
Un guardián camporista del silencio informativo
Norberto Berner llegó a titular de la IGJ para que no se filtren datos clave
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En cuanto asumió como nuevo jefe de la IGJ, Norberto Berner clarificó su premisa: "Vengo con la expectativa de contribuir a que la Inspección General de Justicia sirva a la profundización del proyecto nacional, popular y democrático que cambió la historia de la Argentina". Y lo hizo: su primera circular fue para restringir el acceso público a la información societaria, en medio del "caso Ciccone".
Hijo de un militante montonero desaparecido, su madre fue detenida, pero sobrevivió. Desde entonces, Berner emprendió una marcha personal y política, que lo llevó a recuperar su apellido, luego a abandonar su antiperonismo adolescente, a militar en Hijos y unir fuerzas con los que liderarían La Cámpora: Eduardo "Wado" de Pedro, Andrés "El Cuervo" Larroque y Julián Álvarez.
Estudiante en la UBA, se integró a la agrupación NBI (Necesidades Básicas Insatisfechas). Allí frenó la renovación del nombramiento del ex ministro de Economía de la dictadura José María Dagnino Pastore, como profesor de posgrado. De esa confrontación, y de las represalias contra su compañero de la NBI, Mariano Recalde, extrajo enseñanzas. También de sus vivencias callejeras, que no obvió al asumir en la IGJ.
"Soy parte de la juventud militante de la generación del Bicentenario; soy de los que tiramos piedras en los ’90 y hoy levantamos banderas y consignas de esperanza", celebró con el ministro de Justicia, Julio Alak, de testigo, aunque sus verdaderos jefes son Julián Álvarez, y el subsecretario de Coordinación y Control Registral, Ernesto Kreplak.
Bajo ese paraguas, Berner comenzó a colocar a militantes de La Cámpora en la IGJ, a remover funcionarios de carrera y a rechazar pedidos de informes sobre el caso Ciccone. Pero facilitó los legajos de las 1000 empresas más importantes del país al Ministerio de Economía fuera de los canales formales. Asumió la supervisión de los expedientes de The Old Fund, Ciccone Calcográfica, London Supply y de Madres de Plaza de Mayo.
Con Álvarez y con De Pedro, "el Gordo", como lo apodan sus amigos, trabajó en el sector privado, una vez recibido de abogado en 2004, al tiempo que enseñó en la UBA, en la cátedra de Teoría General y Filosofía del Derecho. Siempre trabajó. Desde los 17 como cadete en un estudio, luego en la Dirección de Deportes del gobierno porteño entre 2001 y 2002, después en la Dirección de Protección del Trabajo (2005-2006), en el instituto que controla las cooperativas (Inaes, entre 2007 y 2009), en el Ministerio de Desarrollo Social, como director del programa Argentina Trabaja y, en 2010, en la Anses. Desde allí, se encumbró como uno de los directores, por el Estado, de Telecom, tras la estatización de las AFJP. Fue el primero que en una reunión de directorio dijo que las ganancias debían ir a una reserva para futuras inversiones.
Ferviente defensor de la Presidenta, a quien define como "el mejor cuadro de los últimos 50 años", Berner suele repetir que ser hijo de un desaparecido no le aporta una plusvalía para debatir o practicar la política. "Uno vale por lo que es y no por la historia". Desde la IGJ, hace la suya.
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