
Scilingo enfrentó el juicio en silla de ruedas y adormecido
Comenzó ayer la audiencia en España por crímenes cometidos en la dictadura
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MADRID.- Con semblante ceniciento, entró arrastrando los pies, sostenido por dos policías que lo acomodaron primero en el sitio para acusados y le sostuvieron el cuerpo para que no se fuera al piso. "Me duele la cabeza. Que vengan de mi embajada", fue todo lo que susurró Adolfo Scilingo antes de ser retirado en silla de ruedas de la sala de la Audiencia Nacional que lo procesa.
Los forenses le dieron agua azucarada y paracetamol. Dijeron que estaba en condiciones de comparecer y el ex marino fue devuelto ante el tribunal, donde pasó el inicio del juicio en su contra en silencio, como dormido y sin reacción, con los ojos cerrados o cubiertos por sus manos enguantadas con lana.
Siete años después de viajar voluntariamente a España para denunciar "las atrocidades de la Armada" durante la dictadura y de haberse desdicho luego, Scilingo se convirtió en lo que no había entrado en sus planes: ser el primer oficial argentino juzgado en presencia en el exterior por delitos de lesa humanidad.
El comienzo del proceso estuvo en duda. En huelga de hambre desde hace más de un mes, Scilingo, de 58 años, fue hospitalizado el miércoles último a causa de un desmayo. Se temía que su estado hubiese empeorado.
Pero, al mediodía, el juicio finalmente empezó. Otro mareo del acusado en el calabozo y, luego, problemas de organización en el proceso, demoraron el inicio en hora y media, lapso en el que se vio pasar sin detenerse a Baltasar Garzón, el juez instructor que acusó a Scilingo.
La entrada de Scilingo provocó un momento de tensión. Había poco más de 60 periodistas en la Audiencia Nacional y otras tantas personas como público. Contra las previsiones, hubo butacas vacías y fue apenas un puñado el grupo identificado como "víctimas o familiares de víctimas".
Reprimenda
"¿Quiere prestarme atención?", fue la primera pregunta que le dirigió el presidente de la sala que lo procesa y que integran los jueces Fernando García Nicolás, Jorge Campos y José Ricardo de Prada. Los policías tradujeron el susurro de Scilingo: "Dice que le duele la cabeza".
Así, 15 minutos después de iniciada la audiencia, García Nicolás dispuso otro receso y acalló las protestas de algunos asistentes con la advertencia de que podrían ser expulsados o detenidos. Media hora después, en silla de ruedas, con los ojos cerrados y el cuerpo cubierto con una manta, Scilingo ingresó de nuevo en la sala. "Dado el estado físico del acusado, ¿no sería mejor postergar el comienzo de la audiencia?", propuso el defensor de oficio Fernando Martínez, el único que acompañó a Scilingo.
El presidente del tribunal quiso asegurarse. "¿Está el procesado impedido o es esto una simulación?", preguntó a los forenses. La respuesta fue categórica: "El acusado está hidratado, la presión arterial es adecuada, está débil, pero en situación de asistir y contestar. Lo que le ocurre es por una actitud voluntaria de la que es consciente", dijeron.
Con los ojos cubiertos ("le molesta la luz", dijo la forense), Scilingo oyó la lectura de sus derechos: podía contestar, no contestar, no confesarse culpable. García Nicolás interpretó el silencio en que permaneció como negativa a contestar y dio paso a la fiscal, Dolores Delgado. La "acusación popular" pidió y obtuvo que, en el futuro, se escuche la grabación con la voz del acusado cuando declaró ante Garzón. No pasó más. La sesión se levantó y se reanudará el lunes.
El magistrado prometió trasladar el reclamo de asistencia a la embajada argentina. Y procurar lo necesario para escuchar en sala la voz de Scilingo frente a Garzón, cuando denunció y se imputó en los "vuelos de la muerte", en los que personas detenidas por la Armada eran arrojadas al mar.
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