Temen los empresarios más poder sindical

No ven grandes cambios en la ley
Alejandro Rebossio
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25 de febrero de 2004  

El proyecto de ley de reforma laboral que ayer sancionó el Senado ha cosechado más críticas que elogios entre los empleadores. El sector privado considera que la futura norma encarece los costos laborales y concede más poder a las centrales sindicales en la negociación de los convenios de trabajo, pero los empresarios reconocen que tampoco modifica mucho y no les resultó tan desfavorable como temían.

El presidente de la Cámara Argentina de Comercio (CAC), Carlos de la Vega, destacó como positivo que se derogue la ley anterior porque "no había sido sancionada de manera transparente", en alusión a los supuestos sobornos que mediaron para que la Cámara alta aprobara el proyecto enviado por el gobierno de Fernando de la Rúa en 2000. No obstante, De la Vega enumeró una lista de objeciones al nuevo proyecto: "Introduce modificaciones que tienden a encarecer la relación laboral".

De la Vega señala que se "desnaturaliza" el período de prueba, al incorporarse el concepto de preaviso de despido. El presidente de la CAC lamentó que se aumenten las cargas de la seguridad social con la eliminación de algunas rebajas vigentes para quienes empleen a menores de 25 años y mayores de 40. Este beneficio quedará sólo para las pymes de menos de 80 trabajadores.

Inquietud

"Se refuerza la estructura sindical al conferírsele más atribuciones en la negociación de los convenios por empresa", alertó De la Vega. Este temor del dirigente al "reforzamiento del papel de las centrales sindicales" apunta a que la futura ley establece que los convenios podrán ser nacionales, regionales o locales, de actividad, intersectoriales o por ramas, pero tendrá preeminencia el más beneficioso para el trabajador.

Una alta autoridad de la Unión Industrial Argentina (UIA) también le teme a la negociación con "la cúpula sindical, haciendo inútiles los convenios por empresa". Este empresario, que prefirió guardar el anonimato, opinó que este aspecto resulta "peor" que el de la ultraactividad, que consiste en que los acuerdos entre el sector privado y el gremio siguen vigentes hasta que se negocien los nuevos.

Pese a las objeciones, el presidente de una cámara empresarial admitió, con expreso pedido de preservar su identidad, que, "siendo un gobierno peronista y con ansias de reforzar su poder, la ley podría haber sido un desastre, y no lo es".

Otro alto directivo del sector industrial calificó la iniciativa del Gobierno como "ni buena ni mala, no resta mucho ni genera nada, no es el fin del mundo".

"La ley será bastante similar a la que estaba", apreció el vicepresidente de la Cámara Argentina de la Construcción, Monid Madcur.

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