Lleno de proyectos y cerca de cumplir 40 años con la moda, el reconocido diseñador se mudó para que Fermín y Rufino tengan su propio espacio
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En un año de bienvenidas, de cambios y celebraciones, Benito Fernández (65) abre la puerta del departamento de Recoleta al que se mudó la semana pasada, a pura sonrisa. En un rincón hay un cochecito de sus nietos y en sus brazos asoma que no se le despegará en toda la entrevista. “Arranqué el año con todo”, dice el reconocido diseñador mientras suelta una carcajada.

–¿Es cierto que te mudaste por tus nietos?
–Sí. Con la llegada de Rufino, el segundo hijo de Marina (tiene un mes), me di cuenta de que necesitaba que tengan su espacio. No quería algo más grande, sino un cuarto para ellos, que sientan esa sensación de hogar. El otro departamento era divino, más grande, pero no tenía nada con lo que se pudieran identificar. A Fermín (3), el mayor, le encanta Spider Man, así que armé su cuarto temático, le sumé una heladerita, su pista de autos que está siempre armada y lista para jugar y le puse muchos colores. ¡Quiere vivir ahí! Las dos veces que vino hasta ahora no se quería ir, todavía no me lo dejan a dormir. La otra característica que buscaba es que tuviera balcón porque cuando vienen me gusta hacerles asado, y que estuviera cerca de mi atelier para poder ir y volver caminando.
–Se te ve encantado en tu rol de abuelo. ¿Cómo es Fermín?
–Es amoroso, creativo, le gusta inventar juegos. Además, es supereducado, muy ocurrente, histriónico, le importa mucho la ropa, lo lleva en el ADN. Me impresiona que no tiene prejuicio, se pone lo que quiere, se esmera en sus looks.

–Fuiste un papá cariñoso. ¿Te imaginabas un vínculo así con tus nietos?
–Como papá siempre busqué que mi casa estuviera abierta y disponible para Lucas, Marina y sus amigos, que venían todo el tiempo. Fui muy presente, viajaban conmigo a los desfiles y sé que disfrutaron mucho la etapa en que teníamos la casa en Tortugas. Ahora, como abuelo, no te puedo decir si los querés más o menos, es un sentimiento tan distinto. Lo que sí ya no te dejan malcriarlos porque no les podés dar ni chocolate, ni caramelos…
–¿Te pone muchas reglas Marina?
–Sí, olvidate, un horror. [Se ríe]. No me deja darle pochoclo porque puede tener una semillita. Pero ya le avisé que se ataje porque el segundo directamente va a comer chicle, ¡el más chico siempre se lleva la mejor parte! Como abuelo me la paso extrañándolos, y si viajo un fin de semana ya no los veo por quince días. Y no cuenta eso de las videollamadas porque recién ahora Fermín sostiene la conversación, hasta hace poco lo divertido era cortar, o se iba a jugar y me quedaba hablando solo. [Vuelve a reírse]. Hoy priorizo a mis nietos. Cuando nació Rufino me tomé diez días, cancelé mi agenda para disfrutar de mi familia, sabiendo que los trabajos que tenía los iba a entregar igual en tiempo y forma. A mis amigos que son abuelos les pasa lo mismo que a mí, estamos desmayados de amor por nuestros nietos. ¡Es una sensación y un sentimiento tan lindo!

–Es bueno escucharte así. La última nota en ¡HOLA! fue después de un gran tsunami en tu vida. ¿Cómo estás hoy?
–Fue todo un proceso, en agosto van a hacer dos años. Tuve una depresión tremenda y mi psiquiatra y mi psicólogo me dijeron que la mejor decisión era internarme. Estuve un mes y medio sin celular, solamente tenía una llamada por día, compartía mi cuarto... Fue como desintoxicarme, volver a ser yo, porque había perdido la alegría, la fantasía, el humor, era como un ente que llegaba el fin de semana, se encerraba, bajaba las persianas y se ponía a ver televisión. Y cuando venían mis hijos, abría las persianas, apagaba la tele, me levantaba y me vestía, pero la verdad es que estaba viviendo una oscuridad tremenda. Lo complicado fue no haberles contado lo que me pasaba, no quería pasarles mis problemas. Y me equivoqué. Por no hablar terminé perjudicándolos más, porque durante mi internación también detonó mi boutique de prêt-à-porter.

–Lucas trabajaba con vos en ese momento, ¿no?
–A raíz de esta crisis que tuve y de haber dejado la boutique, a él, pobre, le estalló una bomba en la mano. Nuestra relación quedó bastante dañada, por eso te digo que fue peor no haberle contado la situación en la que estaba yo, ocultarle un montón de cosas, lo perjudiqué sin querer. Está viviendo en el morro de San Pablo, da clases de tango, porque baila muy bien, y tiene su banda de rock, porque es músico. A Lucas lo adoro y sé que las cosas se van a arreglar, pero lo que más me interesa es que él esté bien.


–¿Se hablan?
–No, hace más de un año que no hablamos. Los dos tenemos mucho positivo en la balanza, por eso confío en que las cosas se van a arreglar. Pero insisto, yo priorizo que él esté bien.
–Me gusta cómo hablás abiertamente de tu depresión, no suele pasar.
–Yo ahora admiro cómo salió Tini, cómo salió la Princesita, cómo salieron un montón de personas a hablar de las cuestiones mentales porque antes eras hasta cancelado. De hecho, al primer evento que fui después de mi internación, hubo gente que se corría de la foto para evitar estar al lado mío. No los culpo, tenemos mucho prejuicio, y yo también sentía miedo porque tengo muchas alianzas con marcas, como Fradusco o Topper. Me preocupaba qué impacto podía tener en mi imagen haber estado internado en un psiquiátrico. Yo no tengo esos prejuicios, mi padre se suicidó, entonces estoy más preparado y más abierto. Y se ve que mi misión en la vida es derribar prejuicios. Lo mismo me pasó de chico, con la dislexia, que me decían que no iba a llegar a nada, o cuando dije que era gay, o cuando me decidí por esta profesión que no era lo común, o cuando me animé a vestir a la reina de los Países Bajos, pero también a hacer remeras para un supermercado. ¿Por qué no? En mi vida todo fue atravesar prejuicios.

–Estás por cumplir 40 años en la moda. ¿Estás planeando una celebración?
–¡Planeo tantas cosas! Estoy con un montón de proyectos interesantes. El aniversario es el 26 de septiembre y ya estoy pensando cómo quiero festejarlo, quizás sea un desfile más íntimo, veremos. He pasado crisis de todo tipo, fracasos, éxitos, tuve problemas económicos, amorosos, todo lo que se te ocurra. Pero hoy llego a este lugar pleno. Ahora estoy trabajando en el rebranding de la marca, pronto voy a presentar el nuevo logo en un sunset en el Palacio Basavilbaso. Y acaban de aprobar los permisos de obra para la construcción de mi edificio (se trata de su primer emprendimiento inmobiliario, que llevará su nombre e impronta), en la calle 51 y 4, la cuadra más linda de La Plata. Realmente no me imaginaba llegar a los 65 años tan vigente, tan contento con mis nietos, ni que la gente me quiera tanto. Durante mi internación no pararon de demostrármelo; de hecho, ni una sola novia, madrina o quinceañera se dio de baja ni me pidió la seña, todas me esperaron. Eso fue un montón y no puedo estar más agradecido.

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