
Scilingo negó su participación en los "vuelos de la muerte"
Lo hizo ante los jueces de la Audiencia Nacional de Madrid
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El ex capitán de la marina argentina Adolfo Scilingo abandonó ayer el silencio y la silla de ruedas en la que ingresó el viernes pasado en la sala de la Audiencia Nacional de Madrid, que lo juzga por delitos de genocidio, terrorismo y torturas. "Yo dije un montón de disparates, con la idea de que se investigara", afirmó el ex militar, con lo cual se desdijo de sus declaraciones anteriores en las que había asegurado haber participado en los "vuelos de la muerte", a fines de la década de los 70 e inicios de los 80.
Lejos de la actitud de semiconsciencia que mostró la semana pasada, aparentemente debido a la huelga de hambre que mantiene desde el 12 de diciembre último, Scilingo se comportó con bastante energía cuando expresó ante los jueces que era imposible que hubiera participado en los dos "vuelos de la muerte" de los que está acusado.
Adujo que cuando supuestamente se cumplieron, en las primeras quincenas de junio y agosto de 1977, él se encontraba internado en el Hospital Naval de Buenos Aires, primero, y de vacaciones en Bahía Blanca con su familia, después.
Agregó que presentará como pruebas los partes médicos del hospital y los partes diarios de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), a la que pertenecía, y en los que figuran sus vacaciones, según informaron las principales agencias internacionales.
Pese a calificar de "show y disparate" todo lo ocurrido desde sus primeras declaraciones, Scilingo admitió que vio cosas en la ESMA, aunque, según dijo, no participó en lo que allí ocurría. "Yo no era el genio de la ESMA como ustedes quieren hacer creer", testificó el ex marino, y aseguró que sólo fue jefe de electricistas en ese centro de detención y no formó parte de la unidad que cometió atrocidades.
Scilingo detalló además que en la ESMA "se aplicaban torturas con picana", aunque se preocupó por aclarar que "el único contacto concreto que tuve con estos hechos fue cuando me pidieron que arreglara una picana".
Scilingo, de 58 años, es el primer oficial argentino juzgado "en presencia" en el exterior por delitos de lesa humanidad ocurridos en la Argentina. En 1997 viajó de manera voluntaria a Madrid para prestar testimonio ante el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón. Scilingo confesó haber lanzado al mar a unas 30 personas drogadas y desnudas desde aviones de la Armada.
En noviembre de 1999, tras pasar algún tiempo en libertad provisional, el ex capitán se desdijo de su confesión y aseguró, por el contrario, que había inventado todo, como parte de una venganza personal contra Eduardo Massera, jefe de la Armada durante el primer tramo de la dictadura.
Pero ya era demasiado tarde: Garzón lo procesó por delitos de genocidio, tortura y terrorismo. La sala penal de la Audiencia Nacional, en tanto, había admitido un mes antes la competencia de la justicia española para juzgarlo.
Temor por su familia
La sesión de ayer comenzó a las 9.50 (hora argentina) con la lectura del informe del médico forense, que estableció que Scilingo estaba en condiciones de declarar.
El ex marino comenzó su exposición solicitando protección para su familia a ambos lados del Atlántico. "Pido que se le ponga custodia a mi familia en España y en la Argentina (...) Lo hago público porque el tema me tiene muy preocupado", solicitó dirigiéndose al presidente del tribunal, Fernando García Nicolás, luego de que éste diera por abierta la sesión, que duró 10 minutos por razones burocráticas, antes de ser continuada por la tarde.
El juicio seguirá mañana. Según esta previsto, a partir del 5 de febrero será el turno de las declaraciones de las 110 víctimas y referentes que residen en la Argentina y en México.
La acusación pide contra el ex represor 6626 años de cárcel por el concurso de 30 delitos de asesinato, 93 de lesiones, 255 de terrorismo y 286 de torturas.
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