El complejo tiene ochenta hectáreas y una capacidad total para 2.240 presos
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El reclamo de los vecinos por el traslado de la cárcel de Villa Devoto tiene larga data —lleva casi un siglo— pero la solución está cada día más cerca: en abril la Ciudad de Buenos Aires va a inaugurar la nueva penitenciaría de Marcos Paz, que permitirá trasladar a todos los detenidos y avanzar con el cierre del famoso presidio porteño, un viejo escenario de fugas dignas de una película de Hollywood.
La nueva cárcel de Marcos Paz se levanta sobre un complejo de 80 hectáreas, 60 de las cuales están cubiertas. Tendrá cuatro institutos de alojamiento, cada uno con capacidad para más de 500 personas: recibirá un total de 2.240 presos.

“Las áreas de reclusión serán celdas dobles y habrá espacios de alojamiento colectivo”, indica a LA NACIÓN el arquitecto Guillermo Pereyra Nadin, a cargo de la dirección de obra, junto a sus colegas Ángel Ficco y Mónica Gorostiaga.
Todo estará resguardado por un doble anillo de seguridad con una profunda fosa en el medio y un moderno sistema de detección de movimiento, cámaras y alarmas. A su vez, cada uno de los institutos tendrá su propio cerco doble. Es una fortaleza de hormigón.

Pereyra Nadin señala que existen normativas nacionales e internacionales para guiar la construcción de un presidio: las paredes, el cielorraso, la losa y el piso del penal están hechos de hormigón armado y tanto las cerraduras como las rejas son especiales. Por supuesto, los materiales con tratamiento ignífugo la protegen ante la posibilidad de un incendio.
“Todo está pensado para evitar que los reclusos puedan escaparse”, explica el arquitecto, quien también resalta la fabricación de tabiques premoldeados de hormigón que encastran entre sí, como si fueran ladrillos de juguete, pero prácticamente indestructibles, que sirven para robustecer la estructura.
La penitenciaría no es de máxima seguridad como la de Ezeiza o el otro penal de Marcos Paz, pero su tipo de construcción hace que las fugas haciendo un agujero en el piso o la pared sean solo un sueño imposible de concretar.

La nueva cárcel también tiene un gimnasio y un sector educativo para talleres de trabajo y capacitación laboral, áreas de salud, de culto y de visitas, salas de videoconferencia, aulas para quienes quieran completar o seguir su educación y un edificio de administración. En el espacio descubierto habrá canchas de fútbol y huertas.
El nuevo penal significa, además, un hito en la autonomía de la Ciudad de Buenos Aires, que se hizo cargo de la construcción del complejo y antes de mayo lo entregará para que pase a la órbita de la Nación, según un acuerdo entre el Gobierno nacional y el porteño, encabezado por Jorge Macri.

“Esta obra permitirá trasladar a los detenidos que hoy están en Villa Devoto y avanzar con el cierre de la cárcel, que es un pedido histórico de los vecinos del barrio”, destacó el Jefe de Gobierno. La gran capacidad del nuevo presidio también permitirá descomprimir las comisarías y alcaidías de la Ciudad, por lo que más agentes de la Policía porteña, que ahora cuidan detenidos, podrán destinarse al patrullaje de las calles.
La prisión de Marcos Paz está ahora en la etapa de pruebas finales, ajustes, terminación y puesta en marcha. “Es la parte más difícil”, sostiene el arquitecto Pereyra Nadin, porque tienen que asegurarse que los servicios, como la electricidad, el agua, el gas, las cloacas, la conectividad y el sistema de detección de incendios, además de los de seguridad, funcionen de manera óptima antes de la inauguración y el traslado de los detenidos.

La obra empezó en 2018 pero se detuvo al poco tiempo. En 2024 se reanudaron los trabajos con el impulso de la nueva gestión porteña: unos 750 personas estuvieron trabajaron todos los días en el lugar. Y más adelante, 2600 oficiales del Servicio Penitenciario serán quienes, divididos en dos turnos, cuiden la seguridad tanto de los reclusos como de quienes los visiten.
Qué pasará con los terrenos de la cárcel de Villa Devoto
Con casi cien años de antigüedad, el penal de Devoto y los terrenos sobre los cuales está construido —entre las calles Bermúdez, Pedro Lozano, Desaguadero y Nogoyá— son gestionados por el Servicio Penitenciario Federal (SPF) que depende del ministerio de Justicia de la Nación. Por lo tanto, son bienes nacionales y será el gobierno federal quien decida, en primera instancia, qué hará con el inmueble.

La Agencia de Administración de Bienes del Estado gestionará la comercialización del predio: el proceso contempla una modificación en las normas de edificación para financiar obras de infraestructura penitenciaria.
“Es una oportunidad única para repensar integralmente ese sector de la Ciudad, con planificación, diálogo y consensos”, destacó Marta Liotto, presidenta del Colegio Inmobiliario porteño y titular de Liotto Propiedades, y consideró que el cierre del penal representa un hecho histórico para el barrio. Según ella, el destino del presidio debería combinar desarrollo urbano con calidad de vida respetando la identidad del barrio.
El cambio va mucho más allá de la transformación inmobiliaria: se trata de un antes y un después en la historia del barrio y adquiere una dimensión simbólica que aún sigue escribiéndose, sumando cada tanto nuevos capítulos. Atrás quedarán las fugas de película, los motines y las largas filas de personas que visitan a sus familiares detenidos.
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