
Asomarse al mundo cultural del algarrobo empapa el alma de vivencias. Así me pasó cuando vi cómo había crecido uno plantado años atrás, y lo asocié con un recuerdo de la ciudad de Roma, que había visitado hace unos años. Entonces, paseando por calles que salen de la plaza que está frente al Panteón -monumento del siglo I del Imperio Romano- había visto, adosada en lo alto de la pared, una placa que decía en italiano El gobierno de la ciudad de Buenos Aires, deseando rodear de silencio las tumbas veneradas de los próceres de la Unidad Italiana? donaba madera de sus bosques (legno de la sue foresta) para cubrir con ellos el suelo de la amplia plaza y las calles adyacentes.
La placa estaba fechada en febrero de 1906. Como el suelo se veía con cubierta de alquitrán pregunté a un vecino que pasaba y me contestó que así era, pero aquellos adoquines de madera se habían desgastado y por eso los habían cubierto con asfalto. Antes del adoquinado, la plaza tenía algún empedrado y los carruajes -tirados por caballos y con llantas de acero- producirían desordenados ruidos y los legno de la sue foresta aludida, eran adoquines de algarrobo catamarqueño, como los que aún quedan en perdidas calles porteñas, lo que permiten transitarlas en silencio. Esa inscripción también documenta sobre la deforestación que sufrieron nuestras áreas boscosas, sin duda, ante la inmigración europea y el destino que se les dio a aquellas tierras para desarrollar la agricultura.
Volviendo al algarrobo, este es el nombre que designa a una especie española. El nuestro es una leguminosa cuyo nombre es prosopis. Los principales son Prosopis alba (algarrobo blanco) y Prosopis nigra (algarrobo negro), más aquellos con nombres regionales: caldén, itín, ñandubay, vinal, alpataco, etcétera. En las provincias suele usarse su nombre indígena, taco. En el país hay 55 pueblos con el nombre de algarrobo y 27 con el nombre de taco, más algún calificativo (como Taco Ralo, por ejemplo).
Como final se puede decir que para adaptarse a las malas épocas tiene dos clases de raíces: las extensas y superficiales que pueden absorber los más leves rocíos, y las muy profundas para buscar agua y nutrientes aun en las profundidades. Es toda una lección de vida.






