
Con la iniciativa de Repsol YPF, avanzan las obras para embellecer el emblemático paseo del parque Tres de Febrero, con la intención de de recuperar el esplendor que tenía en los comienzos del siglo XX
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El Rosedal, tal vez el paseo más emblemático de la ciudad, está "en obras", y eso implica el arreglo y la restauración de todos los elementos relacionados con su identidad.
Estos bellos jardines volverán a lucir como en 1917, cuando se abrieron para todo el pueblo, según el espíritu que animaba a su creador, ingeniero agrónomo Benito Carrasco.
Para la realización de obra, efectuada en su totalidad por una empresa privada, Repsol YPF, además de poner a sus trabajadores a colaborar en la ejecución de las tareas, ha contratado a los mejores especialistas de cada disciplina para que dirijan los trabajos, ya que se trata de reproducir con la máxima fidelidad una creación de la Argentina espléndida del Centenario. Los trabajos se efectúan con la supervisión e indicación de la Dirección de Espacios Verdes del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que permitió, además, que el predio se cercara, sin acceso de público, para dar más seguridad a las tareas.
El arquitecto Marcelo Magadán, especialista en Gestión del Patrimonio Cultural Integrada al Planeamiento Urbano de América Latina / Cátedra Unesco, con gran cantidad de trabajos realizados en el país y en el exterior, es el consultor encargado de supervisar la restauración y recuperación de la gran pérgola y de todo el conjunto patrimonial arquitectónico, incluso el mobiliario, las fuentes y las columnas, por ejemplo.
La doctora Sonia Bergman, licenciada en Historia del Arte en nuestro país y en Francia, con vasta labor realizada en investigación, docencia y publicación de libros, supervisará las tareas de recuperación del Patio Andaluz, que fue una donación de la Comuna de Sevilla. Justamente, la inauguración de esas obras se hará en 2009, ya que deben venir de esa ciudad expertos en cerámicas y azulejos. Las licenciadas Andrea Caula y Roxana Di Bello son especialistas en estos temas.
Y por fin, y sobre todo, están las rosas, y ahí se impone la indiscutida autoridad de Valentina Casucci.
Una memoria descriptiva firmada por el ingeniero Carrasco en 1917 detallaba que la plantación original era de 14.650 rosales, distribuidos en 34.040 metros cuadrados, que integraban la roseraie.
Los trabajos actuales se iniciaron con una limpieza general; el retiro de los ejemplares irrecuperables, por estar seriamente deteriorados, y el trasplante de 1700 ejemplares para su recuperación.
Se instala un complejo sistema de drenaje y se distribuye un sustrato especial para rosales: allí se vuelven a plantar los 1700 ejemplares retirados y se incorporan 5000 nuevos.
Se pone un sistema de riego por goteo, y todo se cubre con una capa de mulch de pino y se recompone la cobertura cespitosa. La elección de ejemplares se basa en el valor paisajístico y vital de las variedades de rosas, los antecedentes históricos y su valor evocador.
La pérgola, que se extiende a lo largo de 130 metros frente al lago, se restauró en todos los aspectos, pero cuando se decidió restituir la plantación original, apareció algún conflicto. Porque al pie de sus columnas se plantó Parthenociasus tricuspidata (enamorada del muro, de hoja caduca), una poderosa liana; los troncos produjeron daño en las columnas, y se argumentó que no debían quitarlas, ya que producen agradable sombra en verano. Pero como las fotografías en poder de la señora Casucci muestran la pérgola original cubierta de rosales y jazmines (jazmín de leche o Trachelospermun jazminoides ) ya se reparó el error. También está en revisión la entrada principal, ya que tanto los arbustos perennifolios que la flanquean, como las coníferas y los jardines con hemerocallis deben ser reemplazados por rosales.
El lugar está en ebullición: hay quien prueba el funcionamiento de las fuentes; quien retoca la pintura de las columnas y ensaya la iluminación; quien restaura las garras de piedra de cuatro copones, que descubrieron enterrados; quienes, al tope de una escalera, pulen cuidadosamente los textos que acompañan las imágenes en el Jardín de los Poetas; quienes prueban la permeabilidad de la granza cerámica que cubre los senderos, y en el espacio destinado al Concurso Internacional de Rosas Nuevas, el ingeniero Juan Comerio ajusta los detalles de este evento, de proyección internacional. Un mundo de trabajo que, sin duda, vale ese esfuerzo.




