
La transformación de una residencia aristocrática del siglo XIX en un hogar para familias inmigrantes y, más tarde, en uno de los rincones más atractivos del casco histórico
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Columnas de hierro forjado, baldosas calcáreas gastadas por más de un siglo de pisadas y paredes que conservan intactas las marcas del tiempo: así es la Casa Ezeiza, en el corazón de San Telmo. Al entrar por Defensa al 1179, un zaguán largo y en penumbra antecede al primer patio, que se abre de golpe con baldosas en damero, columnas de hierro y una galería que lo abraza desde arriba. Es el Patio del Tiempo: las paredes conservan ese amarillo desteñido de las casas que nadie apuró a repintar, y las puertas de madera maciza son las originales.

Unos pasos más allá aparece un segundo patio, más chico, con un árbol que le da sombra a las mesas de un café. Ahí conviven una tienda de ropa vintage y una librería dedicada a libros infantiles, y un poco más allá, sin cartel que lo anuncie, un taller de enmarcado con la puerta entreabierta. Se puede entrar a cualquiera de los locales sin comprar nada; nadie apura la visita.
Un paseo por el pasado y el presente

Dos escaleras suben a la planta alta, desde donde se aprecia mejor el conjunto: tres patios en fila, típica casa chorizo del siglo XIX, unidos por galerías. Ahí arriba funciona un bar con piano y estanterías de libros, y una terraza donde en verano se sirven vinos al atardecer.

Ya en planta baja, el último patio tiene un restaurante con mesas afuera y olor a comida casera. Los fines de semana, ese mismo espacio se llena de puestos de objetos usados: relojes viejos, discos de vinilo, marcos, vajilla despareja.
Maradona, Margot Robbie y Will Smith
A lo largo de las últimas décadas, la casa fue escenario de campañas de Boden y Banana Republic, y de películas como La Amiga (1989, con Liv Ullmann y Cipe Lincovsky), El día que Maradona conoció a Gardel (1996, con Diego Maradona y Alejandro Dolina) y Focus (2013, con Will Smith y Margot Robbie).
También se grabaron ahí videoclips de Luciano Pereyra y La T y La M, y entre los archivos que se conservan hay un especial de Susana Rinaldi con una entrevista a Horacio Ferrer, filmado en la vieja cantina del pasaje, hoy el espacio del Club Social Cambalache.
En 2009, esa estética fue el escenario elegido por Karl Lagerfeld para fotografiar a Claudia Schiffer, como parte de la campaña Primavera-Verano 2010 de Chanel.

La producción, que tuvo como anfitrión al modelo argentino Iván de Pineda, se realizó en los patios de esta casa de 1876, que décadas atrás había alojado a numerosas familias inmigrantes bajo un mismo techo.

Silvia Anido está al frente de la Asociación para la Casa Ezeiza y también es parte del consorcio copropietario del edificio. “La casa respira arte constantemente”, cuenta, y atribuye ese pulso cultural a la sinergia con Cambalache, que aporta la infraestructura para una agenda constante de música en vivo, incluida una milonga los domingos.
Los Ezeiza, la fiebre amarilla y el conventillo
La familia que le da nombre a la casa desciende de Gerónimo de Ezeiza Urrutume y Ugartemendía, llegado al Río de la Plata hacia 1760. Sus bisnietos, Elías Ezeiza y Eduarda Ezeiza Fondevila, construyeron la residencia en 1876, en pleno auge de la aristocracia porteña que poblaba San Telmo. La epidemia de fiebre amarilla de 1871 empujó a esa aristocracia hacia el norte de la ciudad, y los Ezeiza se mudaron también.

“Si bien existen ciertos vacíos históricos e interrogantes sobre el momento exacto en que la familia dejó de residir físicamente allí, hay una certeza absoluta: los descendientes nunca abandonaron la posesión de la casa”, asegura la representante Asociación para la Casa Ezeiza y agrega: “Cuando la dinámica de la ciudad cambió, la familia mantuvo el control del inmueble y fue la encargada de reconvertirlo en inquilinato para dar refugio a los inmigrantes de la gran ola inmigratoria que transformó a Buenos Aires. La línea sucesoria se mantuvo activa tanto tiempo que, en 1980, un descendiente participó de forma directa en el proyecto que transformó la residencia en la actual galería comercial”.

En 1910 la casa pasó a funcionar como escuela primaria, y más tarde fue sede del Instituto Nacional de Sordomudos. En la década del 30, con la segunda gran ola de inmigración europea, sus habitaciones se convirtieron en un conventillo donde llegaron a convivir 32 familias, hasta 1980.

