Vidal y Larreta, en tensión con la Rosada, ya piensan más allá de las elecciones

María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta
María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta Fuente: Archivo - Crédito: Hernán Zenteno
Jaime Rosemberg
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31 de agosto de 2019  • 22:09

"Teníamos todo acordado y hablado. El jueves Marcos aceptó renunciar, pero el viernes no pasó nada, y el fin de semana se terminó yendo Dujovne. Es increíble", se lamentaba un experimentado dirigente macrista, en un bar cercano a la Casa Rosada y lejos de miradas indiscretas.

El funcionario, que aún no puede creer lo ocurrido días atrás, conoce bien el pensamiento de María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta, dos de los testigos de aquella promesa que no se cumplió, hoy alejados casi sin disimulos de la campaña nacional por la reelección de Mauricio Macri, que motoriza Peña con el apoyo incondicional de los "duros", como Elisa Carrió, Patricia Bullirch o Miguel Angel Pichetto.

La diferencia de criterios, que ya comenzó a evidenciarse esta semana, es clara. El jefe de gobierno porteño, en la búsqueda de su probable reelección, y la gobernadora bonaerense, que busca "la mejor elección posible" sin demasiadas esperanzas de un milagro electoral, apuntan a una táctica "centrista", de "propuestas", alejada de la prédica explosiva de los escuderos de Macri, que insisten en la confrontación con el kirchnerismo como principal argumento, y creen que la elección nacional "se puede dar vuelta".

Cerca de Vidal recuerdan que la gobernadora llegó el martes a la Casa Rosada para pedirle a Macri por los $25.000 millones de coparticipación adeudada, "no para hacer campaña sino para irnos como corresponde si nos toca", según un dirigente cercano. Se fue con las manos vacías y la promesa de que los fondos llegarán "antes de diciembre". Rodríguez Larreta, en tanto, no participó de la discusión previa a los anuncios vinculados a la deuda interna y externa del ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, aunque apoya -igual que Vidal- al hoy responsable de la economía.

Mientras preparan por separado una campaña "catch all" (toma todo), alejada de las furibundas críticas a Alberto Fernández y el kirchnerismo que lanzan Pichetto, Bullrich o algunos dirigentes de la UCR, Vidal y Larreta tienden puentes con referentes del Frente de Todos. La mandataria, por ejemplo, nunca dejó de chatear con Sergio Massa, figura clave en sus acuerdos legislativos provinciales y hoy enrolado en la primera línea de la oposición. Larreta, en tanto, ya transmitió que su objetivo-a través de mayor presencia en el territorio y más propuestas- será "recuperar" el sur de la ciudad-fue derrotado allí por Matías Lammens en las PASO. Ninguno de los dos participó ni promovió activamente la marcha del sábado 24, que terminó con Macri en el balcón de la Casa Rosada. "No sirvió para nada, son los que ya nos iban a votar. Al contrario, fue peligroso: si de 8 millones que te votaron no podías llenar la plaza te tenías que ir", reflexionó un dirigente larretista.

Durante esta semana, según pudo saber LA NACION, Vidal y Larreta reforzaron los contactos habituales entre ellos. También hay línea directa con Rogelio Frigerio, el propio Lacunza, Martín Lousteau y hasta Emilio Monzó, que almorzó como todas las semanas con el ex canciller en Estados Unidos y que podría formar parte-coinciden incluso dentro del vidalismo-de los "sobrevivientes" del día después del eventual final de la gestión de Juntos por el Cambio. "Somos los que vamos a quedar para el post-Macri, aunque depende de cómo termine todo", razonaban desde la gobernación en La Plata, con la economía como principal preocupación. Dejan fuera de ese grupo a Carrió y sus críticas a los que "no bancan en la derrota", a Pichetto y a Bullrich, que el viernes en el encuentro de mujeres Pro pidió salir a la calle "a convencer y hacerle entender a la gente que vuelven los extorsionadores que nos tuvieron en jaque", en alusión al gobierno anterior. Nadie habla todavía de liderazgo a futuro, pero cerca de Larreta ya hacen cuentas, basados en un eventual triunfo suyo en primera vuelta.

"Hay que dejar de tirar bombas, seguimos insistiendo en polarizar y eso no ayuda ni a la política ni a la economía", afirmaron desde un despacho importante de la Casa Rosada, preocupados por la incidencia del discurso confrontativo en la escalada del dólar y la inestabilidad financiera.

También allí analizan como "contradictorio" que Macri siga llamando en sus discursos al "diálogo", como lo hizo el jueves en Tandanor, mientras varios miembros del Poder Ejecutivo insisten en "quemar las naves", atentos a la "intención de romper todo" que adjudican a Alberto Fernández y el kirchnerismo. "No nos van a ayudar ni un poquito, quieren que se caiga", afirmaron a La Nacion muy cerca del Presidente para justificar el "a todo o nada" que proponen en la mayoría de los despachos de Balcarce 50.

En este contexto de incertidumbre y divergencias, no son pocos los intendentes de Cambiemos que también se sumarán a la estrategia "localista" de Larreta y Vidal, que podría incluir "trabajar" su propia boleta en desmedro de la de Macri y de la propia Vidal. Los intendentes macristas con chance de sobrevivir al eventual naufragio (Ramiro Tagliaferro en Morón, Diego Valenzuela en Tres de Febrero, Néstor Grindetti en Lanús) ya tienen el aval de La Plata para "hacer lo que haga falta" para retener el poder en sus distritos. "María Eugenia lo sabe, y Mauricio también", susurraron desde una de las intendencias Pro en el conurbano.

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