A bordo de vehículos todoterreno legendarios, esta expedición recorre 15 kilómetros de playa virgen para descubrir una reserva natural y el icónico faro de 1922; un safari costero que combina adrenalina, relatos históricos y la inmensidad del paisaje bonaerense
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El rugido de los motores diésel rompe la parsimonia de la tarde en Villa Gesell. No es un sonido habitual; es el anuncio de que una expedición está por comenzar, alejándose de la postal veraniega de los balnearios gesellinos hacia el Faro Querandí, uno de los últimos vestigios de la costa bonaerense, donde el asfalto se rinde ante el avance de la arena y el tiempo parece regirse exclusivamente por las mareas y los vientos.

La aventura comienza con la búsqueda de los pasajeros en la Villa, pero también se adentra en los bosques de Mar de las Pampas, Las Gaviotas y Mar Azul como un prólogo que atraviesa las calles sinuosas y arboladas de las localidades del sur de Gesell, donde la arquitectura se funde con pinos y acacias, hasta llegar al punto donde la civilización se detiene y comienza el desafío del terreno, la última frontera antes de la inmensidad.
Así, al atravesar el límite sur de Mar Azul, el paisaje se abre de manera cinematográfica. Los neumáticos de las unidades preparadas para el terreno —desde los clásicos Land Rover hasta los masivos colectivos Mercedes Benz OM 904 adaptados con tracción total— comienzan a transitar sobre una playa ancha y dorada que parece no tener fin. Son quince kilómetros de travesía por la costa hasta la Reserva Natural Faro Querandí, un área protegida que abarca casi 6000 hectáreas de dunas y biodiversidad.

En cualquier caso, el trayecto es tan importante como el destino: “Es una excursión para todas las edades. Tiene una parte informativa, otra recreativa y un gran paisaje. Es un viaje dinámico y entretenido. Como experiencia personal, es muy llamativo el momento en que entra el colectivo en la playa y nuestros pasajeros se dan vuelta a ver semejante espectáculo, nadie piensa encontrarse con un colectivo de transporte en la playa misma”, señala Marcelo Vargas, conductor de los imponentes colectivos 4x4 de Nuevo Bus (Aventura al Faro Querandí), una de las agencias pioneras en realizar esta salida.
“Ir en colectivo por la playa es una aventura todo terreno. El recorrido abarca médanos, playa y mar, respetando siempre la zona por donde se puede circular. Se llega a la Reserva donde podés encontrar huesos de ballenas y naturaleza virgen. Es un viaje ideal para conectarte, ya que te permite el contacto con la naturaleza, aprender y disfrutar del paisaje que nos rodea”, recuerda por su parte Ailén Lancini, escritora, la vez que se sumó a esta travesía.
El ecosistema en movimiento

El avance por la orilla del mar ofrece un espectáculo visual constante. A un lado, el Atlántico rompe con fuerza, arrojando espuma y ocasionalmente restos de vida marina, como caracoles de gran tamaño o huesos de ballenas que los guías señalan con pericia. Al otro lado, se yerguen los colosos de arena: médanos vivos que cambian de forma constantemente bajo el dictado del viento.
Flavio Van Dorssen, de Medaland, explica durante el trayecto que la elección de vehículos de alta gama y tracción integral no es caprichosa; su robustez es esencial para navegar por este suelo inestable sin dañar el entorno.
La reserva no es solo arena, sino también un refugio para especies autóctonas. Durante el viaje, los guías brindan una cátedra abierta sobre la importancia vital de este espacio para preservar el paisaje original de la provincia de Buenos Aires. Se habla de la fijación de dunas y de cómo el hombre ha intentado, con éxito dispar, convivir con este desierto costero. La sensación de aislamiento y libertad es total; aquí, el celular pierde importancia y la mirada se pierde en el horizonte donde el cielo se funde con el mar.

