Scioli defendió a Casal ante la presión de la Casa Rosada

Ordenó ratificar enfáticamente al ministro de Seguridad, al que el kirchnerismo quiere reemplazar
Ordenó ratificar enfáticamente al ministro de Seguridad, al que el kirchnerismo quiere reemplazar
Juan pablo Morales
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26 de febrero de 2011  

Daniel Scioli ordenó ayer iniciar el primer operativo público para resistir la embestida kirchnerista contra su política de seguridad. Por primera vez, el mandatario bonaerense instruyó a su gobierno para que hiciera una férrea defensa del funcionario provincial más resistido por la Casa Rosada: el ministro de Justicia y Seguridad, Ricardo Casal.

"La política de seguridad de Scioli es la que la sociedad reclama", dijo ayer, con especial énfasis, el jefe de Gabinete provincial, Alberto Pérez. Scioli había hablado con él a primera hora. Le pidió una misión urgente: dar "un mensaje claro" sobre el rumbo de su gobierno y responder el ataque de un nutrido grupo de dirigentes afines a la Casa Rosada, que cuestionan el poder creciente de "la policía represiva" y denuncian negocios entre Scioli y los empresarios Mario Montoto y Daniel Hadad. El espacio es encabezado, entre otros, por el diputado Martín Sabbatella, el ex funcionario León Arslanian y el periodista Horacio Verbitsky.

Pérez los señaló ayer con nombre y apellido. "Arslanian fracasó en sus dos intervenciones como ministro de Seguridad en los gobiernos de Felipe Solá y de Eduardo Duhalde", se quejó. Y agregó: "Muchos de los responsables de la inseguridad hoy son opinadores que quieren desmerecer el trabajo que encabeza Scioli, junto a Casal y su equipo". Al final, nombró a Verbitsky: "Es un periodista que muchas de las cosas que dice son falaces".

La disputa por la seguridad desembocó en otro inusitado y creciente contrapunto político entre Scioli y el Gobierno. Como informó ayer La Nacion, en La Plata acusan a la Casa Rosada de "alentar una embestida ideológica" contra Casal: Arslanian y Verbitsky hoy son hombres de consulta de la ministra de Seguridad nacional, Nilda Garré, con el dramático agregado de que la polémica por la gestión rebasó límites operativos y se mezcló también con la pelea electoral del PJ por las listas colectoras y hasta el espinoso conflicto docente, otros dos temas que mortifican al gobernador.

La inquietud de Scioli se encendió definitivamente el miércoles pasado. Fue cuando vio por TV al grupo de kirchneristas críticos en una conferencia en la Legislatura provincial. La habían convocado para forzar la salida de Casal. En primera fila, estaba Sabbatella, el diputado que tendrá una colectora y será candidato a gobernador bonaerense con aval de la Presidenta. También estaba Roberto Baradel, uno de los jefes sindicales de los maestros: se había ido de la disputada paritaria docente para asistir al encuentro kirchnerista. El líder de esa conferencia era Verbitsky.

Conocedor de las conexiones políticas, Alberto Pérez ayer intentó hacer visible lo que el sciolismo considera una contradicción de la Casa Rosada. Insistió en Arslanian: "No creo que nadie que esté con el Gobierno defienda las políticas del ex ministro de Solá o de Duhalde, que son claros adversarios del proyecto nacional y provincial".

Cambio de estrategia

El cambio de estrategia fue un plan decidido en el pináculo del poder provincial. Hasta ayer, Scioli había resistido a medias. Aceptó una purga policial interna a cambio de mantener al jefe de la fuerza, Juan Carlos Paggi, y a Casal. Después se había llamado a silencio. Incluso cuando un mensajero de la Casa Rosada le sugirió que, en lugar de su ministro protegido, pusiera a Martín Arias Duval, actual director de Migraciones y ex funcionario de Arslanian.

Casal supo de la avanzada y pidió más apoyo de Scioli. Incluso el mismo día de la polémica conferencia de prensa kirchnerista. Hubo incontables reuniones. También participó de las negocaciones Alberto Pérez. La polémica llegó hasta la Legislatura. Un grupo de diputados le hizo saber a Scioli que no podía dejar pasar que los críticos K se hubieran paseado sin dificultades por los despachos legislativos. Le apuntaron a Fernando Navarro ("Chino"), que también había estado en el cónclave (ver aparte).

La gobernación respondió rápido. Una alta fuente bonaerense anunció a La Nacion que ya ordenaron desmantelar una oficina especial que estaba reservada para Navarro. En marzo iba a instalarse para trabajar como presidente de la comisión de participación ciudadana. Sin despacho, ahora corre peligro su puesto.

En medio de las presiones cruzadas, el gobernador avanzó con el resto del plan: una forma, a su estilo, de no entregar un último bastión de frágil autonomía. "Les damos a Casal y van por todo", graficaba ayer un alto funcionario. El "todo" incluía también las colectoras y a la candidatura de Sabbatella, también crítico de Casal. El gobernador intentó dar otra señal con el avance de la reforma de la ley electoral, que limita la participación de las minorías internas. Quiere ser el protector de los intendentes rebeldes. Pero los "caciques" esperan algo más tajante: que directamente se plante en contra de las multicandidaturas. Sin embargo, Scioli espera, atento a otros detalles. Por ejemplo: el rol de Baradel. En La Plata, todavía se hacen preguntas: "¿Por qué tensó tanto la negociación salarial docente? ¿Por qué se sumó entusiasta a la tropa contra Casal?". Todos miran al Gobierno. Y dicen tener la respuesta.

En la mira de la Casa Rosada

Ricardo Casal. Sectores del kirchnerismo lo acusan de haber delegado excesivamente la política de seguridad en la policía bonaerense. En la semana, habría amagado con renunciar.

Alberto Pérez. El jefe de Gabinete de Scioli fue enfático en su defensa de Casal y muy crítico de los kirchneristas que lo acusan. Fue por orden del propio Scioli, que quiso dar una señal de fortaleza.

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