En 2023, el proyecto fue uno de los ganadores del concurso de Airbnb; tiene 5 estrellas de reseñas, según las calificaciones de los usuarios en ese sitio
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En plena Patagonia argentina, específicamente a cinco kilómetros del pueblo de Trevelin, Chubut, se erige un objeto fuera de lo común se alza cuatro metros en el aire, como si hubiera emergido de la tierra —o de un cuento de dragones y princesas—. Es el Huevo de Dragón, una escultura inspirada en la tradición galesa propia de la región, siendo este animal mitológico un emblema y símbolo característico de la zona. Lo más sorprendente es que quienes lo visitan pueden alojarse dentro del huevo.

Es considerado uno de los lugares más excéntricos para hospedarse en la Argentina y el mundo. En 2023, el proyecto fue uno de los ganadores del concurso OMG Fund, impulsado por la plataforma de alojamientos Airbnb, que promueve la creación de hospedajes únicos en todo el planeta. Hace más de un año se inauguró el predio de 3000 m² y el Huevo de Dragón ya se encuentra entre el 1% de los mejores alojamientos del mundo según sus calificaciones en ese sitio.
¿Quién creó el Huevo de Dragón?

Su creador, el arquitecto y artista argentino Martín de Estrada, concibe al Huevo de Dragón como algo más que una obra o un hospedaje. Es la unión de sus dos grandes pasiones: la arquitectura y el arte. Recibido en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de la UBA y perteneciente a una familia numerosa —confiesa tener 21 tíos, entre risas— atravesó una profunda búsqueda personal y laboral hasta encontrar, en su propio linaje, específicamente en sus abuelos, el puente entre ambas disciplinas.
“De mi abuelo paterno, Ernesto de Estrada, conocido por ser el ideólogo y arquitecto del Centro Cívico de Bariloche, heredé el camino de la arquitectura. Él ya estaba retirado, pero recuerdo que de chico pintaba en su estudio y me atraía mucho ver sus tableros y lápices. De mi abuelo materno, Félix Martín y Herrera, me influyó la pasión por el arte, ya que si bien era abogado por mandato, era un maestro de la genealogía y la heráldica. Dibujaba escudos a la perfección”, dice De Estrada a LA NACION.

Martín se define como “un artista cuyo lenguaje es la arquitectura” y a lo largo de los años comprendió que esos dos mundos que lo acompañaron, incluso desde pequeño, no eran opuestos, si no complementarios y terminó siendo, mágicamente, el puntapié para comenzar a germinar su gran proyecto, el Huevo de Dragón.

De la crisis a una gran oportunidad
Los primeros bosquejos del Huevo de Dragón dieron luz en un momento de plena búsqueda interior en la vida de Martín, con cambios a nivel familiar y personal que lo obligaron a frenar y volver a repensar. “Lo creé en secreto, de noche, incluso antes de que existiera la idea del concurso. Fue una manera de reconstruirme y sentirme protegido”, confiesa. Y añade: “En principio iba a ser mi atelier en Trevelin, pero cuando apareció la posibilidad del concurso, todo encajó. Dejó de ser mi espacio personal para convertirse en un lugar donde otros también pudieran dormir, soñar y resguardarse”, afirma.
De esta manera, el Huevo de Dragón en un año fue tomando forma y narrativa propia. Se pensó que fuera realizada con el mismo material que la escultura de dragón que está en la plaza principal de Trevelin, ideada por el artista Tomás Schinelli. “Sentí que debían estar hermanados simbólica y materialmente, como si mi obra y la suya se miraran y se reconocieran”, dice el arquitecto.

Construido en diferentes capas, internamente, el Huevo de Dragón está realizado en madera clara, con una marcada estética patagónica, pero la estructura externa que da la forma circular es metálica trabajada en piezas compartimentadas con una técnica especial de oxidado y soldado artesanal, haciendo la clara alusión de un huevo a punto de agrietarse.
¿Cómo es por dentro el Huevo de Dragón?
Además de la madera, el interior del huevo está revestido en materiales naturales como un aislamiento térmico de celulosa, revoques de barro y pintura a la cal, creando una atmósfera cálida y de refugio.
El espacio es ideal para desconectar, pensado para dos personas. Dependiendo de las fechas turísticas y temporadas, el precio promedio de una noche en el Huevo de Dragón oscila entre US$100 y US$160.

Cuenta con una cama king, comedor, cocina y baño completamente equipados, donde cada elemento está pensado con sencillez y armonía. Cobran protagonismo los ventanales del huevo, donde se puede apreciar la vista abierta a todo el predio y, en el horizonte, vislumbrar la cordillera. El alojamiento ofrece desayuno, un espacio de fogón para asados, al igual que la experiencia de relajarse en una tina japonesa de agua caliente al aire libre y —por qué no— bajo las estrellas.
“El Huevo de Dragón significó un hito para mí y para la ciudad de Trevelin. Conmueve, llena de energía y eso lo vuelve un arte útil de primer nivel con esa fuerza única de ser habitable”, cierra De Estrada.
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