
Un juego perverso de dependencia mutua
Se trata de un juego casi perverso de necesidades mutuas de caja y de las obligaciones propias del poder. La Casa Rosada depende política y financieramente tanto de los gobernadores como éstos de la Presidenta. Ni los unos ni los otros harán nada que haga peligrar esa alianza de oro que garantiza sus propias existencias.
Cristina Kirchner conoce perfectamente este juego porque lo vivió durante los 20 años que Néstor Kirchner manejó Santa Cruz. Luego ejercitó este mecanismo de toma y daca desde que, en 2003, el matrimonio llegó a la Casa Rosada. El único fin que busca la Presidenta en su vínculo con los gobernadores es mantener cohesionado su poder a nivel nacional.
El sábado 31 del actual vence el período de gracia que el Poder Ejecutivo les concedió a los gobernadores para liberarlos del pago de sus deudas con la Nación. Y los montos en rojo no son menores: sólo en 2012 los mandatarios provinciales deberán pagar 22.000 millones de pesos.
Los gobernadores confían en que la Presidenta prorrogará el plazo de vencimiento de deudas por un año y empezará a establecer un esquema de refinanciación de pagos. En el caso de que no se les conceda esta posibilidad, son varias las provincias que estarán en severos problemas de caja el año que viene.
Sin embargo, en los últimos días hubo señales concretas de que la Casa Rosada no dejará que la sangre llegue al río. El gesto más palpable es que el proyecto de presupuesto 2012 que ya aprobó Diputados y comienza a tratar hoy el Senado contempla un fondo específico tendiente a auxiliar una parte de las deudas provinciales.
Pero hay otros mensajes que ya emitió Cristina Kirchner en virtud de mantener este juego perverso que les permitirá mantener a los gobernadores como rehenes y a la vez éstos seguirán apoyando su proyecto "nacional y popular".
Encuentro
La semana pasada Juan Carlos Mazzón, operador político histórico del PJ, reunió en Costa Salguero a gobernadores e intendentes de peso del peronismo. Allí transmitió varios mensajes por descifrar: deslizó que la Casa Rosada renegociará las deudas provinciales en 2012; pidió un alineamiento automático con la Presidenta ante los ataques del jefe de la CGT, Hugo Moyano, y juró que por más juventud camporista que haya Cristina Kirchner no abandonará al PJ.
"Fue una reunión para calmar ansiedades con mucho discurso peronista y creo que lo lograron", comentó a LA NACION uno de los gobernadores que estuvo en el encuentro donde que Mazzón abundó en elogios a los mandatarios provinciales y desplegó promesas varias a futuro.
Pero más allá de aquella retórica peronista hay elementos esenciales que indican que la Nación seguirá sustentando el rojo de las provincias el año que viene: Cristina Kirchner depende de las administraciones provinciales para seguir con su plan de crecimiento económico y evitar el impacto de la crisis financiera en los países desarrollados.
Un detallado estudio que hizo la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), que preside Marcelo Elizondo, señala que 2012 será un año difícil para que la Argentina mantenga sus niveles de competitividad y crecimiento. Pero el trabajo al que accedió LA NACION dice que precisamente son las provincias las que lideran los complejos productivos-exportadores tendientes a enfrentar un panorama de incertidumbre. El estudio de DNI señala que por lo menos 12 provincias son las que encabezan las exportaciones de aceites vegetales, acero, golosinas, productos de laboratorios y automóviles. Algunos ejemplos: Santa Fe concentra el 54% de la producción sojera exportable; Buenos Aires genera el 65% del total de las exportaciones de la industria automotriz; Chubut y Santa Cruz concentran el 48% de la producción de gas y petróleo, y entre San Juan, Catamarca y Santa Cruz producen casi toda la minería exportable del país.
¿Por qué la Presidenta habría de ahogar financieramente a estas provincias cuando más las necesitará para enfrentar nubarrones económicos mundiales? Sería como matar a la gallina de los huevos de oro.
El esquema de presión y dependencia es quizá la mejor lección que Cristina aprendió de Néstor Kirchner en política y que se supone jamás olvidará. Es una de las razones centrales de la subsistencia de su modelo.





