
Un nuevo fracaso que nadie dice cuánto costó
Su esposa y jefa de campaña, Olga Riutort, está inhallable
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CORDOBA.- Los gastos que insumieron los siete meses de campaña electoral de José Manuel de la Sota y su sueño de lograr la candidatura presidencial justicialista son, por el momento, un secreto celosamente guardado por quien fue su jefa de campaña, Olga Riutort, y esposa.
El día después del renunciamiento anunciado por el gobernador cordobés nadie quiso dar esa información ni arriesgar cifras. "Eso lo manejó la jefatura de campaña y tienen que preguntarle a la señora Riutort", se desentendió un dirigente que estuvo en la primera línea de la acción proselitista.
Tampoco el ministro de Obras Públicas, Carlos Caserio, que participó en esa empresa, se manifestó en condiciones de revelar la erogación realizada. "No la conozco", afirmó, y aclaró que su tarea estuvo exclusivamente destinada a organizar la actividad política del precandidato presidencial.
Por su parte, Olga Riutort desapareció de la escena. Antes habitaba las oficinas de la sede gubernamental, en su carácter de secretaria general de la Gobernación, pero el año pasado abandonó el cargo para manejar la caja de la campaña de su marido. Ahora resulta muy difícil tomar contacto con ella para pedirle que rinda cuentas.
Tampoco la página de Internet abierta durante la campaña tiene los datos finales de los gastos. Sólo se cuenta que hasta octubre último los aportes recibidos por la Asociación Civil De la Sota Presidente de parte de empresas o particulares ascendían a $ 2.035.000, de los cuales se habían pagado hasta entonces $ 1.372.384,70 "a empresas de publicidad". A esa cifra deberán agregarse los viajes, actos y publicidad realizados con posterioridad.
Fracasos electorales
Si bien en el círculo íntimo de De la Sota no se admite que la declinación de la precandidatura haya sido un fracaso, es cierto que su figura no llegó a prender ni siquiera en el espectro peronista nacional: las encuestas siempre lo mostraron con un nivel de preferencias muy bajo.
Sus fieles consideran que el paso al costado fue muy positivo porque "se despega de un proceso manoseado en el que no se harán las internas por las que él luchó". Además, sostienen que si continuaba debía pelear contra los aparatos de Carlos Menem y de Eduardo Duhalde, y que llevaba todas las de perder.
Convencido de ello y ante el retiro del apoyo de Duhalde, así como el deterioro de su poder en Córdoba, no le quedaba otro camino. En diciembre dejó de hacer campaña y comenzó a crecer el rumor de su declinación.
Esta no es la primera vez que el cordobés sufre la frustración de quedar a mitad de camino. La primera gran derrota política la sufrió en 1983, cuando perdió la elección para intendente de Córdoba en manos del radical Ramón Mestre.
En aquella primera experiencia electoral a De la Sota le costó digerir el mal trago: con poco más de 30 años de edad era un dirigente impulsivo y belicoso, tanto que se presentó en un canal de televisión para quejarse porque un sondeo en boca de urna lo daba perdedor antes que se contaran los votos, mientras él estaba convencido de que sería el triunfador. La verdad de las urnas le puso los pies sobre la tierra.
Pero nunca bajó los brazos. En 1987 enfrentó al por entonces líder radical Eduardo Angeloz, consagrado gobernador en 1983 y que iba por su primera reelección.
Otra vez le tocó perder, a pesar de que cosechó un alto número de votos, cercano al 47 por ciento. Pero la elección se polarizó y Angeloz le ganó con más del 50 por ciento de los sufragios.
Al año siguiente, De la Sota tuvo activa militancia en la "renovación peronista" y se arriesgó a competir en la interna justicialista por la vicepresidencia de la Nación como compañero de fórmula de Antonio Cafiero. Otra vez chocó con el fracaso. Enfrente tuvo a Carlos Menem, que consiguió la candidatura hasta con los votos del poderoso distrito bonaerense al que pertenecía Cafiero.
En 1991, De la Sota volvió a desafiar a Angeloz, y tampoco pudo bajarlo del poder y cayó derrotado.
En la siguiente elección para gobernador (1995) optó por no competir. Entonces fue la fórmula Guillermo Johnson-Oscar González la que sucumbió ante Mestre. De la Sota, en tanto, prefirió asegurarse una banca de senador nacional.
Sin embargo, la gestión de Mestre despertó rechazos por los duros ajustes que se vio obligado a imponer y por la dureza de su carácter, que no sabía de diálogos ni consensos.
Esa situación fue rápidamente capitalizada por De la Sota, con un discurso conciliador y promesas bien vistas por la gente, como la rebaja del 30 por ciento en los impuestos.
Así fue como 15 años después de la derrota por la intendencia, De la Sota tuvo su revancha con Mestre y accedió a la gobernación.
A pesar de este extenso derrotero, sus operadores confían que en la primera semana de febrero se lanzará por la reelección en los comicios previstos para el 8 de junio próximo.