Uno de los momentos más esperados de la crónica ocurre en la zona de los médanos gigantes. Aquí la geografía alcanza alturas que desafían la gravedad y ofrecen una panorámica de 360 grados del desierto costero. Es el punto donde la adrenalina y la diversión familiar se encuentran. Los conductores detienen los vehículos e invitan a los participantes a deslizarse médano abajo en las tablas de sandboard.
Sobre esta experiencia, Paula Bevacqua, emprendedora sustentable, aporta su testimonio: “La Excursión al Faro fue una experiencia única, que siempre recomiendo. Nos pasó a buscar el guía Flavio; estábamos preparados con la merienda de mate, agua y bizcochos para la parada en el bosque del faro. La charla fue amena por cada lugar que recorrimos hasta llegar al extremo Sur, donde salimos a la playa para encontrarnos con el gran mar. Flavio nos cuenta del trabajo de los guardaparques locales, de la flora y fauna del lugar y su conservación. Es un recreo muy divertido hacer la parada de sandboard; luego seguimos camino y se logra ver el Faro a lo lejos, donde tomamos dimensión de su altura imponente y el bosque que lo rodea. Disfrutar bajo los árboles y tomar unos ricos mates allí vale la pena. La vuelta es muy confortable en los Land Rover... todo un safari en la costa atlántica”.
El centinela de piedra y hierro

Tras retomar el camino por la playa, la silueta oscura del Faro Querandí comienza a recortarse nítidamente en el cielo. Construido en 1922, su figura se eleva 54 metros sobre el nivel del mar. Es la construcción más antigua del partido de Villa Gesell y una de las más altas de toda la costa argentina. Su ubicación no fue azarosa; fue diseñado para guiar a los navegantes a través de una zona históricamente peligrosa.
Al llegar a la base del médano donde se asienta la torre, los visitantes se encuentran con una sorpresa botánica: un bosque de 40 hectáreas. Este oasis fue plantado originalmente por la Armada Argentina para proteger la estructura del avance imparable de la arena. Caminar bajo la sombra de estas acacias y pinos, después de la exposición prolongada al sol, semeja a un oasis en medio del desierto.
Hoy en día, el faro sigue activo, emitiendo una luz que alcanza las dieciocho millas náuticas, cumpliendo su función centenaria. Aunque actualmente no está permitido el ingreso a la torre por razones de preservación y seguridad, la sola presencia de su base y la estructura de su linterna imponen respeto. Los visitantes suelen aprovechar este tiempo libre para explorar el pequeño museo al aire libre que custodia reliquias de la navegación y objetos marinos, o simplemente para compartir una merienda bajo los árboles.
El regreso y el legado del paisaje

La vuelta hacia Villa Gesell se realiza nuevamente por la playa, pero bajo una luz completamente distinta. El atardecer transforma el desierto de arena en un manto oscuro, mientras los visitantes procesan la magnitud de lo visto: la reserva, los médanos, la historia náutica y el poder de la naturaleza salvaje que se resiste a ser domesticada. Al final del día, queda la sensación de haber reconectado con una costa que todavía resiste el avance del tiempo, custodiada por un centinela de piedra que, impasible, sigue vigilando el horizonte desde hace más de 100 años.
Nuevo Bus (Aventura al Faro Querandí): es la excursión “clásica” en los colectivos Mercedes Benz 4x4. Ideal para familias y grupos grandes.
- WhatsApp: 02255-40-6344 / 02255-458425
- Punto de venta: Garita en la Plaza Carlos Gesell (Av. 3 y Paseo 111).
- Instagram: @excursiones.faroquerandi
- Valor: $30.000 por persona.
Excursiones Medaland: especializados en camionetas Land Rover, ofrecen un servicio más personalizado con recogida en el hotel.
- Tel / WhatsApp: 02267-15-532 455.
- Facebook: Excursiones Medaland.
- Instagram: @Excursiones_medaland
- Valor: $35.000 por persona.
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