
Una presentación sin protocolo ni rispideces
Kirchner pidió a los obispos que lo ayuden Destacó la labor social de Caritas y dijo que la Iglesia es rectora de su pensamiento Hubo coincidencias y promesas de coordinar esfuerzos El tema de extradiciones no se tocó
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Apenas terminaron las formalidades de la presentación, Néstor Kirchner empezó su primer diálogo ante la conducción del Episcopado con una frase que en el contexto sonó a confesión: "Soy católico, pero no un practicante habitual como mi hermana o mi madre".
Los obispos no se sorprendieron; conocían la costumbre del Presidente de romper las formas del protocolo.
Durante los 45 minutos siguientes, Kirchner enumeró sus preocupaciones sociales, destacó la labor de Caritas y dijo que la Iglesia es "rectora de su pensamiento", relataron dos testigos del encuentro.
El Gobierno y el Episcopado destacaron luego el carácter franco de la conversación. Quedaron atrás las suspicacias previas que difundieron algunas fuentes eclesiásticas por la tardanza del primer contacto de la cúpula de la Iglesia con el nuevo jefe de Estado, agregaron las fuentes.
Cerca de las 11, llegaron al despacho presidencial de la Casa Rosada el titular del Episcopado, Eduardo Mirás; el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergogolio; el arzobispo de Corrientes, Domingo Castagna; y el obispo auxiliar de Rosario, Sergio Fenoy. Kirchner los esperaba con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, el ministro del Interior, Aníbal Fernández, y el secretario de Culto, Guillermo Oliveri.
"Quiero que trabajemos codo con codo para encontrar soluciones al flagelo de la pobreza y la exclusión", dijo Kirchner a poco de empezar.
Añadió que se acabó "el tiempo de los mesianismos" y opinó que "sólo entre todos" se puede levantar el país.
Había cierta tensión en el aire. Kirchner sabe que en la Iglesia preocupa la intención oficial de que se reabran los juicios contra militares por violaciones a los derechos humanos.
Monseñor Mirás tomó la palabra al promediar la charla y, con diplomacia, distendió el clima. "Usted sabe que la tarea de la Iglesia es pastoral y roza lo político tangencialmente. No venimos a opinar de temas específicos de la gestión", indicó.
Fue lo más cerca que se estuvo de hablar de las Fuerzas Armadas. Miras afirmó luego, en conferencia de prensa, que no se trató la cuestión. Lo mismo contó Oliveri.
"Salida elegante"
Frente a los periodistas, Mirás pediría -a título personal- evitar "los extremos de la impunidad y de la venganza". En el Gobierno lo consideraron "una salida elegante" del obispo.
En el despacho presidencial, la crisis social dominó la charla. Bergoglio expresó su preocupación por la situación de pobreza extrema en la que viven millones de ancianos y jóvenes.
Kirchner relató entonces lo que vio en sus visitas a barriadas pobres del conurbano y a pueblos del interior. "Es impresionante la desigualdad entre el norte y el sur del país. Tenemos que lograr equidad en la distribución de la riqueza", sostuvo. Los obispos describieron postales de ese drama.
También hubo coincidencia en que la educación, la salud y la ayuda social deben ser puntales de la administración pública.
"Tienen todos los canales abiertos con mis ministros", señaló Kirchner, al despedir a los obispos. Y se permitió otra gambeta al protocolo: "Cuando quieran invitarme a tomar un café, me avisan y voy a verlos".
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