
Adriana B. Anzillotti
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Se posterga la negociación con el Fondo y el acuerdo con los bonistas. Hacia el final del año, las expectativas de haber encaminado estos temas ensombrecen un poco el escenario económico, que respaldó en este último semestre al mercado inmobiliario con muy buen movimiento. El vértigo con que se sucedieron los lanzamientos recuerda los mejores tiempos de la década del 90.
Y también con la misma velocidad, las tendencias importadas rápidamente se asimilaron. En Buenos Aires se construyen cada vez más torres, aunque la competencia en altura no siempre presenta las mismas características. Depende de la zona y de las limitaciones que reglamenta el Código de Planeamiento Urbano. Pero donde los desarrolladores han decidido competir ferozmente dentro de un target alto de emprendimientos es en los servicios. En cada caso anuncian que se trata de una propuesta diferencial, pero a de poco, lo que antes resultaba curioso hoy sorprende menos, casi nada.
Tener piscina, salón de usos múltiples, cocheras y gimnasio con aparatos de última generación forma parte de los amenities casi estándar, si se los compara con las salas de ensayo y grabación, microcines, piscinas, pero con formas nada convencionales y oleaje. Otra originalidad, los jardines zen, para bajar los niveles de estrés inmediatamente después del cierre bursátil. O antes de concretar una inversión millonaria.
Existe una nueva generación de proyectos que no puede dejar al margen esa amplia batería de servicios sofisticados que brindan confort. Son de calidad, lujosos y se inscriben como un signo de este tiempo. En otras épocas fueron las señoriales mansiones, que instaladas en los mejores lugares de Buenos Aires competían por la solidez de sus estructuras y diseño.




