
Un proceso prolijo, entre togas y pelucas
Intimidades del juicio en La Haya
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LA HAYA (De un enviado especial).- En medio de la formalidad habitual en estos casos, los magistrados van con sus togas, con la sala de audiencias de pie en sus entradas y salidas en prolija fila india.
Los abogados extranjeros que fueron convocados por las partes visten a la usanza de los juicios en sus respectivos países: con peluca blanca y toga negra los británicos Philippe Sands (Argentina) y Alan Boyle (Uruguay); con toga de color morado, la suiza Laurence Boisson de Chazournes y el argentino, radicado en Ginebra, Marcelo Kohen (Argentina), y el italiano Luigi Condorelli (Uruguay), y con jacquet gris y pantalones a rayas el norteamericano Paul Reichler (Uruguay).
En la delegación uruguaya está Rosario Pou, pariente de la senadora Julia Pou y de su marido, el ex presidente Luis Lacalle, del Partido Blanco, y ex vicepresidenta de Celulosas de M Bopicuá, del grupo ENCE. "Estaba de vacaciones en Europa y me sumé a la delegación", dijo a LA NACION, algo evasiva, y se perdió entre la multitud que salía de la sala de audiencias.
En el portón de entrada y en la puerta principal es necesario pasar por dos detectores de metales. En el interior del edificio, dos salas fueron acondicionadas con pantallas de plasma y servicio de audio individual en inglés o en francés. La consigna: ser silencioso, regla no siempre respetada.
Silencio en las calles
En general, La Haya, al igual que Bruselas y Washington DC, es una ciudad silenciosa en la cual una bocina o una sirena pueden alterar los nervios.
Por las calles hay cuatro vías: la de los tranvías, la de los coches, la de las bicicletas y la de los peatones. La gente es respetuosa de los semáforos, pero guay de aquel que, desprevenido, se detenga en la bicisenda: puede ser insultado en fino holandés.
Dentro del tribunal, el silencio no desentona. Tampoco la puntualidad: si uno no llega a horario después de los recesos para el café (10 minutos exactos) o para el almuerzo (dos horas ayer y cuatro horas hoy), se queda fuera de la sala, excepto que se haga amigo del guardia. En estas circunstancias, algo así como hacerse amigo del juez.





