
Por Adriana B. Anzillotti De la Redacción de LA NACION
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La aldea global no consigue la paz que llega después de procesos de crecimiento, de fuerte desarrollo. Parece que siempre se interponen circunstancias acuciantes, que la lleva de vuelta al pasado, en un proceso inverso al esperado por la mayoría. La Argentina está en crisis, con importantes temas pendientes. El debate central de estos días se plantea en favor o en contra de las retenciones del campo, después de un desgastante forcejeo entre ese sector y el Gobierno, que lleva meses con fuerte impacto en la sociedad. En el ámbito internacional, la liberación de Ingrid Betancourt, junto a otros rehenes, que estaban en manos de las FARC, generó la máxima atención en el nivel mundial y la consiguiente alegría compartida entre las comunidades de la gran aldea.
Al margen de su profunda importancia, este y otros temas distraen por momentos la atención de la gente, que mientras tanto aquí, en la Argentina, de una punta a otra del país, se muestra preocupada por el índice de inflación, reflejado en el día a día. A la par, hubo oscilaciones en los valores de algunos commodities, que se han convertido en señales negativas, con una desaceleración de varias actividades, por ejemplo la inmobiliaria. Explicaba un empresario de larga trayectoria: "Se hacen operaciones, pero la gente tiene muchas dudas. Algunas contraofertas se aceptan, porque las partes, ante esta situación, saben que es el único camino para concretarlas. Pero el que vende, con el dinero en la mano, se pregunta: ¿ reinvierto o lo vuelco en dólares? ¿En qué opción se refugia? No hay receta segura. Aun así los ladrillos son los más tentadores, a prueba de volatilidades.
Ya comenzó el segundo semestre del año, y las expectativas no son halagüeñas. Justamente esta etapa es la más valorada por los empresarios, y suele tener gran peso en el balance final. En realidad, la actividad sigue, pero se ha perdido el entusiasmo y, en gran medida, la confianza, que contribuyen definitivamente a crear expectativas favorables.
¿Surgirá entre tanta discusión acalorada, vehemente, a veces violenta, la luz que ilumine para alcanzar acuerdos, negociaciones sólidas, y que sólo llegan de la mano de una sociedad madura? Un nuevo desafío se presenta, y resolverlo de la manera más salomónica sería una buena enseñanza para todos. No hay que olvidar que mientras se acrecientan las dilaciones, el país, con toda su riqueza, pierde oportunidades que a veces son irrecuperables.





