La actriz de 37 años habla también de su la vuelta al teatro
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“Si hay algo que aprendí es que el tiempo acomoda las cosas. Ya nada es lo mismo, ni yo soy la misma, pero sé que voy a estar bien. La clave está en buscar cosas que te nutran y rodearte de personas que te quieren. Es una manera de salir adelante”, reflexiona con una sonrisa Florencia Torrente (37). Hace casi un año, el 27 de febrero del año pasado, su papá, Rubén Torrente, murió tras sufrir un paro cardíaco mientras jugaba al fútbol con amigos. Desde entonces, Flor transitó un duelo alejada del foco mediático, refugiada en su casa y con sus más íntimos: su mamá, Araceli González (58), y su marido, Fabián Mazzei (60), sus hermanos Tomás “Toto” Kirzner (27) y Vicente Torrente (10) y su novio, el publicista Santiago Slapak (32). “Todo el año pasado fue difícil para mí, de mucha introspección, de estar muy guardada. No podía estar en ningún lado, no quería salir de mi casa. Había una necesidad constante de querer estar adentro”, recuerda la actriz, que actualmente protagoniza la obra Mi amiga y yo, junto a Sebastián Presta, en el teatro Astros.



–Necesitabas un tiempo…
–Exacto. Es que no había energía. Tampoco salía mucho de noche, porque ese momento era el más difícil del día. Calculo que debe ser porque en la noche me atravesaba más la emoción. En esa época me llegaron muchas propuestas para hacer teatro; yo venía de hacer Pequeños grandes momentos y justo murió papá. Entonces después nada me interesó. Me acuerdo que el terapeuta me dijo: “El entusiasmo no viene de afuera. Hasta que vos no estés motivada para salir al mundo, hasta que no hagas ese clic, nada te va a interesar”. Ahí fue cuando dije: “Ok, esto también es parte del duelo”. Y justo cuando me decidí a empezar a salir, me llegó esta obra, una comedia. Necesitaba reír y hacer reír. Viste que el humor siempre te saca de cualquier estado desagradable…
–De alguna manera tenías que aprender a transitar el duelo…
–Yo, que toda la vida había sido una persona activa, siempre pensando en hacer cosas nuevas, de repente no me hallaba en ese espacio de apatía y duelo. Durante mucho tiempo sentí que esa tristeza no se me iba a ir nunca más, que la vida iba a permanecer en ese estado de dolor. Por eso la obra me volvió a conectar con instantes de alegría, con la creatividad y con la música que hacía tiempo no me pasaba. De repente, se volvió todo un desafío volver a tocar la guitarra. Y encarar un nuevo objetivo era algo que necesitaba muchísimo. En la obra, además, saco a la luz mi propia música y eso también es otro mimo.

–¿Cómo es tu presente hoy?
–Mucho mejor. La pasé mal. Estuve meses sin poder dormir bien… Siempre me había gustado aprovechar las mañanas y entonces no me podía levantar de la cama. El insomnio me llevaba a un estado de bruma, como si tuviese un velo que no me permitía ver con claridad.
–¿Y qué hiciste?
–Se fue yendo solo. Y no tomé ningún remedio. Soy más del té de lavanda, del magnesio, la meditación, el yoga y mi rutina de siempre que tiene que ver con hábitos que me dan mucha paz: el celular no entra en mi habitación, por ejemplo. Lo dejo cargando y después me lavo los dientes, me limpio la cara, perfumo con lavanda mi cama… Son cosas que nunca dejé de hacer. Eso fue lo que mantuve todo ese tiempo, hasta que un día me desperté después de haber dormido toda la noche y fui feliz. Me cambió todo. A partir de ese momento volví a ser yo. Recuperé el entusiasmo, las ganas de hacer cosas. Poco a poco vuelvo a conectarme con pequeños instantes de felicidad.
–En todo este proceso, tuviste el apoyo de tu novio Santiago. ¿Cómo te acompañó?
–No sólo no atravesé esto sola, sino que lo hice acompañada por la persona correcta. De verdad creo que Santi no llegó de casualidad a mi vida… Nos encontramos cuando más lo necesitaba. Él es un hombre que me sostiene, me escucha, me ama, me cuida. Si de repente me ve mal, me dice: “¿Vamos a caminar?”. Aunque sean las once de la noche… Por eso te digo, tengo la suerte de ser cuidada por una persona presente, que tiene la inteligencia emocional para poder acompañarme y que siempre quiere verme mejor. Santi es todo eso. Estoy muy feliz y agradecida por él porque además enseguida se unió a la familia de una manera muy fácil. Mi hermanito Vicente, que es el hijo de mi papá, lo ama.

