La mujer del futbolista José Sosa, escribe una autobiografía y prepara su segunda muestra de fotografía
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Oriunda de City Bell, a los 17 años Carolina Alurralde se puso de novia con el futbolista José “Principito” Sosa, de Estudiantes de La Plata, y quien también llegó a jugar en la Selección, y a los 20 –con una autorización de su mamá– se fue a vivir con él a Alemania. El santafesino comenzaba una carrera internacional en el Bayern Múnich, que después los llevaría a vivir en Italia, Ucrania, España y Turquía, donde residen actualmente.
“Llegué a Múnich con un tapado hecho por mi abuela, y me encontré con todas las marcas internacionales que me deslumbraron. La primera vez que fuimos a Versace ¡nos vistieron como dos muñecos! Entré en la vorágine de comprar para ir a la cancha, porque el estadio era muy lujoso. Me sentía sola porque José viajaba mucho, y me la pasaba comprando compulsivamente por internet. Hasta que un día me di cuenta de que tener el mejor vestidor del mundo no iba a llenar mis vacíos ni me iba a hacer más feliz”, revela la botinera que buscando “algo para hacer” cocinó tortas y empanadas para un bar de colombianos en Alemania, se dedicó a hacer ferias vendiendo zapatos y carteras de cuero argentino en Italia, restauró muebles, trabajó como modelo y se volcó al running, que terminó siendo su gran “cable a tierra”.
Sin embargo, continuaba sintiendo un vacío. “Quería ser madre, pero no quedaba embarazada”, cuenta Caro, que a los 22 años comenzó a hacerse tratamientos de fertilidad. A los 29 tuvo su primera crisis personal. “Me había enfocado tanto en acompañar a José para que pudiera desarrollar su carrera y no cayera, que me encontré con mi propio abismo. Mi vida era armar y desarmar casas, y el no poder ser madre empezaba a frustrarme”, recuerda. Entonces decidió volver a la Argentina, donde puso un local de ropa, y mantuvo una relación a la distancia con José que duró dos años –”me la pasaba viajando para vernos”, recuerda–, hasta que en 2015 quedó embarazada “después de doce fertilizaciones, con un último tratamiento realizado en Buenos Aires”. En enero de 2016, en Turquía, nacieron sus mellizas Rufina y Alfonsina. “Ellas me cambiaron la vida, me hicieron crecer y hoy somos grandes compañeras”, detalla desde su casa en Estambul, donde reside desde hace seis años acompañando al centrocampista, que es jugador del Fenerbahçe de la Superliga de Turquía.
Instalada en el distrito de Beykoz, frente al puente del Bósforo, empezó a estudiar turco para poder comunicarse con la gente y comenzó a desarrollar su faceta artística. Inició clases de piano, guitarra, danza, pintura, y se animó a la escritura, primero con pequeños cuentos y ahora con una novela autobiográfica en tres tomos llamada “Diario de una autodictadura”, que esta próxima a lanzar. “Llegué a Estambul sin grandes expectativas y quedé maravillada por su cultura. Acá me redescubrí y me entregué al arte. Turquía me abrió las puertas y para ellos ya no soy ‘la mujer de José Sosa’, sino que me reconocen como una artista”, dice con orgullo, a punto de presentar su segunda muestra de fotografía en la ciudad, y concluye: “Me encantaría, en algún momento, volver a radicarme en Argentina y crecer con mi trabajo en mi país”.




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