrambide

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