
Por Cristina L. de Bugatti
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Aun en el limitado espacio de un jardín urbano, que se rige por las mezquinas medidas inglesas en vez de aplicar nuestro generoso sistema métrico decimal, se puede cumplir con el mandato de plantar un árbol. Claro que, en esos casos, la dificultad se presenta en el momento de elegir la especie y el lugar en el cual plantarlo. En ese sentido, los frutales suelen ser muy adecuados para ese rol.
Los naranjos, mandarinos o limoneros, de follajes densos y brillantes y abundantes frutas, no dejan de llamar la atención, pero no gustan compartir su protagonismo. Por eso, en un sector que les permita desarrollar su copa en plenitud, sobre césped prolijo o pequeñas plantas florales como alyssum pueden lucir muy lindas tanto en primavera con sus perfumadas flores como en otoño cuando maduran sus frutas. También un Cupressus serpemvirens columnar, enfrentado a un grupo de flores blancas, petunias, alegrías del hogar sobre el césped, puede formar un jardín minimalista, muy llamativo.
Los frutales de hoja caduca, ciruelos, durazneros, manzanos tienen tallas medianas y atractivas floraciones (excepto el caso de los perales, que suelen desarrollar mucho). No puedo dejar de señalar que en Mercedes, provincia de Buenos Aires, se cultiva un antigua especie de ciruelo que allá denominan Pizzurno con total floración temprana y fruta dulcísima, de piel rojo oscuro y pulpa amarilla, que madura a principios de diciembre.
Estos árboles no proyectan sombra densa y ofrecen bella floración primaveral, de manera que permiten compartir su espacio. Se los puede ubicar en un sector lateral, bien iluminado. A partir de ahí plantar bulbos de junquillos, narcisos, jacintos y otras plantas que florecerán posteriormente: conejitos, delfinium, salvias, petunias, etcétera, avanzando hacia el césped.
Si bien las podas para fructificación son severas y exigentes, en el caso en que se quiere destacar su valor ornamental se hacen más livianas. Cuando estos árboles se ubican cerca de paredes buscan alejarse de ellas y se inclinan naturalmente hacia afuera, lo que, si la inclinación es poca, aumenta su atractivo.
Como la categoría de árbol o arbusto se diluye con el uso de la tijera de podar podemos mencionar a los hibiscus, en sus clases más comunes: el hibiscus rosa sinensis o rosa de la China, de largas y altas ramas, flores simples o dobles desde la primavera hasta el otoño, del que se cuentan más de treinta variedades y se puede podar como arbolito, y el Hibiscus syriacus o suspiro, de estructura más rígida y erguida.





