
El técnico de Arsenal valora hacer un asado cerca de la pileta y rodeado de amigos
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Hombre criado y educado con las costumbres campestres, el actual director técnico de Arsenal, Gustavo Julio Alfaro, de 44 años, encuentra en el Club de Campo Abril, en Hudson, un lugar ideal para vivir con su familia. "Me gusta cultivar plantas y estar en el verde, como vivía en Rafaela -provincia de Santa Fe-, donde nací, en una zona de casaquintas. Este club de campo me maravilló por lo pintoresco, además de la tranquilidad y la seguridad que ofrece, fundamentales para estos días en que a la mayoría nos da la sensación de que los buenos deben vivir encerrados y los malos andan por afuera. Por eso a mis hijas -Agustina, de 15 años, y Josefina, de 13-, les recalco que lo que vivimos aquí es una realidad virtual, distinta a lo que sucede en la ciudad." Para su comodidad, ambas adolescentes cursan estudios en el colegio del country, donde su esposa, Daniela Pignolo, dicta clases de economía y contabilidad. Alfaro, que fue un jugador técnicamente dotado, abandonó el profesionalismo a los 29 años: "Cuando cursaba Ingeniería Química se dio el ascenso de Atlético de Rafaela a la primera B Nacional, yo tenía 26. Era el club donde me formé y tenía la posibilidad de ser profesional. Ya no podía ir todos los días a clase a Santa Fe. Le dije a mi viejo: Ingeniero puedo ser a los 40, pero jugador no , así que abandoné los estudios, aunque al dejar de jugar volví a la Facultad. Pero el fútbol es mi pasión, por lo que decidí ser técnico y a los 31 dejé definitivamente los estudios para debutar como entrenador del querido Rafaela, en 1994".
La actual profesión es lo que más lo destaca en el deporte, por haberse iniciado joven y con buen suceso. Ya en el primer año alcanzó el subcampeonato de la primera B Nacional, detrás de aquel formidable equipo de Estudiantes de La Plata, con Palermo, Calderón, Bossio y Verón, que ascendió en 1995.
Luego su carrera siguió en ascenso con algunos lauros, que destaca el propio DT: "A fines de 1996 fui a Quilmes, estuve un año y medio, luego volví a Rafaela, después estuve en Patronato, de Paraná, en el Argentino A. En 1999/2000 regresé a Rafaela. En 2001 fui a Belgrano, de Córdoba, con el que tuve la primera experiencia de dirigir en primera; luego fui a Olimpo, con el que logramos el ascenso a primera. Después, los tres años en Quilmes, con el ascenso a primera en 2003 y la participación en las copas Sudamericana y Libertadores, en 2005; continué en San Lorenzo y ahora, Arsenal", con una campaña meritoria (es la mejor efectuada por el club de Sarandí, con 57 puntos) próximo a clasificar para las copas. Ir a Sarandí para entrenar a su equipo no le resulta tedioso y valora la ubicación del barrio: "Estar sobre la autopista es importante y muy cómodo porque desde el Sur permite un acceso más directo a Buenos Aires. Así en 16 minutos estoy en la cancha y en 20, en Puerto Madero. Tengo de vecinos a muchos futbolistas y técnicos, como Nelson Vivas, Diego Cagna, el Chipi Barijho, Antonio Mohamed, Eduardo Tuzzio, Nacho González, y estuvieron viviendo Martín Palermo, el Pato Abbondanzzieri y Sebastián Saja. Uno de los primeros que habitó este campo fue el periodista Fernando Niembro". Mientras asciende en su profesión eleva también su estilo de vida, pero Gustavo Alfaro lo que no cambia es su sencillez de hombre de un pueblo del interior.
Cultivar las plantas
Alfaro, amante del deporte, poco puede disfrutar de todas las instalaciones que ofrece Abril por el tiempo que le demanda su profesión.
Sin embargo, comenta: “Cuando puedo juego al paddle con mis amigos y, en verano, me encanta hacer el asado y después ir a la pileta, además de regar las plantas que cultivo y ver el césped y la arboleda, que transmiten mucha tranquilidad y armonía”.
En otras ocasiones se tiene que morder la lengua: “Los domingos que no dirijo, al acompañar a mis hijas, que juegan en el equipo de hockey sobre césped de Abril y que intervienen en los torneos intercountries, a veces me sale el técnico, pero me tengo que callar porque aquí me debo comportar como un padre”. En ciertas oportunidades, también, comparte visitas especiales.
“Hace unos días tuve el agrado de charlar bastante con Ricardo Lavolpe –DT de Vélez–, que vino a ver a su hija y a su yerno y ayudante, Flavio Davino. Nos encontramos en el salón comedor y aprovechamos para hablar. ¿De qué?, de fútbol, entre otras cosas”, dice Alfaro, en tono jocoso.




