
Sospechoso de extorsión, renunció el juez Ricardo Ferrer
El magistrado platense, nieto de Balbín, elevó ayer su decisión a De la Rúa.
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LA PLATA.- Ayer por la mañana el doctor Ricardo Ferrer elevó su renuncia al cargo de juez federal en La Plata directamente al presidente de la Nación, Fernando de la Rúa.
La dimisión del doctor Ferrer fue, según dijo el renunciante a La Nación , "una decisión familiar, que me deja tranquilo".
La situación del juez Ferrer se había tornado crítica a partir del miércoles último, cuando este diario dio a conocer la denuncia que Torneos y Competencias (TyC) había formulado al respecto, imputándole una tentativa de extorsión (ver información aparte).
Ricardo Ferrer, nieto del fallecido dirigente radical Ricardo Balbín, tiene 47 años, es casado, padre de cuatro hijos y fue nombrado en el cargo el 4 de octubre de 1984, con acuerdo del Senado de la Nación y a propuesta del Poder Ejecutivo, en ese momento al mando de Raúl Alfonsín.
Si bien la decisión de presentar la renuncia fue "conversada" familiarmente, también es cierto que en el primer párrafo de su dimisión Ferrer expresó que se sentía traicionado. ¿Traicionado por quién?, fue la pregunta. "No lo sé aún -respondió- y no quiero investigar por ahora, para que no se diga que estorbo en el expediente."
"Sin presiones"
Desde hace una semana, era vox pópuli que el radicalismo iba a presionar al magistrado, ya que -para propios y extraños- Ricardo Balbín es el símbolo máximo de honestidad y de rectitud pública y privada de toda una época.
Aquí, en La Plata, los que recordaron el austero paso por la vida de El Chino Balbín apostaron al empujón: "Los radicales -fue la especulación- no podrán tragar un sapo de ese tamaño y van a presionar al nieto hasta que se vaya".
Pero Ferrer desmintió la especie. Su renuncia -aseguró- fue autónoma y sin presiones, "para que nadie pueda decir que me escudo en los fueros. Cuando De la Rúa la acepte, seré un ciudadano más a disposición de la justicia penal".
Además de insistir en su inocencia, Ferrer dejó caer preguntas como cargas de profundidad: "Yo fui lo aparente, lo visible, pero, ¿qué pasó con los contactos de televisación de los partidos?, ¿cómo está la obligación de pasarlos por el Canal 7?, ¿y qué ocurrió con unos 50.000 dólares que quedaron flotando en el aire y de los que nada se sabe...?
Sin embargo, así como muchos pensaron en presiones de la UCR, otros creyeron ver en la decisión de ayer una forma de poner distancia no sólo del jury, sino de las investigaciones de la Cámara Federal, organismo con el que nunca se llevó bien.
Viejo rencor
La Cámara, en lo que se consideró una extralimitación, no sólo había decidido actuar dentro de su competencia y labrar una causa administrativa sobre los presuntos agravios vertidos por Ferrer, sino que había resuelto investigar todo tema propio del Consejo de la Magistratura de la Nación.
Había un antiguo encono de Ferrer con algunos de los camaristas federales -concretamente Leopoldo Schiffrin y Alberto Durán- y, por los pasos ya dados, el cuerpo proyectaba, aparentemente, hacerlo pasar por las horcas caudinas, en un festín estrepitoso y mediático. Ferrer, "la vio venir", fue la conjetura dominante.
Si bien no se sabe realmente por qué fue, el primer choque que Schiffrin tuvo al ser nombrado camarista federal en La Plata fue con Ferrer.
El encono entre éste y Durán es más antiguo, de cuando el ahora camarista fue designado juez federal -por influjo de Eduardo Duhalde- y se corrigieron recíprocamente el rumbo en cuestiones específicas.
Según juristas consultados, el doctor Ferrer, que no ha tenido una activa militancia política, al dirigir la Fundación Ricardo Balbín, que funciona en lo que fue la casa familiar de su abuelo, "cargó sobre sus espaldas la responsabilidad no sólo de ser pulcro, honrado y austero, sino de ponerlo en evidencia y de mantenerse al margen de cualquier cuestión vidriosa".





