Un gobierno con vocación y condiciones para jugar a fondo

Alejandro Catterberg
Alejandro Catterberg PARA LA NACION
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8 de enero de 2017  

Finalmente, la agitación que se esperaba en diciembre se produjo en la política y no en las calles. En efecto, el último mes del 2016 fue escenario de una escalada de tensiones políticas que giraron sobre diversos ejes, como la reforma del impuesto a las ganancias, la causa judicial contra Milagro Sala y su repercusión internacional, los cambios en el Gabinete nacional, la explicitación del acuerdo electoral entre Margarita Stolbizer y Sergio Massa y los avances judiciales en causas que involucran a Cristina Kirchner.

Si quedaba algún despistado que no tenía en claro las relaciones de fuerza dentro del Gobierno, diciembre las dejó en evidencia. A las manifestaciones semipúblicas de Mauricio Macri durante la reunión de gabinete ampliado le siguieron los hechos concretos: la Jefatura de Gabinete impuso su visión de cómo debe organizarse la administración de las carteras económicas, ubicando a un ministro afín con vocación de trabajar coordinadamente y sin aspiraciones personales en la política electoral. De ahora en más, el Gobierno no tendrá un manejo de la economía más fragmentado -como algunos sostienen debido a la división del Ministerio de Hacienda y Finanzas-, sino que habrá un proceso de tomas de decisión donde el mando está más claro y la comunicación interna y externa será más coherente y organizada.

Pese a algunos traspiés, el gobierno nacional logró atravesar exitosamente este fin de año. Para ello, reforzó acuerdos con el sindicalismo, los movimientos sociales y un importante grupo de gobernadores. Esto le permitió sancionar una reforma en Ganancias más cercana a sus deseos que a los de la oposición, mientras las calles estuvieron ajenas de saqueos o violencia social. A su vez, los cambios en el gabinete se realizaron sin provocar mayores consecuencias ni alteraciones en los mercados. La reacción de Elisa Carrió y del propio Prat-Gay fue positiva y no abrió un foco de conflicto. El Presidente dio un claro gesto de mando que tranquilizó y ordenó a sectores que les atribuyen a esas señales una enorme importancia. Asimismo, el blanqueo de capitales superó las expectativas de casi todos los especialistas y podrá seguir aportando buenas noticias en los próximos meses.

En términos de opinión pública, Mauricio Macri culmina su primer año de gestión con un nivel de aprobación del 55%. Casi un 60% de los argentinos considera que el Gobierno sabe cómo resolver los problemas del país pero necesita tiempo. El respaldo social a la gestión macrista se basa en la existencia de expectativas de mejora a futuro -el año finalizó con un 52% de la población afirmando que el país estará mejor en este año contra un 27% que cree que empeorará- consolidando la tendencia de todo el 2016.

Considerando las fuertes dificultades económicas que enfrentó el Gobierno en su primer año, son números más que aceptables, que a su vez son compartidos por los círculos de mayor influencia y poder en la sociedad, como muestra la encuesta a líderes de opinión de Poliarquía Consultores que hoy publica en exclusiva la nacion. En efecto, entre el denominado "círculo rojo" las expectativas de un 2017 mejor alcanzan el 73%, mientras que la aprobación presidencial asciende a 71%.

Estamos en el comienzo de un año donde muy probablemente la economía mostrará un desempeño mejor al de 2016, la inflación descenderá, los salarios recuperarán poder adquisitivo, el financiamiento seguirá disponible para evitar ajustes fiscales fuertes y la obra pública pasará de las presentaciones de PowerPoint a la calle. Sobre estas condiciones, el gobierno nacional planea jugar a fondo en la contienda electoral. Cuenta además con vocación, recursos financieros y simbólicos y el método para hacerlo.

Será, de todos modos, un camino lleno de desafíos. Si se produjeran conflictos relevantes al interior de Cambiemos, o si el peronismo logra unificar su propuesta electoral (fundamentalmente en la provincia de Buenos Aires), o si la recuperación económica queda en el plano macro y las familias no lo sienten en su capacidad de consumo, la elección legislativa de 2017 puede hacerse cuesta arriba para el gobierno de Mauricio Macri.

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