
Videla, cerca de sus nietos, busca paz en San Luis
El ex general descansa en una casa de la localidad puntana de El Trapiche.
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SAN LUIS.- Una pequeña localidad de dos mil habitantes, en la sierra de San Luis, parece ofrecer tranquilidad, seguridad y hasta algunas simpatías para el ex general Jorge Rafael Videla, quien pasa unos días de vacaciones en la casa en la que descansa infaltablemente todos los veranos desde que recuperó su libertad.
Esta vez, Videla rompió su rutina de visitas a San Luis y se quedó dos semanas más después de concurrir a la fiesta escolar de uno de sus nietos.
Los más de 40 días corridos que pasa anualmente en esta provincia siempre transcurren durante enero y febrero, hábito que rigurosamente repite desde que abandonó el penal de Magdalena.
El lugar elegido es una vieja casona invadida por el frondoso follaje que caracteriza a la villa turística de El Trapiche, a 35 kilómetros al este de la capital puntana, localidad que integra uno de los circuitos turísticos más visitados en épocas de vacaciones.
Pegada al margen del río del mismo nombre, Videla, de 72 años, pasa sus días en la que fue la casa de sus padres. La modesta residencia tiene dos pisos y fue construida a principios de siglo.
Sólo por actos escolares de sus nietos o reuniones familiares, el ex presidente de facto visita la ciudad de San Luis, donde vive su hija Cristina, casada con un veterinario ganadero, Federico Adaro, y que tiene cinco hijos. Todos concurrieron o concurren a un colegio privado, el Causay, del que Cristina es copropietaria.
En sus esporádicas apariciones por la capital provincial se lo ha visto al volante de un Peugeot 505, gasolero, marrón oscuro. En permanente compañía de su esposa, Alicia Raquel Hartridge, Videla no se priva de disfrutar de largas caminatas por las intrincadas calles de El Trapiche, donde no se conoce que haya sido molestado. Es más, hasta participó, el año último, de un almuerzo popular de organización comunitaria, al que fue invitado como un vecino más.
Un antecedente similar, que cobró trascendencia periodística, se conoció para el verano 1996/97. Bajo una tenue reserva se realizó una comida en un pintoresco hotel enclavado en las sierras de Comechingones, en Merlo, a 200 kilómetros al norte de San Luis, donde el ex general Videla fue "agasajado".
En esa oportunidad, el hecho fue utilizado por una publicación local para desprestigiar a un dirigente opositor que participó en el encuentro serrano.
Poco sociable
Las visitas que más se le conocen son de sus familiares locales y de Buenos Aires, quienes insisten en que el ex presidente de facto "no tiene custodia porque no quiere tenerla".
Por estas horas está previsto el regreso a su lugar habitual de residencia, en el barrio de Belgrano, en la Capital Federal, donde vive con sus dos nietos mayores, Santiago y Francisco, de 21 y 22 años, hijos del matrimonio de Cristina y Francisco y avanzados estudiantes de arquitectura y de periodismo.
Previamente, luego de haber sido indultado, Videla había vivido en un departamento de la calle Parera, en el barrio porteño de Recoleta. Su mudanza a Belgrano se debería a una ajustada situación económica, cuentan viejos conocidos del ex militar que integró la junta que derrocó a María Estela Martínez de Perón, el 24 de marzo de 1976.
Al haber sido dado de baja del Ejército, Videla no cobra haber de militar retirado. Tampoco por su condición de ex presidente. De hecho, lo fue de facto. Se mantendría, siempre según versiones, con la pensión que cobra su mujer.
La Cámara Federal lo condenó a reclusión perpetua en 1985. En diciembre de 1990, por un decreto del presidente Carlos Menem, fue indultado. Desde entonces, el comandante de la última dictadura militar mantiene un muy bajo perfil.
A causa de una de sus escasas declaraciones públicas, en octubre de 1993, Videla fue acusado de apología del delito. Durante una cena de camaradería en la que participaron cientos de militares, el ex general sostuvo que la sociedad lo había tomado como un "chivo expiatorio" y que a los militares que participaron en la represión se les debería haber "pagado" por derrotar a la guerrilla.
Diferentes medios de prensa reprodujeron sus palabras y el Ministerio del Interior presentó una denuncia por apología del delito.
Sin embargo, el juez, luego de interrogarlo, sobreseyó a Videla. Consideró que el ex presidente de facto no tenía intención de que sus palabras se hiciesen públicas, elemento esencial para que se configure la apología del delito.
Indultos
El secretario general de la Presidencia, Alberto Kohan, negó ayer que antes de fin de año el presidente Carlos Menem pueda indultar a ex militares carapintadas y a dirigentes del Movimiento Todos por la Patria, aunque reconoció que hubo pedidos de ambos sectores para ser beneficiados por la medida.
"No es un tema que esté en discusión ni que haya sido tratado, hasta donde yo sé, por el Gobierno", dijo Kohan. De esta manera, salió al cruce de versiones que no descartaban que Menem pudiera tomar una decisión de este tipo antes de la Navidad .





