
Por Cristina L. de Bugatti Para LA NACION
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Con motivo de su cumpleaños, mi marido recibió, de parte de mi hijo, dos regalos conmovedores: un limonero y el precioso libro de grafodramas de Medrano, editado por LA NACION. Pese a lo que podría pensarse, hay alguna conexión entre ellos: la nostalgia. Los grafodramas son el más sutil y perfecto retrato de una sociedad y una época; el limonero es una sensible ausencia en patios y jardines. A los grafodramas no hay que quitarles ni añadirles nada, y en cuanto al limonero, no es redundante hablar de él. En los catálogos de los viveros, la oferta de limoneros se reduce a una sola especie o variedad, el de Génova o "de las 4 estaciones". Este último carácter, florecer y fructificar aun fuera del período de cosecha, puede darse en diferentes variedades. Se describe al limonero como un pequeño árbol, de follaje permanente verde oscuro, hojas ovaladas y gruesas, floración principalmente primaveral, pequeñas flores blancas con pinceladas rosadas en el exterior, y las frutas que todos conocemos. Las características de las variedades más aconsejables, serían: Lisbón: vigoroso y productivo, con algunas espinas, pocas semillas y sabor fuerte; Eureka: follaje pobre y ramas alargadas que fructifican en los extremos, prolongada fructificación; Villafranca: variedad europea, copa redondeada, pocas espinas, abundante floración en otoño, y Gallego: variedad muy productiva y vigorosa, con fuertes espinas, jugo ácido. Cualquiera de ellas se adaptaría al cultivo doméstico. Es sabido que cultivar limoneros se ha convertido en una actividad agropecuaria muy redituable. Los mayores cultivos se han establecido en provincias de climas más cálidos, como Tucumán, y además de la comercialización y exportación de los limones, da lugar a la extracción de valiosas esencias, en particular de las cáscaras, agregando sabor y aroma a distintos alimentos, sobre todo jugos. También hemos visto, y vemos, que el precio de los limones trepó hasta límites impensados, y, claro, todos protestamos.
Sin ánimo de disculpar a nadie, es sabido que la actividad agropecuaria depende de factores que, como el tiempo, agreden o favorecen sin que se pueda hacer nada. El caso del limonero es distinto. Cultivado en un patio o un jardín, puede estar a salvo de las grandes heladas o los vientos quemantes, y se puede regar, siempre en la raíz, si hay una gran sequía.



