
La proximidad del otoño exige una atención especial de las plantas. Y pese al calor de estos días conviene preparar una rutina antes que llegue el frío. Consejos y datos para que luzcan siempre relucientes
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Pese a que todo parece prolongar el descanso del verano, con días soleados y limpios, y el follaje de los árboles aún denso y verde, el otoño ya comienza a mostrar su propia dinámica. El inicio de las clases y el regreso pleno al hogar imponen, por otra parte, hacerse cargo de las obligaciones cotidianas, entre las que se encuetra, obviamente, el cuidado del jardín.
Y no es que durante los meses estivales haya quedado todo dejado a su suerte; hubo tareas básicas en este tiempo que se hacían mecánicamente, casi sin pensar, como por ejemplo el riego diario (si se veía en una maceta una planta marchita, uno solía salir de la emergencia echándole un vaso de agua) o sacar las ramas secas de las plantas.
Pero con vistas al otoño que ya llega, se imponen otros cuidados, un poco más específicos. Aquí van algunos consejos para tener en cuenta.
Riego
Es momento de comenzar a hacer un riego en profundidad, más programado -no más difícil-, que ayudará a fortalecer el jardín y que permitirá recuperar las plantas deterioradas.
Estos riegos son importantes, porque a medida que avance la temporada fría lo más aconsejable es ir espaciándolos y rotándolos.
Yuyos
Por otra parte, las frecuentes lluviecitas estivales también han favorecido el nacimiento de vigorosos y variados yuyos, que conviene ir sacando. No soy amiga de los herbicidas, que convierten un suelo lleno de vida en un páramo; es preferible hacer una remoción en forma manual con un escardillo, una palita, o si la tierra está húmeda, con la mano, pero siempre arrancándolos de raíz. Además, conviene no dejarlos semillar para evitar su propagación.
Poda
Aunque aún no es época general de poda (que en vegetales de hoja caduca es cuando justamente están sin hojas, lo cual indica que ese organismo vegetal está en reposo), se deben hacer algunas podas de corrección y limpieza si se han producido roturas de ramas o crecimientos desmedidos o que alteren la armonía de la planta.
Al respecto, es bueno reiterar que el corte debe ser siempre a 10 o 15 cm por encima del corte del año anterior para que no se formen toscos muñones que afearían las ramas.
Además, este tipo de poda sirve para preparar las plantas para la próxima primavera, ya que si se hizo correctamente hará que éstas crezcan saludables con los primeros calores.
Arbustos
Puede ser que al mirar con más atención nuestro espacio verde se note que en algún lugar luciría bien una planta tanto para ocultar defectos del jardín como para embellecer algún sector en particular.
Un arbusto sería la solución adecuada y, como se venden en macetas, su pueden plantar todo el año. Dada la gran cantidad de especies que tienen o pueden tener forma arbustiva naturalmente o por manejos de cultivo, hay arbustos para todas las circunstancias y en todos los tamaños, que permiten su cultivo tanto en el jardín como en las macetas: desde los altos y frondosos hibiscus (rosas de la China) hasta las pequeñas azaleas.
Por otra parte, si algún ejemplar está injertado con injertos bajos (como rosas, naranjos, limoneros, etcétera), no se los debe enterrar por encima del injerto porque éste se puede pudrir y secar la planta.
Arboles
La plantación de un árbol también debe estudiarse. Muchas veces se recibe de regalo un ejemplar en maceta, y cuando se ve que su crecimiento lo hace desbordar el envase la solución es plantarlo en el suelo o en el único sitio libre que quede (como por ejemplo la vereda). Pero si son especies de gran tamaño y de raíces poderosas, como los ficus o gomeros, su desarrollo se hace incontrolable. Otro ficus con aire inocente es el Ficus repens o enamorada del muro, un gigante de hoja perenne que puede llegar a gran altura en paredes o techos y no se alcanza a podar.
Los bellos Chorisia (palo borracho) también levantan las veredas con sus fuertes raíces, como pasa con las también destructoras de los bananeros y las cañas, tanto el bambú como la caña de Castilla, usadas a veces para cercos y cuyas raíces, aunque son superficiales, viajan y pueden aparecer brotes difíciles de quitar en medio del jardín. La solución es enterrar chapas a ambos lados que limiten ese avance.