Ese año, los arquitectos Raúl Servente, Félix Alemán y Juan Firpo llevaron adelante el reciclaje del edificio, en el marco de la U-24, la primera Zona Histórica de Buenos Aires, creada por la Ordenanza Municipal 34.956 para proteger el patrimonio urbano de San Telmo y Montserrat. El proyecto había sido impulsado por José María Peña, arquitecto que además fundó la Feria de San Telmo y dirigió por primera vez el Museo de la Ciudad.

El trabajo consistió en restaurar cielorrasos, pisos, puertas, ventanas, molduras y frisos, y en demoler las construcciones y subdivisiones que se habían sumado con los años. Un descendiente de la familia Ezeiza participó directamente de ese proyecto. “Los descendientes nunca abandonaron la posesión de la casa”, explica Anido.
La nueva restauración
La casa pertenece hoy a un consorcio de copropietarios bajo el régimen de Propiedad Horizontal, con administración convencional para los aspectos legales del edificio. La gestión cultural y comercial, en cambio, está a cargo de un grupo de vecinos que se ocupa de la marca, los contratos de los locales y la conservación del patrimonio, en articulación con la Escuela Taller del Casco Histórico.
El financiamiento de las obras sale de la locación de espacios, mecenazgos, donaciones, visitas guiadas, rifas y venta de merchandising.
Desde 2020, ese trabajo permitió impermeabilizar y refaccionar los pasillos, con réplicas exactas de los cerámicos originales en los pisos; apuntalar sectores críticos; restaurar la perfilería y las molduras del primer patio; recuperar el cielorraso del hall de entrada, y restaurar la estatua del león de la terraza alta.
El próximo objetivo es la fachada, una obra de escala mayor para la que se buscan mecenas y financiamiento. “Este 2026 no es un año cualquiera: celebramos el 150 aniversario de la casa”, cuenta Anido. Para la ocasión, la asociación se sumará al Gobierno de la Ciudad en la Semana del Patrimonio, con una agenda especial durante la primera semana de noviembre.
Un plan para todo el día

En 1981 abrió el paseo comercial. Desde entonces las propuestas para conocer fueron variando y hoy hay una agenda para todos los gustos. Caza Ezeiza dejó de ser un secreto para los vecinos de San Telmo, pero es una incógnita para turistas y porteños que aun no la conocen. De la mano de sus actuales administradores se convirtió en un plan para quienes disfrutan caminar entre antigüedades, patios y buena mesa.
No hay apuro ni horario fijo para cuánto quedarse. Se puede entrar solo a mirar y estar media hora, o quedarse toda una tarde entre locales, patios y mesas. “Yo les diría que se den tiempo”, aconseja Silvia Anido y asegura que “si te quedás a almorzar o a tomar algo, la visita se estira; y si vas con la cámara, calculá un par de horas: acá nadie te apura”.

El jueves 9 de Julio hay festejo por el Día de la Independencua con locro y música en vivo. Más información en el Instagram @casaezeiza. Recorrer los tres patios lleva a locales de antigüedades, ropa de diseño y vintage, artesanías, blanquería, una librería especializada en infancias, una galería de arte, un taller de enmarcado y un estudio de arquitectura.
Los fines de semana, en el último patio se arma además una feria americana. La entrada es gratuita y sin reserva, así que alcanza con caminar despacio y mirar.

Para comer o tomar algo hay varias opciones según el horario. El café de la entrada abre sábados y domingos de 10 a 18; el bar literario Orlando, en la planta alta, sábados y domingos de 13 a 19, con música y letras los domingos; el wine bar de la terraza funciona todo el año, con más movimiento en verano; y el restaurante de cocina criolla, italiana y polaca abre de miércoles a domingos de 12 a 17, con empanadas, milanesas, guisos, pastas y especialidades como los pierogi. Los precios son accesibles: un café ronda los $4000, una milanesa con papas entre $20.000 y $23.000, un guiso de lentejas $18.000, y los platos de pasta arrancan en $16.000.

Para quienes quieran un plan más organizado los viernes a las 18.30 hay visitas guiadas nocturnas con una guía bilingüe. En los recorridos los visitantes escuchan la historia completa de las tres etapas por las que pasó la casa y terminan con una copa de vino y empanadas. Se reservan por Eventbrite.

El paseo comercial abre de martes a domingos, de 11 a 18 en invierno y de 10 a 20 en verano. El centro cultural funciona de miércoles a domingos, de 19 a 00, con música en vivo casi todos los días y una milonga los domingos.




