
Un texto escrito por "cansancio moral"
El siguiente es el texto completo de la carta de renuncia a su condición de diputado nacional que Guillermo Francos, jefe del bloque de Acción por la República, dirigió ayer al presidente de la Cámara de Diputados, Rafael Pascual.
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Señor presidente de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación:
Me dirijo a usted en mi carácter de diputado de la Nación, con el objeto de elevar la renuncia a mi banca, lo que formalizo con la presente.
Al tomar una decisión trascendental para mi persona, y atendiendo a la responsabilidades propias de mi representación política, debo expresar lealmente las causas que motivan mi renuncia.
Dejar la actividad pública para volver a la privada ha representado una difícil decisión, que ha tensionado mi espíritu, generando una profunda introspección y un examen realista del medio político en el que se inserta mi gestión como diputado.
Hoy, el deterioro institucional es de tal magnitud que cuando todavía no se han establecido las responsabilidades ni se han adoptado las necesarias decisiones políticas por el escándalo del soborno en el Senado y cuando aún no se acallan los cuestionamientos y sospechas sobre el juez interviniente en la investigación, recobra actualidad el bochorno de coimas pagadas a legisladores en el proceso de sanción de la ley de patentes, denunciado en su momento por el líder de mi partido y reconocido por un miembro de nuestra propia Cámara ante personas que lo han hecho público y me merecen fe.
En este caso también se reclamará que la Justicia investigue hasta las últimas consecuencias y seguramente una vez más no habrá respuesta.
Los acontecimientos políticos que han conmovido a la Nación, sumiendo en la sospecha y el desprestigio a la actividad política, con gravísimo deterioro de la dignidad de los poderes de la República, ha producido a mi ánimo un estado semejante al que aquel gran presidente de la Corte Suprema, Alfredo Orgaz, al renunciar a su cargo (en julio de 1958), describió como "cansancio moral".
No pretendo servirme de la célebre expresión de Orgaz, pero debo decir a usted con franqueza que lo que mi espíritu experimenta en este momento no es otra cosa que un cansancio moral.
Dejar la banca de diputado no significa alejarme de la vida política, en la que seguiré manteniendo mis responsabilidades y lealtades actuales.
Pero advierto la necesidad de una profunda renovación política en la Argentina, que no se satisface con actitudes tibias o sacando las castañas del fuego.
Siento que mi Patria está en una pendiente de decadencia en todos los órdenes.
La veo perdiendo las cualidades distintivas que la hacían ser por sus valores; por su cultura; por la ciencia que se desarrollaba en sus universidades y laboratorios de investigación científica, por su estructura social, por su poderosa economía, y por sus usos y costumbres, algo así como un faro de civilización que iluminaba a América latina y generaba respeto en el Mundo.
Creo que ése será, sin embargo, el verdadero destino de la Argentina, y como simple ciudadano orientaré mi actividad a ese objetivo.
Sé que ello no será posible con estructuras políticas corruptas, sospechadas de venalidad, y sumergidas en el descrédito.
Y no quiero participar, con mi presencia, de semejante siniestro institucional y político.
Aunque respeto la actitud de mis colegas que se quedan a dar la pelea desde sus bancas, representando al partido en el cual me mantengo lealmente.
Solicitándole que dé trámite a mi renuncia, le saludo muy atentamente.