No demorarse ni olvidar sembrar junto a un alambrado soleado semillas de arvejillas de olor ( Latyrus odoratus ). Las plantitas nacen bien, luego pasan un invierno debiluchas, después trepan con vigor, y en octubre estallan de belleza y perfume
Flores de temporada
Pero no todas han de ser obligaciones y trabajos. Nuestros otoños tempranos son también muy florecidos. Rosas, dalias y los durables crisantemos están en plenitud, y lucen y duran en floreros.
La teoría de que cortar flores también es podar debe hacernos cuidar el corte: en bisel y por encima de una yema, para estimular la brotación. Los nardos plantados en primavera y de muy fácil cultivo están en flor. Era la flor emblemática del Carnaval, valiosa por su intenso aroma.
También es buen momento para la siembra de algunas especies que no sólo son bonitas, sino que en esta época son óptimas. De hecho, en los viveros se lamentan porque debido a la prolongación de los días cálidos se han retrasado las tareas de renovación en los jardines, y por consiguiente, las ventas. Pero la producción exhibe variedad y calidad. Por ahora, el público se dedica a las imbatibles alegría del hogar, herbáceas anuales que, si el invierno se dulcifica, llegan a la siguiente temporada, aunque conviene renovarlas con algunas podas. Las rústicas salvias o las farináceas, con sus distintos azules, formaron grandes canteros en jardines públicos.
AUTOCTONAS
El Instituto de Floricultura del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Castelar realiza una tarea fundamental en el aporte de especies nuevas para enriquecer nuestros jardines y la economía del sector. La ingeniera agrónoma Gabriela Fasciuto, directiva de la institución, informa que las nuevas especies obtenidas o modificadas son transferidas a los viveros particulares, donde se evalúa su comportamiento en condiciones normales de cultivo antes de ofrecerlas al mercado para aplicarlas a la jardinería privada.
EL CESPED
El césped expresa una contradicción en la jardinería. Hay que sembrarlo en el mejor suelo, que debe estar nivelado y muy trabajado, regarlo y abonarlo si es preciso, para luego impedir con métodos violentos que se desarrolle plenamente, florezca y fructifique.
Pese a esas crueldades, que se realizan casi alegremente, es considerado como el soporte más valioso del paisajismo, y presencia indispensable en todo jardín moderno. Por esas causas, los estudios, los tratados y las opiniones de especialistas en césped han adquirido gran importancia. La calidad del suelo es la primera condición: conviene que sea poroso y suelto, nuestra tierra común de jardín enriquecida con turba, es adecuada; después es imprescindible su nivelación.
La implantación presenta tres opciones: la siembra de semillas, la colocación de panes o pancitos de césped o la plantación de estolones, o el uso de la vegetación natural -sobre todo las gramillas-, pero quitando algunos yuyos y refinando el resto por medio de supresiones y cortes. El método más usual en los pequeños jardines domésticos es la implantación de panes, y en los viveros los ofrecen habitualmente de varias especies, ya que hay muchos vegetales que pueden usarse con esos fines, sobre todo gramíneas. Las opciones más confiables para el ciclo primavera-otoño son: gramilla tejida (Cynodon dactilon), de crecimiento rápido y se recupera del pisoteo, pero no tolera sombra ni sequía; el gramillón (Stenotaphrum secumdatum), de rápido crecimiento, soporta sombra, pero no daños; la grama bahiana (Axonopus compressus) soporta sombra y suelos compactos.
Otras especies usadas son el trébol (Trifolium repens), utilizado en parques, solo o en mezcla con otras especies, no tolera el pisoteo, pero sus raíces albergan un rizobium que fija el nitrógeno al sustrato; y el dichondra, perenne y de crecimiento lento, es baja, crece y se extiende muy pegada al suelo.
Su cuidado exige atención permanente, que se puede sintetizar en dos acciones: cortes y riegos, además del desmalezado, que a veces no hay más remedio que realizar a mano, sacando de raíz las platas intrusas. Sin embargo, a veces en céspedes muy cuidados se ven manchones de floraciones amarillas de Oxalis mallobolla (conocido como macachín) y quedan bellísimos.




