
Una queja que llegó hasta Olivos
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Desde las 22.30, las cacerolas se hicieron oir en la avenida Maipú frente a la residencia presidencial de Olivos, en cuyo interior Eduardo Duhalde cerraba una jornada agitada de intensas reuniones en procura de alcanzar alianzas para superar la crisis económica nacional.
A medianoche, los iniciales 500 vecinos enojados por las medidas económicas restrictivas se habían convertido en más de 4000 que ocupaban toda la arteria en un frente de más de 200 metros, entre las calles Carlos Villate y Malaver.
Mientras algunos manifestantes golpeaban el gran portón de la avenida Maipú, Eduardo Duhalde tomaba conocimiento, en el interior de la quinta oficial, de que había estallado un nuevo y masivo cacerolazo en Buenos Aires.
El secretario de Seguridad Interior, Juan José Alvarez, seguía anoche los acontecimientos desde el Departamento Central de la Policía Federal y era, según fuentes del Gobierno, el que mantenía informado sobre la situación a Duhalde, que cenaba con un grupo de empresarios.
Familias con niños pequeños y adolescentes con bicicletas no sólo hicieron sentir el ruido de las cacerolas, sino que también cantaron el Himno Nacional. Poco después de las 0.30 aparecieron jóvenes que mantenían los rostros cubiertos.




