WikiLeaks: a un año del escándalo que cambió la diplomacia

Julian Assange
Julian Assange Fuente: Archivo
El 29 de noviembre de 2010 se conocieron los primeros cables referidos a la Argentina, en los que Washington pedía información sobre la salud mental de Cristina
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29 de noviembre de 2011  • 01:24

Ocurrió hace exactamente un año: el huracán WikiLeaks, que hasta ese momento había afectado exclusivamente a los Estados Unidos por las guerras en Irak y Afganistán, azotó con sus revelaciones a la Argentina.

El 29 de noviembre de 2010 se conocieron los primeros cables con información sobre el país y, en particular, sobre Néstor y Cristina Kirchner. "El estado de "salud mental", la "intolerancia a las críticas", la supuesta "paranoia" y la "ineptitud para las relaciones exteriores y la economía" del matrimonio presidencial se revelaban como motivos de preocupación del Departamento de Estado norteamericano en los últimos años.

El impacto de aquel "primer capítulo" estuvo centrado en las consultas de Washington sobre la salud de la Presidenta. La información, que según el cable secreto, sería usada en la preparación de un "perfil" de la mandataria argentina, llevaba la escueta firma "Clinton", en referencia a la jefa de ese departamento, la secretaria de Estado de la administración Obama, Hillary Clinton.

La salud de Cristina

En ese requerimiento de diciembre de 2009, bajo el título "Mental state and health", se enumeraba una serie de preguntas: "¿Cómo controla Cristina Fernández de Kirchner sus nervios y su ansiedad? ¿Cómo afecta el estrés a su conducta con sus asesores y/o en su proceso de toma de decisiones? [...] ¿Toma alguna medicación? ¿En qué circunstancias controla ella mejor el estrés? ¿Cómo la afectan las emociones en su proceso de toma de decisiones y cómo baja la tensión cuando está angustiada?".

También había pedidos de información específicamente dedicados a Néstor Kirchner: "¿Cómo está Néstor Kirchner de su enfermedad gastrointestinal? ¿Le sigue molestando? ¿Toma medicación? Es bien conocido su temperamento, ¿ha demostrado mayor tendencia a oscilar entre extremos emocionales? ¿Cuáles son los objetivos más comunes de la furia de Néstor Kirchner?"

Fue la primera de una serie de tandas de publicación que pronto se convirtieron en una suerte de "novela por entregas" de la política exterior de los Estados Unidos. La inminencia de nuevas revelaciones tuvo en vilo al mundo de la diplomacia.

El segundo capítulo giró en torno a un cable en el que la embajadora Vilma Martínez denunciaba la "falta de voluntad política" del gobierno argentino para combatir el lavado de dinero y daba cuenta de sus sospechas sobre los manejos financieros de los Kirchmer. La Casa Rosada se había autoimpuesto el silencio, pero la tensión con Washington crecía con el paso de las horas.

La Presidenta atravesaba las primeras semanas posteriores a la sorpresiva muerte de Kirchner y optó por no agrandar el cortocircuito. La reacción de Estados Unidos ocurrió 72 horas después de que estallara el escándalo. Finalmente, el 2 de diciembre Hillary Clinton llamó a Cristina Kirchner para disculparse, lo que descomprimió la tensión. Cristina devolvió gentilezas y evitó condenar explícitamente a Washington en la cumbre de presidentes de Mar del Plata de la que fue anfitriona.

Sobre la Argentina

En marzo de este año, Wikileaks amplió el acceso a los cables a más diarios, entre los que estuvo LA NACION a través del periodista Hugo Alconada Mon.

Entonces sí, el "capítulo argentino" de WikiLeaks pudo conocerse en detalle. La mayoría de los 2510 cables con alusiones al país fueron enviados por la embajada estadounidense en Buenos Aires, aunque también incluyen algunos mensajes enviados desde otras embajadas alrededor del mundo o desde el Departamento de Estado.

Catalogados según distintos niveles de seguridad -no confidenciales, confidenciales y secretos-, el paquete no incluyó, sin embargo, las comunicaciones más sensibles -top secret o más elevado-, a los que no accedieron la o las personas que luego se lo filtraron a WikiLeaks. Iban desde 2003, cuando el embajador en Buenos Aires era Lino Gutiérrez, hasta mediados de 2010, con su sucesor, Tony Wayne, y el arribo de la actual embajadora, Vilma Martínez.

De los primeros análisis surgió que los cables incluían muchísima información irrelevante, burocrática o que podía reducirse a simples chismes. Pero pronto quedó claro también que los documentos dejaban en evidencia el doble discurso del Gobierno y de otros actores políticos y sociales como dirigentes kirchneristas y de la oposición, empresarios, banqueros y líderes sociales frente a distintos temas de interés para los Estados Unidos.

En agosto último el capítulo nacional de WikiLeaks se convirtió en libro. En ArgenLeaks. Los cables de Wikileaks sobre la Argentina, de la A a la Z, el periodista Santiago O'Donnell transformó la eterna pila de cables en una guía de información detallada y sistematizada en la que no sólo se reproducen los telegramas, sino que, además, se los ubica en contexto. Hay capítulos dedicados a la AMIA, a Antonini Wilson, a Amado Boudou, a Cristina y Néstor Kirchner, al diario Clarín, a Eduardo Duhalde, A Jorge Lanata, a Mauricio Macri, a Carlos Menem, a los piqueteros, a Marcelo Tinelli y a Alfredo Yabran, entre otros.

Puertas adentro

También para WikiLeaks como organización el año que pasó fue agitado. Primero debió afrontar la detención de Assange que está acusado de delitos de agresión sexual en Suecia y cuya extradición a ese país fue confirmada por la justicia londinense a principios de mes.

Por otra parte, a fines de octubre, WikiLeaks reconoció estar al borde del colapso financiero. El sitio no pudo eludir la restricciones a su financiamiento que en diciembre de 2010 habían dispuesto Visa, Mastercard y Paypal, los canales más utilizados por los seguidores del portal para aportar dinero. Ante ese escenario, Assange decidió "suspender cualquier nueva publicación" en el portal y centrar su trabajo en la recaudación de fondos. Se estima que el sitio necesita unos 3,5 millones de dólares para mantener 20 puestos de trabajo hasta 2013.

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Las últimas revelaciones de WikiLeaks instalaron un debate de aristas múltiples aún abierto: los manejos de la política exterior de los Estados Unidos en su fase más secreta y desconocida, la protección de información sensible en la Red y, en el caso de la Argentina, el doble discurso de sus políticos y dirigentes, quedaron al desnudo.

El cablegate marcó un hito en la historia de la diplomacia mundial. De la mano de WikiLeaks, la idea de que el secreto de Estado es inviolable, pilar indiscutible del Estado moderno, desapareció para siempre.

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