Saltó el corralito, vació el banco y tuvieron que darle 17.000 monedas
Lo logró un joven abogado correntino
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El miércoles 6 del actual, el abogado correntino Néstor Ricer se despertó con una sensación de euforia corriéndole por las venas.
"Hoy voy a recuperar mi plata", dijo en voz alta, y partió para la sede provincial del Banco Sudameris, de la que saldría, horas más tarde, contento y sorprendido: el banco solamente pudo completar de pagarle su plazo fijo con 17.000 monedas de un peso, las que literalmente debió arrastrar junto a otras tres personas para terminar de salir del corralito.
"Fue difícil, pero lo conseguí. Lo que me da bronca es haber tenido que demandar a mi propio país para recuperar mi dinero", dice aliviado Ricer, de 31 años, en diálogo telefónico con LA NACION desde su casa en la capital correntina.
Ricer cuenta los trámites que debió cumplir para volver a reencontrarse con su dinero, una suma que no especifica, pero que califica como "los ahorros de toda una vida de trabajo".
Se presentó ante la Justicia, alegando que el decreto que estableció el corralito era inconstitucional.
Tomando como referencia el caso de Carlos Smith, a quien la Corte Suprema de Justicia dio la razón por razones similares, el juez Manuel Rubianes hizo lugar a su pedido y ordenó a la sucursal Corrientes del Banco Sudameris que devolviera a Ricer los dólares que tenía depositados allí.
El magistrado dictaminó que el decreto que limitó el pago de depósitos "carece de constitucionalidad", y que ni siquiera contaba con la indispensable autorización del Congreso.
Además, sostuvo que el decreto violaba no sólo los artículos 14 y 17 de la Constitución nacional, sino también la ley de intangibilidad de los depósitos, causándole al abogado correntino "un perjuicio grave e irreparable".
Con el fallo bajo el brazo, Ricer caminó las cinco cuadras que separan su estudio jurídico del banco.
"Fui solo y quedaron sorprendidos. Me trataron bien, pero me pidieron un día para pensarlo", relata Ricer. No obstante el abogado no tuvo paciencia. Volvió a las dos horas con un oficial de Justicia a su lado y un mandamiento judicial que obligaba a la entidad bancaria a hacer efectivo el pago, en dólares o en pesos, al tipo de cambio libre.
Después de un largo rato largo, los responsables locales obtuvieron autorización de su casa matriz para resolver el problema. A falta de dólares, comenzaron a buscar pesos para cumplir el compromiso asumido.
Allí comenzó otra historia.
"El gerente abrió bóvedas, cajas fuertes grandes y chicas, pero la plata no alcanzaba. Entonces me ofreció pagarme los 17.000 pesos que faltaban en monedas de un peso", cuenta con voz risueña.
Más de trescientos kilos
Cuando los empleados terminaron de contar billetes y monedas, y los veinte clientes que en ese momento poblaban la entidad se preguntaban qué estaba pasando, el gerente prestó a Ricer una saca, en la que metieron todo el dinero.
"Pesaba más de trescientos kilos, y entre cuatro personas apenas pudimos meterla en el remise que me dejó en mi casa", continúa este hijo de reconocidos abogados de la capital provincial.
Ricer sólo tiene palabras de agradecimiento hacia el gerente y los empleados de la sede bancaria, que accedieron a devolverle el dinero.
"Hay que entender la desesperación de alguien que puede perder el trabajo si toma una decisión apresurada", concedió.
"Quieren meter miedo"
El agradecimiento se convierte en indignación cuando Ricer habla de la actitud de los bancos.
"Quieren meter miedo diciendo que si devuelven los depósitos se caen. En Resistencia se devolvieron más de cuatro millones y que yo sepa no se fundió ninguno", vocifera.
Conocedor de los vericuetos de la ley argentina, Ricer es hijo de dos abogados y su padre fue presidente del Superior Tribunal de Justicia de la provincia, además de convencional constituyente y juez.
"Tuve las mismas motivaciones que todos. Pero estudié leyes, y me enseñaron que la ley está para ser cumplida", pontifica.
Dice que no sabe qué hará con la plata. Que por ahora no confía más en los bancos. Que billetes y monedas están "lejos y bien guardados". Que hasta anteayer le faltaban sus ahorros y que ahora no le falta nada.
Y deja una sentencia, casi una profesión de fe: "Hasta ahora, eran los bancos los que vaciaban a la gente. Por una vez, es un ahorrista el que vacía un banco".
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