
Una puesta en escena para dejar claro que ya está bien de salud
"Quiero llevarles tranquilidad", dijo Cristina Kirchner, y negó haber sufrido un desmayo
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Volvió a la escena pública, habló de su lipotimia y aclaró que no se había desmayado. Tuvo a mano, todo el tiempo, una botella de una bebida amarilla con nutrientes y sales minerales. Así fue la reaparición de la presidenta Cristina Kirchner después de casi una semana de reposo por la baja de presión que sufrió el jueves pasado y que la obligó a cancelar todas sus actividades, incluida su gira por Cuba y Venezuela.
A las 12.03, se vio por las pantallas de plasma desplegadas en el auditorio de Olivos su primera imagen: iba conversando por los jardines de la residencia con el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti. Poco después le tocó pasar a dar su discurso.
"He leído muchas cosas en los medios acerca de qué me aquejaba y quiero darles la tranquilidad de que nunca tuve ningún desmayo", dijo al principio, parada frente al atril transparente colocado a un costado. Habló durante media hora.
De buen semblante, vestida de traje de pantalón color crudo y una musculosa blanca, Cristina Kirchner dedicó los primeros minutos de su discurso a hablar de su salud.
Desmintió así las palabras que anteayer, y por Radio Continental, había dicho el diputado nacional José Díaz Bancalari (tras haberla visto contó que la Presidenta le había contado su "desmayo"). Lo mismo había transmitido a LA NACION el sábado pasado una alta fuente de la Casa Rosada. Pasada esa aclaración, agregó: "Sí es cierto que soy una hipotensa crónica; de esto pueden dar fe los enfermeros y los médicos que cada tanto me toman la presión".
Con su habitual maquillaje y su pelo bien alisado, Cristina Kirchner destacó que su salud se había agravado por una deshidratación. "Lo que pasa es que ahora un cuadro de deshidratación fue lo que provocó el hecho de que no me pudieran levantar durante unos días la tensión y entonces tuviera que tener reposo", amplió.
La Presidenta contó que quería hacer la aclaración sobre su estado de salud "para evitar cualquier tipo de especulación". Y agregó: "Además, porque es mi obligación como Presidenta dar cuenta de lo que me pasó". Pero minutos después, cuando los periodistas lograron acercarse a ella una vez terminado el acto, se mostró molesta. Ante una consulta de LA NACION, Cristina Kirchner eludió contestar y, con tono sarcástico, se burló repitiendo con voz aguda la pregunta. "Estamos hablando de los terneros overos y ella me pregunta: «Presidenta, el episodio de su salud...»", cortó en seco ante el resto de los cronistas, agolpados a su alrededor. Enseguida, otro periodista insistió: "Ya aclaró que no se desmayó, pero queremos saber si está bien", le consultó. "¿Y vos cómo ves?", inquirió la Presidenta, y se dio vuelta.
Del otro lado, un enjambre de cámaras y cronistas volvió a encontrarla. Sin escapatoria, relató que su presión le había caído a 5/6 cuando habitualmente en ella es de 7/9. Otra consulta la molestó: "Ahora toma Gatorade, como Bilardo", afirmó un cronista. "¿Cómo sabés lo que tomo si le saqué la etiqueta?", replicó.
En su discurso, Cristina Kirchner admitió que también la había afectado el exceso de trabajo. "Es cierto que mucha actividad contribuyó, el calor. Soy una pingüina; no se olviden", explicó. Pero luego advirtió: "Soy la presidenta los 365 días del año".
El Gobierno armó ayer toda una puesta en escena para la reaparición presidencial. Cuando ella entró en el gran salón, con cerca de 100 invitados entre empresarios y funcionarios municipales de todo el país, todos se pusieron de pie para aplaudirla. Los flashes convirtieron el momento en un único chillido ensordecedor.
La situación con los fotógrafos terminó mal. Mientras la Presidenta salía del quincho, una avalancha humana se lo impidió por un instante: cayeron como fichas de dominó varios fotógrafos y camarógrafos. "¡Cuidado!", gritó la Presidenta, y se fue a paso acelerado.