–¿Cómo se conocieron?
–En realidad, ya nos conocíamos desde hace mucho tiempo porque su hermano más chico iba al colegio con Toto, mi hermano. Entonces ya conozco a sus amigos, a sus papás, a sus hermanos. Siempre tuvimos muy buena onda. Nos reencontramos a fines de 2024 y empezamos a hablar porque los dos íbamos al mismo gimnasio. Todo se fue dando de una manera muy natural. Estar con él era como estar en un lugar conocido.
–¿Qué cosas hoy te parecen clave en una pareja que tal vez antes no le dabas importancia?
–¡Uf! Por lo pronto, me parece importante que la persona con la que estoy haga terapia, que pueda sostener momentos de reflexión, de charla, que no esté desconec - tado de la vida. Santiago hace terapia y su mamá, además, es terapeuta. Así que por ahí estamos bien. [Se ríe]. Creo que es clave que quien esté conmigo sea también familiero y mantenga buenos vínculos con las mujeres y lleve una vida saludable: haga ejercicio, se alimente bien…. No podría vivir con alguien intoxicado.
–¿Cómo te resuena la idea de la maternidad? ¿Es algo que proyectás en tu futuro?
–Es un tema que tengo presente y soy consciente de mi reloj biológico, pero tampoco quiero apurar las cosas. Me encantaría ser mamá. Con Santiago lo charlamos, es algo que está hablado. Los dos queremos ser padres y vamos a dejarnos llevar por los tiempos de la pareja.


–Con tu mamá son muy cómplices. ¿Cómo describirías la dinámica entre ustedes y qué es lo que más valorás de ese vínculo?
–Mi relación con mamá fue cambiando a lo largo del tiempo. Hoy nos empezamos a conectar de otra manera, en muchas cosas coincidimos y en otras somos muy diferentes. Pero lo importante es que nos contenemos y nos amamos. Confío mucho en ella y nos contamos todo… De hecho, no hay nada que no sepamos la una de la otra. Ella sabe que la admiro con el alma, es la que me enseñó todo.
–¿Y con Fabián [Mazzei]?
–Fabi es lo más. De verdad es una persona muy importante para mí y siempre tuvo un rol clave en nuestra familia. Me acompañó muchísimo en este proceso de dolor también.




–¿En qué cosas sentís que es presente tu papá?
–Te vas a reír, pero entre tantas cosas que me lo traen presente todos los días de mi vida, el higo es lo que más me recuerda a papá.
–¿Por qué?
–Papá siempre fue una persona muy activa, le gustaba hacer ejercicio y alimentarse bien, siempre me inculcó eso. De chiquita me iba a dormir los fines de semana a su casa y él me levantaba a la mañana para salir a correr. Después de eso, desayunábamos juntos café, té, tostadas y siempre, mermelada de higo. Y si no era mermelada, comíamos higos en almíbar. Hoy es una de las frutas que más me gusta en el mundo y obviamente me conecta enseguida con mi papá.
–¿Qué heredaste de él?
–Mamá y papá siempre fueron muy laburantes, esa cultura del trabajo, de la constancia, del esfuerzo, es uno de sus legados y lo que más me enorgullece de ellos. Papá era un tipo que se levantaba todos los días a las seis de la mañana, no importaba si era dueño o empleado o el que tenía 150 carnicerías. Él se levantaba temprano y abría cada uno de sus locales. Era una persona muy honesta también, un buen tipo.

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