
Un derroche de elegancia menemista
El ex presidente y su esposa estrenaron impecables modelos en una celebración donde brilló el lujo
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LA RIOJA.- Y finalmente dieron el sí, brillante si hay que juzgarlo por la ropa que eligieron para su casamiento de mediodía, soleado, pero también caldeado por la desigualdad de oportunidades que los medios tuvieron para su cobertura.
Brillante Carlos Menem, que, lejos del traje azul, eligió otro sedificado en uno de esos colores de hoy, prácticamente indefinibles (¿verde tirando a oliva, marrón verdoso, mostaza amarronado?), al que, bien en su estilo, combinó con corbata fantasía al tono, discreta por cierto, y camisa amarilla. Los zapatos, marrones. En el anular, anillo de oro en formato sello, que ostenta una importante piedra negra. La sonrisa, permanente.
Y brillante Cecilia Bolocco en su conjunto de color champagne en seda tornasolada de vestido a la rodilla y chaqueta larga, de ruedo irregular (con corte tipo quilla en la delantera y remate más largo detrás) e importante, y seguramente caluroso, cuello de tules informalmente arrebujados.
Un invento de último momento de la colombiana Silvia Tcherassi, desde hace un año su diseñadora preferida. Es que la Ceci, la Chechi o la Chechu, como algunos la llaman y otros imaginan que la llaman, no tuvo más remedio que dejar colgado su vestido de novia inicial, de tono campestre, pensado para dar un sí algo más telúrico en La Rosadita, de Anillaco.
"Parece una reina", acertó una de las tantas vecinas que se dieron por invitadas, aunque más no fuese detrás de las vallas, al convite en la residencia de los gobernadores, donde se realizó la ceremonia. Bien maquillada, con el pelo casi hasta la cintura (obra y gracia de las famosas extensiones), aros breves y tan brillantes como los múltiples broches-mariposa que revoloteaban por su cabeza, Bolocco despertó suspiros riojanos y uno que otro porteño cuando, después de mucho hacerse esperar, apareció del brazo de su flamante marido.
Sin llegar a tanto, a la corona que así no más le atribuyó la señora, es cierto que el Bolocco-marriage-style tuvo mucho más de principesco que de despojado. Y no varió con el transcurso de las horas: si hasta cuando debió rendirle honores al locro (en el Polideportivo, con platea popular) se quedó, pese a que el cemento recalentaba, con la chaqueta puesta. Y con el rosario en la mano y el ramo, que, como Dios manda, después hizo volar. Menos mal.
Todos los looks
¿Pizza y champagne en la fiesta más privada? No, empanadas y vino. Menem en una celebración calificada por Beatriz Gutiérrez Walker, ex secretaria de Cultura de la Nación, de "sencilla, emotiva y elegante". Una reunión con pocas caras conocidas, más allá del círculo cercano al ex presidente, y con looks para todos los gustos.
Sonriente, a diferencia de muchos otros, que en el sector de acceso prácticamente patotearon a los periodistas acelerando sus 4x4, la diputada Martha Alarcia dejó en claro que, para ella, el cuero está de moda, si es pespunteado, mejor, y con botas en croco brillante, mucho mejor todavía.
Poco que ver con el estilo sobrio y casi urbano elegido por Rosemarie Bolocco, madre de Cecilia (en discreto tailleur gris jaspeado) o con el difícil, muy difícil, traje estampado en fucsia y violeta que ajustó hasta lo imposible a la señora de Spadone.
Ni qué hablar del tailleur rosa intenso seleccionado de su extenso guardarropa por la chilena Jimena Campbell, manager de la recién casada, que no contenta con su explosión de color agregó en la solapa floripondio al tono. ¿Susana Valente? Arriesgada, sí señores, de blusa verde loro con pelotitas incrustadas, sospechosa de haber sido adquirida en la boutique de un par de jóvenes diseñadores.
En esta convivencia de estaciones, las pieles (sacones de visón y detalles peludos en cuellos y puños de tapados) se codearon con vestidos dignos del verano riojano (que bien puede alcanzar los 50 grados), como el de Diana, hermana de la novia, que asomó con un modelo de gasa livianísimo y ni siquiera se acordó de ponerse las medias.
Ni muy muy ni tan tan, Claudia Bello tampoco se perdió el ágape; el toque sexy, en este caso, pasó por el pelo suelto y a puro brushing, que acompañó con traje verde pastel. A su turno, fue una de las primeras en saludar a los novios.
Entre unas, otras y las demás, mucha cartera Chanel, chales de todo tipo y especie, paillettes a full o en detalles y, en general, más pollera que pantalón. Pero nada como el modelo de encaje colorado rabioso en el que se introdujo la señora Mellino, cuyo marido (según confesó, muy cercano a Menem) también innovó: esmoquin con moño de seda azul casi eléctrico.
¿Otra de muchachos menemistas? Sí, los pesados anillos de oro y las pulseras cadena en el mismo material. Un lujo.
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