
La historia del desarrollador de parques industriales que no le vende a inversores y que le dio un giro a la empresa familiar integrando el fin social al negocio
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Sin duda, en la Argentina, existen varios modelos de firmas inmobiliarias. Están las cadenas internacionales que llegan con grandes estructuras y se expanden gracias a un sistema de franquicias y por otro lado se encuentran las marcas locales, que en la mayoría de los casos, comenzaron como una pequeña empresa familiar. Tal es el caso de los Adanero, creadores de Belprop, una inmobiliaria, que nació a finales de la década del setenta que inició su actividad en el mercado de las ventas y de los alquileres de las unidades residenciales.
“La compañía que actualmente tiene poco más de 40 años fue fundada por mis padres, con la intención de dar respuestas al mercado inmobiliario del barrio de Belgrano. A mediados de la década del noventa la firma sumó un nuevo perfil y comenzó a desarrollar emprendimientos”, relata Silvio Adanero, actual titular de la empresa. Y agrega: “Unos años después ya teníamos 40 obras en ejecución y dos sucursales propias”.
Tras la crisis de 2001 que sufrió la Argentina Adanero –que había iniciado su recorrido en el mundo del mercado inmobiliario industrial– buscó nuevos horizontes con la empresa familiar y abrió una sucursal en Marbella, tratando de probar suerte allí. “Esa fue una experiencia enriquecedora pero no duró demasiado. Al regresar al país me convertí en una suerte de consultor inmobiliario industrial. Por aquel entonces la gente venía a la oficina con inquietudes o deseos de poner un parque industrial o generar espacios destinados a la logística. Lo que solía hacer era estudiar la situación y proponerles algunas alternativas que pocas veces eran aplicadas fielmente. Eso era algo muy frustrante para mí y, poco a poco, comencé a pensar que tenía que animarme a utilizar todo lo que sabía en un proyecto personal y que sin duda no podría fallar”, relata el propio Adanero.
El primer polo propio industrial llegó en 2014, y está ubicado en el límite entre La Matanza y Merlo, en la intersección de las rutas 21 y 1001. “Ese fue nuestro primer proyecto propio, el cual está desarrollado sobre una fracción de nueve hectáreas con lotes de 5000 m2; a él le siguió el de Moreno, creado en 2015 –en el cruce de las rutas 24 y 25, con una superficie de 26 hectáreas– y un año después fue el turno del proyecto de San Martín, sobre la autopista Camino del Buen Ayre –un complejo de 35 hectáreas y lotes promedio de 2300 m2–. Hoy puedo decir que el trayecto recorrido fue largo pero que valió la pena, ya que con el tiempo descubrimos que nosotros no estamos haciendo sólo parques industriales sino que en gran parte comenzamos a cumplir con algunos sueños propios y ajenos”, explica Adanero, mientras su tono de voz le abre la puerta a su emoción.
Y casi sin dar lugar al silencio agrega: “Hoy cada vez que instalamos un complejo de esta magnitud nos contactamos con el municipio para poder realizar acciones sociales conjuntas y tratamos de sugerirle a las empresas que compran en el lugar algunas ideas para ayudar a los vecinos de la zona. Es así como solemos proponerles que realicen escuelas de oficios para que de allí mismo se genere la mano de obra capacitada, Además, le damos la posibilidad a padres de familia a tener fuentes de trabajo genuinas”.
Cuando comenzó a trabajar en este rubro Adanero jamás imaginó que desde esta actividad podría ayudar a la gente. “Nos hemos convertido en mucho más que una desarrolladora y una comercializadora industrial ofrecemos a la gente bolsas de trabajo. Recibimos los currícuml vítae que luego de estudiarlos los enviamos a las empresas radicadas en el parque y si no quedan como empleados los acercamos a la municipalidad para que desde allí puedan intentar ubicar a esa gente. Esto es algo que parece no tener que ver con nuestra actividad pero para nosotros es un complemento, ya que cuando realizamos este tipo de movimientos estamos ayudando a que el complejo se arraigue en la zona, que esta crezca comercialmente y que la calidad de vida de la gente mejore. Si todo eso sucede lo sentiremos como un éxito”, sostiene el especialista.
Adanero cuenta que desde que comenzó como desarrollador y comercializador de este tipo de proyectos tuvo un sinfín de gratificaciones. “Durante la inauguración de uno de nuestros predios se me acercó un empleado que era vecino de la zona y llorando me agradeció porque habíamos asfaltado una de las calles del barrio. Y me dijo: ‘Pensé que no sucedería jamás. Esto sin duda nos cambia la vida’. Cuando me dijo eso fue un shock conmovedor”, recuerda el emprendedor.
Antes de instalar el primer proyecto para Adanero, Merlo era un lugar lejano, no sólo en distancia sino en la mayoría de los sentidos. Pero hoy esa sensación cambió radicalmente. “Al principio Merlo me parecía algo muy, pero muy, lejano. Cuanto más y más lo conozco parece estar más cerca. Sin duda esta actividad me fue cambiando. Es más, puedo decir que hoy soy una persona totalmente diferente que aquel que se fue de joven a Europa a probar suerte y a capacitarse. En aquel momento tenía otros impulsos. El tiempo y el camino recorrido sin duda para mí significó un proceso transformacional. Para ser más claro, al principio pensaba en el proyecto ahora pienso que allí hay gente. Es por eso que cuando encaramos algo nos acercamos al barrio, a las fundaciones, luego al municipio y finalmente vinculamos a todos con la empresa. Luego una vez que terminamos lo que creemos que es nuestro trabajo nos damos cuenta que hicimos un complejo industrial que le cambió la vida a mucha gente”.
Belprop, la firma que representa Adanero, sólo vende los lotes de sus predios a compañías para que allí construyan industria. “En nuestros complejos no tenemos inversores, buscamos el cliente final, ya que no estamos a favor de los parques fantasmas, de los que se pobló nuestro país. Para darle una mano a las compañías muchas veces los ayudamos hasta con financiación propia, nos pagan parte en efectivo y el resto hasta con ganancias de su futura producción”, concluye el broker que emplea a 200 personas.


