
Entre otros rincones porteños, El Viejo Almacén también se renueva, y así celebra sus cuarenta años
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Buenos Aires igual que otras capitales del mundo cuenta con múltiples lugares gastronómicos para todos los gustos y presupuestos. A la diversificada oferta gastronómica hay que sumar que muchos de los restaurantes de la ciudad habitan en espacios antiguos e históricos, que los hacen diferentes. Entre las alternativas vigentes se encuentra El Viejo Almacén, que el lunes último festejó 40 años de larga trayectoria. Además estrenó otro espacio en un inmueble enfrente del clásico local que creó en 1969 el cantante Edmundo Rivero.
También es conocido como La Catedral del Tango, en la tradicional esquina porteña de Balcarce y avenida Independencia, que fue escenario de leyendas del 2 x 4 ya que en sus escenarios actuaron Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese, Roberto Goyeneche, Horacio Salgán, Leopoldo Federico y el Sexteto Mayor, entre otros.
Ante la demanda y el crecimiento del turismo, las autoridades del Viejo Almacén adquirieron un inmueble en la esquina opuesta a la tanguería para ampliar más servicios. "Es un edificio con subsuelo y cuatro plantas que fue remodelado preservando su identidad y detalles que hacen a la historia de la propiedad (patios, escaleras, frente, por ejemplo). Corresponde significar que estas dos esquinas son de las más importantes dentro del casco histórico de la ciudad", dice Luis H. Veiga, presidente de El Viejo Almacén.
Ahora los que asistan a las cenas-shows al nuevo lugar tendrán la oportunidad de estar en la planta baja del edificio que se denomina El Porteño. Mientras, en el primer piso está el restaurante Buenos Aires Querido con capacidad para 170 personas. En el segundo piso está el restaurante Bandoneón, con capacidad para 140 personas promedio. En el tercero está el El Mirador (VIP) con balcón terraza, con capacidad para 65 personas", amplía Veiga.
Las refacciones que se realizaron al nuevo inmueble estuvieron a cargo del arquitecto Marcelo González, y la decoración fue idea y realización de Martín Roig. Ahora la superficie total de El Viejo Almacén es de 1364 m2 y se invirtieron, aproximadamente, 1.300.000 dólares.
Cerca del Botánico
Otra alternativa que funciona en un lugar con historia es Astrid & Gastón, en Lafinur 3222, en un espacio de 550 m2. Para su desarrollo se invirtieron 2 millones de dólares y está en un edificio que fue un petit hotel de una familia de origen francés.
Los propietarios lograron darle valor a lo existente con terminaciones interiores en piedra París, mármoles, pisos de pino tea, marcos de cedro y frentes de chimenea en mármol de Carrara. Pero mantiene el espíritu peruano en el lounge con símbolo de la bandera del país incaico y cuadros en el techo de la época del virreinato del Alto Perú.
"Tiene dos niveles y la cava más alta de América del Sur, con piso de vidrio que permite apreciar su inmensidad y un jardín. Para remodelarlo trabajaron los arquitectos Diego González Pondal y Fernando Malenchini, reconocidos por ser los artífices de Cavas Wine Lodge, primer relais Châteaux de los Andes en Mendoza. El objetivo fue destacar las virtudes de este antiguo petit hotel de 1930, diseñado por los famosos arquitectos del momento Duncan y Peña, y colocarle algunos detalles que destaquen su relación con Perú", detalla Héctor Teran, socio gerente de Astrid & Gastón (en nombre del chef peruano Gastón Acurio que tiene casas en Bogotá (Colombia) y Madrid (España), entre otras capitales del mundo.
En el lugar se sirven cebiches y tiraditos, causa limeña, ají de gallina y lomo salteado.
Más clásicos entre Recoleta y San Cristóbal
Tian Bistró es otra propuesta en un inmueble histórico que funciona en una casona francesa de principios del siglo XX, que antes era la antigua Galería de Arte Veltri (era conocida por proveer de cuadros a la reina de Holanda, debido a que fue una de las casas más prestigiosas de arte de Buenos Aires, que abastecía a la realeza europea y a la alta sociedad local en los años 50).
"Conserva su aire señorial y su jardín con mesas de hierro. Adentro, boiserie, espacios íntimos, chimenea, maderas, tapices, cuadros, esculturas, un salón privado con cortinados teatrales y otro con vista a la fuente del patio", precisa Diego Balboni, encargado de relaciones públicas del establecimiento de Juncal 1642 en un local de 300 m2 para el que se invirtieron 100.000 dólares.
En la restauración y ambientación del edificio trabajó el arquitecto Omar Orozco.
Entre las especialidades están el jamón de pato con huevos soft, cordero braseado con puré rústico de papa y olivas, y chutney de peras, entre otros.
Finalmente se encuentra Miramar, en San Juan y Sarandí, en 160 m2, que está diseñado sobre un edificio declarado de interés histórico por la Legislatura porteña, además de ser un café notable de la ciudad. "Conserva todo el aire clásico de los bodegones porteños de los años 50. Con mostradores de mármol, vitrinas y una amplia bodega subterránea", cuenta Fernando Ramos, dueño del negocio donde hay, entre otras cosas, mondongo, ostras y rabo de toro.



